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            La Esperanza es Parte de la Salvación

            La Esperanza es Parte de la Salvación

            Derek Prince

            Teaching Legacy Letter

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            *First Published: 2017

            *Last Updated: marzo de 2026

            10 min read

            This teaching is not currently available in Español.

            ¡Qué importante es el don de la esperanza para casi todos los aspectos de nuestra vida diaria! Es la fuerza que sustenta la vida misma, impulsándonos hacia adelante, hora tras hora, día tras día. Esto explica por qué la pérdida de la esperanza puede ser tan debilitante, y por qué todos necesitamos la valiosa enseñanza que Derek nos ofrece en esta carta sobre la esperanza.

            En cada una de mis anteriores introducciones a esta serie, he compartido brevemente mi lucha personal contra la desesperanza. Aunque era un cristiano maduro y maestro bíblico, no fui inmune a este tipo de sufrimiento. No sorprende que muchos cristianos se encuentren hoy en la misma lucha desesperada.

            La desesperanza es una de las experiencias más tristes del ser humano, pero creo que es posible experimentar una esperanza genuina, una esperanza bíblica. ¿Por qué? Porque la esperanza forma parte de nuestra salvación en Jesucristo mediante el poder del Espíritu Santo. Basándome en las Escrituras y en mi propia experiencia, compartiré con ustedes este tema en esta cuarta carta de nuestra serie de cinco partes sobre la esperanza.

            Siete Verdades Esenciales

            Comencemos esta edición resumiendo brevemente los siete hechos bíblicos que establecimos en nuestras discusiones anteriores sobre este tema. En primer lugar, existen tres realidades espirituales permanentes en la vida cristiana: la fe, la esperanza y el amor. Cada una es esencial para una vida cristiana eficaz. En segundo lugar, la esperanza surge del nuevo nacimiento; nacemos de nuevo a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo. El tercer hecho se expresa en la afirmación: «La esperanza se basa en la resurrección de Cristo». En cuarto lugar, la esperanza aguarda el regreso de Cristo. Esta es la esperanza bienaventurada que se presenta a todos los verdaderos cristianos. En quinto lugar, la fuente de la esperanza es el amor de Dios. En sexto lugar, la esperanza bíblica nos motiva a una vida santa. En séptimo lugar, esta clase de esperanza produce cristianos seguros y radiantes.

            Estas verdades son extremadamente importantes, así que las enumeraré de nuevo para su revisión:

            1. En la vida cristiana existen tres realidades permanentes: la fe, la esperanza y el amor.
            2. La esperanza nace del nuevo nacimiento.
            3. La esperanza se basa en la resurrección de Cristo.
            4. La esperanza aguarda el regreso de Cristo.
            5. La fuente de la esperanza es el amor de Dios.
            6. La esperanza nos motiva a una vida santa.
            7. La esperanza produce cristianos seguros y radiantes.

            Una Verdad Sorprendente

            En esta enseñanza explicaré porque la esperanza es una parte esencial para la salvación. La mayoría de los cristianos que vienen de un origen denominacional, tienen cierta conciencia de que sin fe uno no puede ser salvo. Todos conocemos la escritura famosa que declara “Mas el justo por la fe vivirá”. Es totalmente cierto. Sin embargo, quizás les sorprenda saber que no es toda la verdad. Lo que quiero recalcar en esta lección es que tampoco se puede alcanzar la salvación sin esperanza. La esperanza es, asimismo, esencial para la salvación.

            Esto es lo que dice Pablo en Romanos 8, versículos 24 y 25:

            Porque en esperanza fuimos salvos [o, por la esperanza fuimos salvos]; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. (rvr60)

            Este versículo nos recuerda un punto importante mencionado anteriormente en esta serie sobre la relación entre la fe y la esperanza. La fe se centra en el presente, pero la esperanza se proyecta hacia el futuro. Aquí Pablo dice: «En esperanza hemos sido salvados». En otras palabras, la esperanza no reemplaza a la fe, pero es esencial para la salvación. Sin esperanza, no tenemos una salvación válida.

            Pablo continúa señalando que la esperanza produce perseverancia. Dice: «Si esperamos lo que no vemos, con perseverancia lo aguardamos». La perseverancia es también una parte esencial de nuestra salvación. Muchos pasajes de las Escrituras enfatizan que debemos perseverar en nuestra fe hasta la consumación de esa fe. Por lo tanto, la esperanza (y con ella, la perseverancia) es esencial para la salvación.

            Un Misterio Revelado

            Esta verdad —que la esperanza es esencial para la salvación— la aclara Pablo en otro pasaje de sus escritos. Considero Colosenses 1:25-27 uno de los pasajes más hermosos y emocionantes del Nuevo Testamento. ¡Y créanme, hay muchos pasajes hermosos y emocionantes en el Nuevo Testamento! Esto es lo que dice Pablo:

            De esta llegué a ser servidor según el plan que Dios me encomendó para ustedes: el dar cumplimiento a la palabra de Dios, anunciando el misterio que se ha mantenido oculto por siglos y generaciones, pero que ahora se ha manifestado a sus santos. A estos Dios se propuso dar a conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria. (NVI)

            Repitamos ese último verso para enfatizarlo:

            A estos (los santos de Dios) Dios se propuso dar a conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria.

            En este pasaje, Pablo nos dice que Dios le encomendó presentar a su pueblo (la iglesia) la Palabra de Dios en su plenitud. A continuación, explica qué significa la plenitud de la Palabra de Dios. Pablo afirma que la presentación completa de la verdad de la Palabra de Dios implica un «misterio» que «ha permanecido oculto durante siglos y generaciones».

            En tiempos del Nuevo Testamento, la palabra griega «misterio» tenía un significado especial. Existían ciertas «religiones mistéricas» en las que las personas eran iniciadas mediante ritos secretos. Solo quienes habían pasado por dichos ritos e iniciación podían ingresar en estas religiones. Por lo tanto, el uso que Pablo hace de la palabra «misterio» no se refiere a algo incomprensible. Más precisamente, se refiere a algo que solo pueden comprender los iniciados: aquellos que han cumplido la condición para acceder a este entendimiento.

            Al usar este término, Pablo revela que la fe cristiana encierra un misterio, algo que ha permanecido oculto durante siglos y generaciones. Todos los grandes hombres de la antigüedad, todos los filósofos, todos los sabios, todos los reyes y conquistadores desconocían este misterio. Estaba reservado para nosotros en esta época. Pablo dice que lo que había estado oculto ahora se revela a los santos. ¿Acaso esto no te emociona? ¿No somos privilegiados de estar entre aquellos a quienes este misterio —que nunca antes fue revelado, ni siquiera a los más sabios— ahora se revela?

            Tres Palabras Breves: "Cristo en Ti"

            Dios quiere dar a conocer entre los gentiles las gloriosas riquezas de este misterio. Más literalmente, en griego: «Las riquezas de la gloria de este misterio». A Pablo casi se le acaban las palabras al intentar explicar lo fascinante que es este misterio. ¿Cuál es el misterio?

            La respuesta a esta pregunta no se encuentra en un gran tratado filosófico con palabras largas y complicadas que la mayoría no puede comprender. Fui filósofo profesional, así que valoro especialmente la sencillez de las Escrituras. Recuerdo haber leído las obras del filósofo Immanuel Kant, donde una sola frase a veces se extendía durante dos páginas sin punto final. Afortunadamente, la Biblia no revela sus misterios de esa manera. El glorioso misterio que buscamos se revela en «tres breves palabras».

            ¿Cuál es el misterio? «Cristo en ti». ¡Esa es la verdad más emocionante que jamás se haya revelado a la humanidad! Que, por medio del Espíritu Santo, Cristo, el Hijo eterno de Dios, puede estar en nosotros. En nosotros como individuos; entre nosotros como pueblo de Dios. Esta es la esperanza de gloria.

            ¿Cuál es la esperanza de gloria? Cristo en ti. Cristo en mí. Este es el secreto, el misterio que Dios nos ha reservado. ¿No te sientes privilegiado? ¿No te emociona pensar en ello? ¿Comprendes lo que significa tener a Cristo en ti? Significa que tienes la esperanza de gloria.

            Solo dos Posibilidades

            ¿Y qué hay de aquellos que no tienen a Cristo en ellos? Esto contrasta enormemente con lo que este glorioso misterio significa para nosotros como creyentes. Analicemos la vívida descripción que Pablo hace de la condición de quienes están fuera de Cristo. En Efesios 2:11-12 (NVI), dirigiéndose a los gentiles, Pablo les recuerda que no olviden cómo era la vida sin Cristo:

            Por lo tanto, recuerden ustedes los gentiles de nacimiento —los que son llamados «incircuncisos» por aquellos que se llaman «de la circuncisión», la cual se hace en el cuerpo por mano humana—, recuerden que en ese entonces ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

            Por favor, presten mucha atención a esa terrible lista de aspectos negativos. ¡Qué palabras tan crueles! «Separados de Cristo; excluidos de la ciudadanía de Israel; extranjeros para los pactos de la promesa». (¿Alguna vez han vivido como extranjeros en una tierra que no era la suya? Yo sí, y sé lo que es ser extranjero. Uno no pertenece realmente. Eso es lo que Pablo dice de quienes están sin Cristo: son extranjeros; no pertenecen). Pero las dos últimas frases me parecen las más trágicas: «sin esperanza y sin Dios».

            Permítanme repetir estas frases. Quiero que se les queden grabadas en su mente. Quizás se encuentren en esta categoría, en la situación que describen. Si es así, deben prestarles aún más atención.

            • Separados de Cristo
            • Excluidos de la ciudadanía de Israel
            • Ajenos a los pactos de la promesa
            • Sin esperanza y…
            • Sin Dios en el mundo

            Para cada persona, solo existen dos posibles condiciones. Si tienes a Cristo en ti, tienes la esperanza de la gloria. Pero si estás sin Cristo, entonces estás sin esperanza y sin Dios.

            La Necesidad de la Esperanza

            Ahora entendemos por qué es tan crucial saber que «la esperanza es parte de nuestra salvación». Sin esperanza, no tenemos a Cristo. Sin Cristo, no tenemos salvación.

            La esperanza no es solo un complemento de la salvación. Es una parte esencial de la salvación. Somos salvos en la esperanza; somos salvos por la esperanza. La esperanza se fundamenta en la fe que trae la salvación, pero es una parte esencial del conjunto. Si no tenemos esta esperanza, estamos sin Cristo. Y si estamos sin Cristo, estamos sin Dios. Somos extranjeros. Estamos excluidos. Estamos separados. Estamos sin esperanza. ¡Qué terrible condición!

            Gracias a Dios, quienes escuchen este mensaje no tienen por qué permanecer en esa condición. Si entregan su vida a Dios y reciben a Cristo, no estarán sin Él. Entonces comprenderán rápidamente lo que significa tener en ustedes la esperanza de la gloria. Que el Señor nos ayude a cada uno a tener la certeza de nuestra salvación.

            ¿Y tú? Al leer estas palabras, ¿te ha surgido el deseo de confirmar que Cristo mora en ti? ¿Anhelas experimentar esa «esperanza de gloria» de la que hemos estado hablando?

            Puede que aún no hayas decidido recibir a Jesucristo y la esperanza que Él trae. O puede que ya hayas tomado esa decisión, pero quieras confirmarla y recibir la esperanza que Jesús promete.

            Cualquiera que sea tu situación, puedes acceder con certeza a esta misteriosa y gloriosa esperanza orando las siguientes palabras.

            *Prayer Response

            Querido Señor Jesús, quiero recibirte plenamente en mi vida ahora mismo. Entra en mí e inunda todo mi ser con tu esperanza, la esperanza de gloria. Te abro mi corazón ahora, más plenamente que nunca. Gracias por haber entrado en mí, haciendo posible que nunca más esté sin esperanza ni sin Dios en el mundo. En el nombre de Jesús. Amén.

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