Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.

“Porque al final acabarás por llorar, cuando todo tu ser se haya consumido. Y dirás: «¡Cómo pude aborrecer la corrección! ¡Cómo pudo mi corazón despreciar la disciplina! No atendí a la voz de mis maestros, ni presté oído a mis instructores. Ahora estoy al borde de la ruina, en medio de toda la comunidad [o la iglesia]».” (Proverbios 5:11–14)

Estas son palabras de alguien que ha conocido el camino de la justicia durante muchos años, alguien que frecuenta la iglesia. Alguien que sabe decir “amén” cuando el predicador hace una afirmación correcta. Alguien que conoce de memoria muchos himnos. Alguien, quizás, que ora en reuniones públicas. Y aun así, esa persona nunca ha obedecido de corazón las verdades que ha aprendido.

Y aquí se le describe al final de su vida, cuando se da cuenta demasiado tarde que se ha equivocado en todo, que conocía todo en su cabeza pero en su corazón nunca lo creyó ni obedeció. Es asombroso que cuando Jesús habla acerca de los hipócritas, usa un lenguaje particular. Él dice: “pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Me he preguntado por qué usa ese lenguaje particular para referirse a los hipócritas, y creo que esta es la respuesta: porque son personas que lo han sabido todo, todo el tiempo, pero nunca han obedecido. Y hay una amargura particular en descubrirse rechazado y arruinado al final de su vida cuando todos esos años se ha sentado en la iglesia y ha conocido lo que es bueno, lo ha aprobado exteriormente, pero su corazón nunca ha cambiado. Nunca ha llegado al punto de la verdadera renuncia, el compromiso y la entrega a Jesús como verdadero Señor de su vida.

Como
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