Reconociendo Nuestros Pecados

Derek Prince
*First Published: 2008
*Last Updated: marzo de 2026
2 min read
En el Salmo 32, el Rey David describe su propia experiencia:
“Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: "Voy a confesar mis transgresiones al Señor", y tú perdonaste mi maldad y mi pecado.” (versículo 3-5 NVI)
Creo que cuando David escribió esto, tenía en mente el episodio con Betsabé, la esposa de Urías el hitita. Fue una situación lamentable en la que él cometió adulterio, y luego asesinato para encubrirlo. David obviamente actúo como muchos de nosotros. Durante mucho tiempo, se había negado a encarar la realidad de su pecado. Trató de ignorarlo.
En los siguientes versículos David añade a esto una aplicación personal:
“Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán. Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación.” (versículo 6-7 NVI)
Nunca es demasiado tarde para confesar nuestros pecados a Dios y buscar refugio en Su salvación. Él nos liberará de nuestros pecados solo si los reconocemos y nos arrepentimos.
*Prayer Response
Gracias, Señor, por la sangre de Jesús. Proclamo que, porque confieso con prontitud cualquier pecado que haya intentado ocultar, Tú has perdonado la culpa de mi pecado. Me proteges de problemas y me rodeas con liberación. A través de la sangre de Jesús, todos mis pecados son perdonados. Amén.
Código: WD-B097-020-SPA