Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.

“Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo. Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida.” (Salmo 119:92–93 NVI)

Un hecho seguro en este mundo es que no vamos a evadir la aflicción para siempre. Tarde o temprano, cada uno de nosotros va a conocer el significado de la palabra aflicción. En el Nuevo Testamento los apóstoles dijeron a la nueva congregación de cristianos que debemos, a través de muchas tribulaciones o aflicciones, entrar en el Reino de Dios.

Por consiguiente, no trate de buscar un camino en la vida que evite la aflicción, porque si lo encuentra, no lo llevará al cielo.

Sin embargo, en su aflicción necesita un ancla. Y a eso se refiere el salmista en estas palabras que he citado: Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo. Cuando las presiones, las olas y los vientos lo azotaron, cuando parecía que su diminuta embarcación iba a ser arrasada por las monstruosas olas, tenía un ancla. Fue la ley de Dios, y eso lo guardó.

Entonces dice, con gratitud, al rememorar esa experiencia, “Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida”. Cuando nos volvemos a la ley de Dios en medio de nuestra aflicción, ella nos da vida, vida nueva, vida que brota a pesar de la oposición y las presiones adversas. De la ley de Dios y de la Palabra de Dios mana una vida que es más fuerte y más poderosa que todas las fuerzas que se levantan contra nosotros.

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