Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con nuestro tema de esta semana “Fortaleza en la debilidad”, un tema que contiene la llave de los recursos divinos infinitos de fortaleza y sabiduría que no podemos adquirir en ningún otro lugar.

En mi charla de ayer hablé del enorme vacío que hay entre los caminos de Dios y los nuestros. El mundo piensa de cierta manera, tiene ciertas normas, opera sobre ciertos principios. pero lo que Dios revela en su palabra está directamente opuesto a todo esto. Dios ve las cosas desde una perspectiva totalmente diferente, una de las grandes bendiciones de la Biblia es que nos permite ver las cosas desde la perspectiva de Dios.

Esto se aplica a cómo Dios ve la fuerza y cómo el hombre la ve, las normas de Dios y las de los hombres son totalmente opuestas, esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuál es la norma para la fortaleza de Dios? Yo creo que esta pregunta se contesta en Romanos 15, versículo 1, Pablo dice:

“Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos.”

Cuando Dios me mostró cómo Él mira la fortaleza, esto produjo en mí un impacto profundo y duradero. Con referencia a este capítulo en Romanos 15:1, traté de expresarlo en una parte de mi libro “La gracia de ceder”: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos.”

“Creo que, … la marca establecida en la Biblia para la fortaleza espiritual no es lo que pueda realizar por sí mismo, sino cuánto usted puede soportar las flaquezas de los demás. Es muy gratificante ser fuerte en su propia capacidad, en su propio ministerio, y experiencia, puede ser la persona que tiene todas las respuestas, pero realmente, eso no requiere de mucha fortaleza espiritual. Se requiere fortaleza espiritual para soportar las debilidades de los demás. Creo que Dios y las Escrituras miden la fortaleza espiritual en proporción a cuánto podemos soportar, y sobrellevar las debilidades de otros. Para mí personalmente, esto nunca ha sido fácil. Esta idea es totalmente opuesta al espíritu de este siglo que dice: “Toma lo más que puedas para ti mismo. Deja que los débiles se cuiden de sí mismos.”Recientemente, he estado meditando mucho sobre todo el planteamiento del aborto que, para mí, es un crimen horrible y detestable. Pero mucha gente lo justifica diciendo que es una manera para impedir que nazcan niños indeseados en este mundo: refiriéndose a niños ilegítimos o que son el resultado de hogares con problemas o de madres ineptas. La sociedad mata a estas criaturas antes que vean la luz. He aprendido de mi experiencia, no importa lo que diga la Suprema o quien sea, que Dios clasifica el aborto de asesinato. Lo sé por experiencia y lo veo claramente presentado en la Escritura.Pero, el punto que quiero hacer ahora es que, una vez que se comienza a tomar lo que conviene como norma para medir lo que es correcto, ya estamos yendo por un camino descendente y resbaladizo que conduce a un gran desastre. No se dejarán esperar otros planteamientos: ¿Qué de los bebés que nacen con incapacidad irremediable, quienes nunca podrán ser más que un ser vegetal? ¿Por qué razón se debería mantener con vida a una criatura así?Ya hay un caso, en la del estado de California, de padres que deliberadamente dejaron de alimentar a un bebé que nació irremediablemente incapacitado: lo dejaron morir de hambre. Después que se resuelve tratar a los incapacitados de esa manera, se procederá entonces con los ancianos, los enfermos mentales, y así sucesivamente. Uno tras otro, ellos serán eliminados en nombre de la humanidadCabe señalar que esta no es la respuesta cristiana. No sólo porque el aborto está prohibido por Dios, sino porque la actitud que lo motiva está totalmente contra el cristianismo. Los cristianos no se quitan de encima a los débiles. Ni siquiera los llevamos a una institución donde nunca más lo volveremos a ver o tener que cuidar de ellos. Una de las características más sobresalientes de los cristianos del primer siglo es que cuidaban de los débiles. Se preocupaban por los enfermos. No los dejaban de lado. Esto es realmente lo que impactó al mundo antiguo. No podían entender por qué estos cristianos se preocupaban por esas personas que no tenían nada que ofrecer: gente que sólo eran una carga. Yo he llegado a la conclusión que deshacerse de las cargas humanas no es ser fuerte, eso es debilidad. Los creyentes que son una carga, los incapacitados, los enfermos, los débiles, son los que prueban nuestra fortaleza espiritual. Obviamente hemos llegado a un punto en este país, y en otros también, donde no podemos permitirnos vivir bajo las normas establecidas de este siglo. La motivación importante de los cristianos no es evadir legalmente cuanta responsabilidad se pueda sin ser castigados. Mi motivación principal es agradar a Jesucristo en todo lo que hago. Una vez que comenzamos a vivir para complacer a Cristo, será inevitable tener una vida totalmente diferente a los incrédulos alrededor nuestro. No tenemos necesidad de ir a vender doctrina de puerta a puerta, porque en sí mismo, agradar a Cristo nos hará diferentes”.

Ahora eso es todo que quiero compartir de mi libro “La gracia de ceder”. Añadiré un poco más de mi experiencia personal, fui criado en Europa, recuerdo el proceso de los eventos Nazi en Alemania, antes de la guerra mundial, el régimen de Hitler no empezó con el genocidio de seis millones de judíos. Ellos comenzaron en una escala muy pequeña. De manera sistemática y científicamente eliminaron a los incapaces, a los inútiles, a los que no tenían ninguna contribución útil al estado, los perturbados mentalmente, con desequilibrio emocional, los incapacitados, los enfermos desahuciados, los ancianos y los inestables. Sin embargo, el proceso no terminó allí,

Sucedió en la época de los Nazis en Alemania así también en Israel en los días del profeta Oseas y esto es lo que dice de Israel y su conducta en esos tiempos. Es Oseas 8, versículo 7:

“Porque siembran viento, Y recogerán tempestades.”

¿Se da cuenta del significado de eso? … Comenzamos con algo pequeño que pensamos se podría controlar y aunque sea malo no es tan malo. Pero de ese viento viene la tempestad, algo grande que no podemos controlar que tiene consecuencias terribles.

Así fue con los Nazis en Alemania. Lo que comenzó como la eliminación científica de los incapaces e inútiles, terminó con el genocidio de seis millones de judíos, entre los más dotados, creativos y productivos de los ciudadanos alemanes, sin incluir probablemente un número parecido de cristianos comprometidos que murieron porque no doblaron sus rodillas para idolatrar al estado.

Muchas de las mismas tendencias que aparecieron entre los nazis en Alemania en los años treinta, se ven manifestadas en nuestra cultura contemporánea, frecuentemente disfrazadas por terminología científica cuidadosamente elegida. Me pregunto ¿Cuántas personas se darán cuenta que podríamos terminar en forma similar a la Alemania de Hitler? Porque al final de cuentas el que siembra viento, tendrá inevitablemente que segar tempestad.

¿Hay alguna manera de detener este proceso antes que venga la tempestad?, ¿Hay algo que como cristianos podemos hacer? … Yo creo que si lo hay,

Jesús nos dice en Mateo 5:13 que somos la sal de la tierra. ¿Qué significa ser la sal de la tierra? … Reconozcamos tres funciones de la sal que podemos aplicadas a nosotros como cristianos. Primero, la sal limpia y purifica, es un antiséptico. Segundo, la sal es un preservante, antes que se inventara la refrigeración los marineros salaban la carne para preservarla en sus largos viajes. La sal detenía la descomposición de la carne. Por lo tanto, la sal es un preservante, detiene el proceso de descomposición. Y tercero, la sal le da sabor a la comida insípida.

Yo creo que esas tres características y funciones de la sal pueden aplicarse a nosotros como cristianos en la sociedad de hoy. Nosotros cumplimos en nuestra sociedad lo que la sal hace en lo natural. Primero, tenemos la responsabilidad de purificar y limpiar nuestra sociedad con nuestra presencia, con nuestra influencia y con nuestra oración. Debemos ser una influencia purificadora que no se alinea con el mal sino que se opone a esto y lo resiste.

Segundo, debemos preservar nuestra sociedad y detener las fuerzas de corrupción. La corrupción se manifiesta en cada área de nuestras vidas, nuestra vida social, política, moral y educacional. Pero debemos ser una influencia que contiene esas fuerzas de corrupción y no darle paso libre.

Tercero, tenemos que ser lo que la sal es para la comida, debemos hacer que el lugar donde estamos sea agradable, aceptable para Dios. Debemos hacer que por medio de nuestra presencia la sociedad sea aceptable a Dios. Nuestra presencia debe detener el juicio de Dios y encomendar a la gente a Su misericordia.

Recuerde lo que Dios le dijo a Abraham acerca de Sodoma, que si encontraba a diez personas justas en esa ciudad no la destruiría. Eso es ser sal, es ser simplemente pequeños granos esparcidos en nuestra sociedad marcando la diferencia en la manera en que Dios trata con nuestra sociedad.

Una manera en que podemos hacer esto es demostrarle al mundo que hay una fortaleza que el mundo no conoce, una fuerza que no es dura, no es cruel, no es agresiva, no oprime a otros sino que los levanta, una fuerza que no explota y esclaviza sino que cuida y libera. Esta sana y no destruye.

Mañana estaré explicando cómo puede recibir esta fortaleza; sin embargo, nuestro tiempo por hoy ha terminado, sintonice esta estación mañana para escuchar otra charla sobre “La fuerza en la debilidad”.

Como
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