Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.

“Hijo mío, no desprecies la disciplina del SEÑOR, ni te ofendas por sus reprensiones. Porque el SEÑOR disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido.” (Proverbios 3:11–12 NVI)

La disciplina es una señal de amor. En nuestra cultura contemporánea muchos han malentendido y tergiversado esto. Por desdicha, hay una filosofía de crianza de los hijos que omite la disciplina. Se deja al niño hacer todo lo que quiere, satisfacer todos sus deseos, pero eso no demuestra amor sino que crea un sinnúmero de problemas posibles para su hijo en el futuro. El amor verdadero de un padre se manifiesta en la disciplina, en establecer límites. Fijar límites trae seguridad.

Y el amor de Dios hacia sus hijos se manifiesta en la disciplina. La disciplina de Dios no es una señal de desaprobación, sino una evidencia de su amor. Debemos ser cuidadosos en entenderlo de esta manera. Las Escrituras nos advierten contra dos reacciones equivocadas frente a la disciplina de Dios. La primera es despreciarla. La segunda es ofenderse.

Cuando Dios lo disciplina, tenga cuidado de no despreciarlo, de no ofenderse, enojarse o quejarse, sino aprenda la lección que necesita aprender y entonces el resultado final será bendición. El resultado será paz. El resultado será crecimiento y desarrollo espiritual, porque no hay otra manera como Dios pueda enseñarnos excepto mediante la disciplina. Esto se cumple también en el ámbito natural. Un maestro que no disciplina en realidad no puede enseñar. Dios es el Maestro y Padre por excelencia. Él nos disciplina en su amor.

Como
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