Respeto por el templo de Dios

Derek Prince
*Last Updated: marzo de 2026
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Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.
“Salmo 139:13–16 Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.”
Hace algunos años Dios empezó a hablarme acerca de lo maravilloso que es el cuerpo humano, lo prodigioso de mi propio cuerpo, que es una obra de la maestría divina. Y empecé a pensar en la manera correcta de tratar esa obra maestra, de cómo no maltratarla, ni descuidarla. Y me preocupa ver cristianos que no valoran la maravilla de su propio cuerpo.
Ese cuerpo tiene un propósito muy especial. Dios dispuso el material en las profundidades de la tierra. Él le dio forma. Tenía un plan aun antes de que existiera, y lo ejecutó en cada detalle. Y, como sabrá, el propósito para ese cuerpo, el propósito supremo es ser el templo de Dios, el templo del Espíritu Santo. El Altísimo no mora en templos hechos con manos. No podemos diseñar un edificio que lo contenga, pero en su infinita gracia y misericordia Dios predeterminó que Él nos daría un cuerpo, y que ese cuerpo se convertiría en su morada. Pablo dice: “¿ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?”
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