Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.

“A ti clamo, SEÑOR; ven pronto a mí. ¡Atiende a mi voz cuando a ti clamo! Que suba a tu presencia mi plegaria como una ofrenda de incienso; que hacia ti se eleven mis manos como un sacrificio vespertino.” (Salmo 141:1–2)

¿No le parece maravilloso pensar que nuestra oración puede llegar a Dios como incienso, que puede ser un sacrificio que Dios espera? Una vez hablaba con un amigo que es un rabino judío y que tenía el hábito de orar a determinadas horas del día. Esto me dijo: “¿no te parece extraordinario que Dios espere realmente oír mi voz? Con toda la ocupación de tener el universo en sus manos, Dios espera cada día a esa hora fija oír la voz de alguien como yo”.

Eso en realidad me conmovió. Dios espera oír su voz, mi voz. Que nuestra oración sea como incienso que sube a una hora determinada, incienso que es fragante y aceptable a sus sentidos. Incienso que sube de un altar en llamas, que es un corazón que arde con el amor de Dios. Que no decepcionemos a Dios, que no se quede sin ese incienso, que sea algo diario, que seamos fieles en ese tiempo de oración.

Recuerde que Dios, el Dios Todopoderoso, aún con toda la ocupación del universo en sus manos, espera oír las oraciones de cada uno de sus siervos, de cada uno de sus hijos. Y éstas suben ante Él como el incienso fragante de un sacrificio sobre el altar, el altar de un corazón que arde.

Como
Compartir