Me alegro de estar nuevamente con usted en la continuación de nuestro tema de esta semana “Cómo ser guiado por el Espíritu Santo”, entender y aplicar las verdades que contiene es esencial para el éxito en la vida de fe.

Mis charlas de la semana pasada y esta han sido basadas en una escritura en particular Romanos 8:14:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.”

Hijos en el sentido de maduros, crecidos.

Dije que hay un solo camino para la madurez espiritual, uno se vuelve un niño, un bebé en la familia de Dios naciendo del Espíritu Santo, pero para alcanzar la madurez uno debe dejarse guiar por el Espíritu Santo y el tiempo del verbo es una acción continua; uno debe ser continuamente guiado por el Espíritu Santo, es el único camino hacia la madurez.

También mencioné dos importantes verdades con respecto al Espíritu Santo. Primeramente él es una persona, no una abstracción teológica, no un sistema, no un sistema de reglas, él es una persona, tenemos que relacionarnos con el como persona y la palabra clave es “sensibilidad”.

También dije que él no solo es una persona, él es Señor, requiere sumisión total, la misma que damos a Dios el Padre y a Dios el Hijo, también debemos de dar a Dios el Espíritu Santo.

En mi charla de hoy quiero amonestarle contra lo que yo he llegado a creer que es el estorbo más grande para ser guiado por el Espíritu Santo y si le diera cincuenta oportunidades para decirme que es, creo que no podría, el estorbo que veo como el más común es el legalismo, el legalismo religioso. Le daré dos definiciones posibles de legalismo para que tengamos la idea de lo que estoy hablando, las dos se relacionan pero tienen sus diferencias. La primera es el intento de alcanzar rectitud con Dios guardando un sistema de reglas, eso es legalismo.

Hace poco estaba hablando a un auditorio bastante numeroso y le dije lo siguiente de pasada: El cristianismo no es un sistema de reglas. Y pude ver la sorpresa en los ojos de ellos y me di cuenta que había dicho algo de lo que ellos nunca habían meditado y quiero repetirlo: El cristianismo no es un sistema de reglas. El cristianismo es primordialmente una relación con una persona, esa persona es Jesús y la relación es con otra persona, el Espíritu Santo.

La segunda definición posible de legalismo sería esta: Imponer requisitos de rectitud que Dios no ha puesto, Dios ha dicho en la Biblia lo que él requiere para alcanzar la justicia o rectitud con él y nadie, ninguna iglesia, ningún grupo, nadie tiene la autoridad de sumar ningún otro requisito a los que Dios ya ha dado, hacerlo es invadir el territorio del legalismo. El Espíritu Santo es Señor y no compartirá su señorío con un sistema de reglas. Voy a repetirlo porque la mayoría de las personas nunca lo han pensado: El Espíritu Santo es Señor y no compartirá su señorío con un sistema de reglas.

Voy a darle una pequeña parábola o ejemplo; dos maneras diferentes para encontrar un camino y alcanzar una meta, un destino, una es un guía personal, la otra un mapa; estas son dos figuras, el guía personal es el Espíritu Santo, el mapa es un sistema de reglas, la ley, como uno quiera llamarla.

Pero la naturaleza humana es tal por su caída que todos nosotros preferimos confiar en nosotros mismos más que en el Espíritu Santo, la esencia de la caída y la esencia del pecado no es necesariamente el deseo de hacer el mal, es el deseo de ser independiente de Dios. Y por eso cuando se nos da a escoger entre el mapa y el guía, preferimos el mapa, nos creemos listos y capaces de encontrar nuestro propio destino, el mapa es absolutamente correcto, la ley dada por Moisés es una ley perfecta, el que la guarde toda alcanzará su destino pero nadie nunca la ha guardado toda.

De manera que tomamos el mapa, nos sentimos fuertes y confiados y sanos y el sol está brillante y vemos el camino por delante, pero como 48 horas después algo anda mal, está absolutamente oscuro, está lloviendo y estamos al borde del precipicio y no sabemos si la dirección que llevamos es norte, sur, este u oeste y gritamos: Auxilio, y oímos una voz suave que dice: Te puedo ayudar?

¿Sabe usted quien es? … es el Espíritu Santo.

y usted responde al Espíritu Santo y usted responde al Espíritu Santo: Te necesito desesperadamente;

él dice: Dame tu mano y te llevaré a tu destino. Y en realidad así lo hace; al día siguiente usted camina con el Espíritu Santo a su lado, el sol brilla, los pájaros cantan, usted puede ver el camino y piensa “Que tonto he sido si hubiera podido salir de esto solo” y se vuelve al Espíritu Santo y le dice: Mira tengo un mapa completo aquí ¿te gustaría tenerlo?

y el Espíritu Santo le responde: Gracias hijo, no necesito el mapa, conozco el camino, la verdad es que yo hice ese mapa.

Después de un rato usted piensa que no necesita de esa persona que lo lleve de la mano, le parece degradante y piensa que bien lo pudo haber hecho sin él, solo con la ayuda del mapa y mientras está pensando en eso, el guía ha desaparecido y no está en ninguna parte, y usted se vuelve a encaminar con el mapa y 48 horas después está otra vez en apuros, en un atolladero, cada paso que da se hunde más y se da cuenta que muy pronto no podrá dar un paso más y vuelve a gritar: Socorro!

y el Espíritu Santo vuelve a decir: ¿Te puedo ayudar?, dame tu mano, te llevaré fuera de esto.

Mi pregunta es ¿Por cuánto tiempo podemos caminar así?, por cuanto tiempo vamos a seguir despreciando al Espíritu Santo y regresando al mapa que no somos capaces de usar correctamente, y no es que el mapa tenga algo malo, el problema somos nosotros y no el mapa. El Nuevo Testamento nos advierte continuamente de no intentar alcanzar la justicia por medio de la ley, Romanos 3:20:

“Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”

Dios dice enfáticamente que ningún ser humano podrá jamás alcanzar la justicia luchando para guardar la ley; usted se preguntará entonces: ¿Para que fue dada la ley? … Bien, una razón principal por la que la ley fue dada no es para hacernos justos sino para enseñarnos que somos pecadores y que necesitamos la gracia y la ayuda del Espíritu Santo.

También Romanos 6:14:

“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.”

Note las implicaciones de eso, si usted está bajo la ley el pecado de enseñoreará sobre usted, si usted quiere estar libre del pecado no puede quedarse bajo la ley, tiene que estar bajo la gracia y las dos se excluyen mutuamente, o se está bajo la ley o bajo la gracia, pero no bajo ambas.

Y en Gálatas 5:18, Pablo dice:

“Pero si sois guiados por el Espíritu, estáis bajo la ley”.

Y recuerde que ser guiados por el Espíritu es el único camino hacia la madurez; de manera que si usted quiere alcanzar la madurez no puede permitirse el lujo de intentarlo guardando la ley.

Bueno, las reglas tienen su lugar en la ida, está muy claro, ¿Y cómo nos relacionamos con ellas? … le voy a dar este pensamiento sencillo: Si las reglas son bíblicas y si usted ha sido justificado por la fe, eso lo capacita para guardar las reglas, pero no es una manera de alcanzar la justicia, la gracia no se mezcla con la ley. Pablo usa una figura en Gálatas, habla de los dos hijos de Abraham, uno de la mujer esclava Ismael, otro de la libre, de Sarah, de nombre Isaac. Y dice que cuando Isaac vino, Ismael y su madre, Agar, tuvieron que alejarse; el mensaje de la escritura fue:

Hecha fuera a la esclava y a su hijo porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre.

Estas son pues las alternativas y se notan muy bien que se excluyen mutuamente, si usted quiere a Ismael, la ley, su capacidad carnal, no hay campo para Isaac y la gracia de Dios; si quiere la gracia de Dios no hay campo para la ley como medio de alcanzar la justicia. En este error habían caído los gálatas, habían conocido a Jesucristo, habían recibido al Espíritu Santo, habían experimentado milagros pero Pablo les dice en Gálatas 3:1 y sigue:

“!!Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? – Luego dice: - Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?”

Yo quiero decirle que este es el problema más común en la iglesia, la gente comienza por el Espíritu, llegan a tener una revelación, una experiencia de la gracia y poder de Dios por medio del Espíritu y después regresan al mapa; no están dispuestos a seguir dependiendo del Espíritu. Pablo dice que regresar a la ley nos expone a la maldición, dice en Gálatas 3:10:

“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición”

Yo creo que muchos cristianos, individuos, denominaciones, iglesias, están bajo una maldición, han perdido las bendiciones de Dios porque han deshonrado al Espíritu Santo y han deshonrado a sus propios esfuerzos.

Regresemos ahora a las palabras de Jeremías, Jeremías 17:5, porque estas son las palabras del Señor por medio de Jeremías.

“Así ha dicho Jehová, maldito el varón que confía en el hombre y pone carne por su brazo y su corazón se aparta de Jehová.”

Como ve, solo hay dos opciones y son mutuamente excluyentes, o intentamos el camino con el mapa o podemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo como es Señor, no comparte su señorío con el mapa, él es quien dio el mapa, conoce el mapa mucho mejor que ninguno de nosotros, entiende todas las motivaciones y las razones de la existencia del mapa, pero si usted quiere crecer hasta madurar, la única manera es dejarse guiar por el Espíritu Santo.

Si usted quiere ser guiado por el Espíritu Santo no se puede sujetar a un sistema de leyes, no lo logra guardando reglas, muchas iglesias cristianas dicen que no estamos bajo la ley de Moisés pero han fabricado sus propias leyes, la verdad es que casi todas las denominaciones tienen sus propias leyes. Y quiero decirle que si la ley de Moisés no lo logró y que fue dada por Dios, ninguna ley religiosa de ninguna denominación lo va a alcanzar tampoco, no hay esperanza de esa manera para llegar a la madurez, usted necesita arrepentirse si se encuentra en esa condición y regresar al Espíritu Santo.

Nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora, para compartir la meta hacia la que el Espíritu Santo nos dirige.

El anterior programa ha sido una presentación del ministerio internacional del Doctor Derek Prince, estamos plenamente seguros que este mensaje ha sido de grata bendición para su vida lo cual le invitamos a que nos escriba y nos de su testimonio, diríjase a la siguiente dirección: Ministerio de Derek Prince, Biobox 19502, Charlotte, Carolina del Norte 28219, Estados Unidos de América

Como
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