Agradando al Padre

Derek Prince
*First Published: 2008
*Last Updated: marzo de 2026
2 min read
En Filipenses 2:3, Pablo nos advirtió como siervos del Señor:
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria”.
A través de los años, he observado que hay un problema persistente e infiltrado en la iglesia, es la ambición personal y rivalidad entre los líderes, específicamente los ministros. Para no ser crítico, déjeme añadir que he observado esta tendencia primero y ante todo en mi propia vida.
A menudo cometemos el error de igualar la seguridad con el éxito. Nos decimos: “si yo edifico la iglesia más grande o tengo la reunión más amplia o la mayor cantidad de nombres en mi lista de contactos, tendré seguridad”. Pero esto es un engaño. En realidad, mientras más busquemos el éxito personal tendremos menos seguridad. Estamos amenazados continuamente con la posibilidad de que alguien más pueda edificar una iglesia más grande o tener una reunión más amplia o más nombres en su lista de contactos.
En cuanto a mí, en Jesús encontré mi patrón perfecto, Él dijo:
“Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29).
Ya no estoy motivado por la ambición personal. He descubierto una motivación mejor, más pura: simplemente complacer a mi Padre.
Me estoy entrenando a enfrentar cada situación y cada decisión con una simple y única cuestión: ¿Cómo puedo complacer a mi Padre?
En tiempos de frustración o fracasos aparente, en vez de esforzarme para resolver el problema trato de enfocarme y mantener una actitud que sea agradable a mi Padre. Como siervos de Cristo, no habrá rivalidad entre nosotros si estamos motivados por el simple deseo de agradar a nuestro padre. El afán e interés propio es reemplazado por la armonía y la preocupación mutua.
*Prayer Response
Gracias, Jesús, que me has redimido. Proclamo que mi motivo en la vida es agradar a mi Padre—porque soy un hijo de Dios. Amén.
Código: WD-B097-167-SPA