Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.

“No gozaré del calor del hogar, ni me daré un momento de descanso; no me permitiré cerrar los ojos, y ni siquiera el menor pestañeo, antes de hallar un lugar para el SEÑOR, una morada para el Poderoso de Jacob. Levántate, SEÑOR; ven a tu lugar de reposo, tú y tu arca poderosa.” (Salmo 132:3–5, 8 NVI)

Estas palabras salieron de boca de David. Él se había percatado de la necesidad de volver el arca del Señor a Jerusalén, que los filisteos habían capturado. Sin embargo, también se había dado cuenta de que debía preparar un lugar, hallar y preparar un lugar antes de poder invitar al Señor a ocupar su morada en medio de su pueblo. Aquí hay un principio importante: debemos preparar un lugar para el Señor antes de pedirle que venga a hacer su morada entre nosotros.

Creo que hay dos impedimentos para que el Señor more con nosotros. El primero es el orgullo, y el segundo es el prejuicio. Mientras seamos arrogantes y altivos, no podemos dar lugar al Señor. Entre tanto que estemos ocupados con nuestros propios planes, nuestros propios pensamientos, nuestras propias ideas, estamos resueltos a obligar a Dios a actuar como creemos que debería hacerlo. Estas dos barreras del orgullo y el prejuicio pueden impedir que el Señor encuentre una morada en nuestro corazón y en nuestra vida.

Recordemos pues que antes de invitar al Señor a hacer su morada, a venir con el arca de su poder y a traer la plenitud de su presencia y de su bendición, tenemos que cerciorarnos de haber preparado antes un lugar apropiado para que Él more.

Como
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