Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.

“Por eso yo amo tus mandamientos más que el oro, sí, más que el oro puro. Por eso considero rectos todos tus preceptos y aborrezco toda senda falsa.” (Salmo 119:127–128 NVI)

¿Cuál es su actitud hacia los mandamientos de Dios? ¿Los teme? ¿Los resiente? ¿Trata de escaparse de ellos? Esa es una actitud necia.

Recuerde que Dios nos ha dado sus mandamientos no para traernos problemas sino para solucionarlos, no para hacernos daño sino para ayudarnos. El amor de Dios está en sus mandamientos. Existen para salvarnos de nosotros mismos, del maligno, para mostrarnos la salida de nuestras dificultades y problemas.

El salmista había aprendido esto, y por eso dijo a Dios: “Sobre todas las cosas amo tus mandamientos, más que el oro, más que el oro refinado”. ¿Qué es más precioso que el oro? Nada en este mundo creado. Pero los mandamientos de Dios son infinitamente más preciosos, y el salmista había aprendido esto. En lugar de huir de los mandamientos de Dios, resentirlos, o de obedecerlos a regañadientes, dijo: “Sobre todas las cosas amo tus mandamientos, más que el oro”.

Y luego dijo: “Por eso tomo en cuenta todos tus preceptos y aborrezco toda senda falsa”. Pues bien, cuando amamos y obedecemos los mandamientos de Dios, ellos nos revelan automáticamente lo que está mal. Nos muestran cómo discernir entre el bien y el mal, entre lo que es provechoso y lo que es perjudicial. Y cuando andamos en la luz de los mandamientos de Dios, ellos nos guardan de todo lo que es nocivo, doloroso, de toda senda falsa.

Como
Compartir