La Promesa de mi Padre

Derek Prince
*First Published: 2008
*Last Updated: marzo de 2026
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Recibir el don del Espíritu Santo en ninguna manera depende de los propios méritos del creyente; sino sola y sencillamente en la total suficiencia de la expiación de Cristo. Es a través de la fe y no por obras, "que recibimos la promesa del Espíritu mediante la fe". (Gálatas 3:14).
Esta idea concuerda con el último encargo que Jesús hace a sus discípulos justo antes de ascender al cielo:
“He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49)
Jesús estaba hablando a sus discípulos del bautismo del Espíritu Santo que ellos recibirían en pentecostés.
La frase "la Promesa de Mi Padre" nos da una maravillosa visión de la idea y propósito de Dios el Padre, en lo que se refiere al don del Espíritu Santo. Alguien ha estimado conservadoramente que la Biblia contiene siete mil promesas distintas dadas por Dios a Su pueblo creyente. Pero de todas estas siete mil promesas, Jesús distingue una sola de entre el resto, como si fuera en cierto sentido la única promesa del Padre: la promesa del Espíritu.
Pablo llamó a esta promesa "la bendición de Abraham" (Gálatas 3:14), así él asocia con el supremo propósito de Dios al escoger a Abraham. Cuando Dios lo llamó por primera vez a salir de Ur, Él dijo:
“Te bendeciré...y serás bendición...y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:2-3)
En subsecuentes tratos con Abraham, Dios reafirmó muchas veces Su propósito de bendecirlo.
“Te bendeciré... En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 22:17-18)
Todas estas promesas de Dios se enfocaban a las palabras de Pablo: "la promesa del Espíritu", (Gálatas 3:14). Fue para comprar esta bendición, prometida a la simiente de Abraham, que Jesús derramó Su sangre en la cruz.
*Prayer Response
Gracias, Jesús, por Tu obra en la cruz. Proclamo que Jesús derramó Su sangre en la cruz para comprar la bendición de Abraham—lo que Él llamó “la Promesa de Mi Padre”—y recibo la bendita promesa del Espíritu Santo, porque Jesús fue hecho maldición para que yo pudiera entrar en la bendición. Amén.
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