Soy Derek Prince con un mensaje de la Palabra de Dios para Ti.

“Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón...” (Salmo 95:1–2; 6–8 RVR60)

Hay una hermosa progresión que nos lleva a la presencia misma de Dios. Ésta empieza con fuerte y jubilosa alabanza y acción de gracias: “Venid, aclamemos alegremente al Señor; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación”. Dios nos anima a expresar con libertad nuestras alabanzas y gratitud, pero más adelante dice el salmo: “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor”. La alabanza y la acción de gracias nos conducen a la adoración. Más que palabras, la adoración es una actitud. Es postrarse, arrodillarse, y someter nuestro ser a Dios. Y cuando venimos en esa actitud de adoración estamos en capacidad de oír la voz de Dios.

Entonces dice el salmista: “si oyereis hoy su voz”. Por desgracia, hay muchos cristianos y asistentes de iglesia que difícilmente saben lo que es oír la voz de Dios. Aún así, oír la voz de Dios es la clave del éxito en la vida espiritual. Si seguimos el sendero de la alabanza y la acción de gracias que nos conducen a la adoración, que nos llevan a la actitud que nos permite oír la voz de Dios, entonces tendremos la clave para recibir bendiciones sin medida.

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