Mi Meta es Dios Mismo

Derek Prince
*Last Updated: mayo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted en la conclusión de otra semana, hoy continuaré y completaré el tema que hemos seguido durante las dos últimas semanas “Lecciones de mi vida”, espero que hayan sido de ayuda y de inspiración para usted.
Ayer basé mi charla en las primeras palabras de la Biblia: En el principio Dios. Dije que solo hay un lugar que le podemos dar correctamente a Dios, el primer lugar, tiene que ser en el principio, Él tiene que ser el punto de inicio, tiene que ser la base de todo en nuestra vida, toda vida que no se tenga a este fundamente está destinada a sufrir tremendos problemas.
En mi charla de hoy voy a presentar el lado opuesto de la misma moneda, Dios es el fin y meta de toda la vida, toda vida que no esté firmemente dirigida hacia Dios como su meta, está desviada y terminará frustrada.
En Apocalipsis 22:14, el Señor dice esto:
Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.
De tres maneras diferentes el Señor nos dice que Él es el principio, también de la misma manera Él es el fin, nuestras vidas deben encontrar su origen en Él y su consumación en Él. Alfa, la primera palabra del alfabeto griego; Omega, la última, tenemos que comenzar con Él y tenemos que terminar con Él, Él tiene que ser la meta hacia la que se dirigen nuestras vidas; Él es el primero y el último, el principio y el fin, Dios es origen y consumación de toda vida.
Quiero tomar ahora varios pasajes de Pablo en la epístola a los Colosenses, quiero mostrarle el énfasis que él hace una y otra vez que todo lo que está en Dios viene por medio de Jesucristo, no hay otro punto de partida, no hay otro punto final, y cuanto cuidado debemos de tener de no desviarnos del sendero que comienza y termina con Dios y con Jesucristo.
Esto es lo que dice Pablo en Colosenses 1:15 – 19, respecto de Jesús, hace siete declaraciones sucesivas que ponen a Jesús absoluta y únicamente en una clase aparte; si usted capta lo que él dice nunca jamás podrá poner a Jesús en el mismo nivel que Buda, Sócrates o cualquier otro filósofo humano, o maestro o líder religioso, Pablo dice esto:
Él – Jesús – es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él – Jesús – fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios, poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y en él todas las cosas permanecen; él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia y él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que él tenga en todo la primacía, - la preeminencia o el primer lugar- porque agradó al Padre que en él – Jesús – habitara toda la plenitud.
La totalidad de Dios está en Cristo.
Note ahora los siete puntos que hace Pablo en relación con Jesús, cinco de ellos se relacionan con su ser eterno y con su naturaleza divina y los últimos dos con su obra redentora de salvación. Los primeros cinco relacionados con su naturaleza eterna:
Primero: Él es la imagen de Dios, ¿recuerda usted que en su vida terrenal él dijo: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Si usted quiere saber cómo es Dios, solo hay un lugar donde buscar, Jesús, por eso Dios no permite ninguna imagen de él porque él tiene su propia imagen en Jesús.
Segundo: Él es el primogénito sobre toda creación, Él no fue creado, es un error enseñar que Jesús fuera creado, él era antes de toda creación, toda la creación se produjo por medio de él.
Tercero: Todas las cosas fueron creadas por él.
Cuarto: El existe eternamente, antes de todas las cosas.
Quinto: En él se sostienen todas las cosas.
Si logramos captar esas verdades de Jesús, no hay como desviar nuestra lealtad y compromiso que tenemos a él hacia otra persona.
Y las últimas dos declaraciones que se relacionan con su obra redentora:
Sexto: Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.
Séptimo: El primogénito de entre los muertos
Estos son los dos grandes factores que lo hicieron el redentor de la humanidad, él murió pero resucitó de los muertos y es la cabeza de su pueblo, la iglesia.
Y Pablo lo resume todo diciendo: Toda la plenitud de Dios habita en él. Que importante es que nunca nos desviemos, que nunca nos dejemos engañar.
Pablo nos advierte de esto más adelante en la misma epístola en Colosenses 2, versículos del 2 al 4:
Mi propósito es que sean alentados sus corazones y unidos en amor alcancen todas las riquezas que proceden de una plena seguridad de comprensión, resultando en un verdadero conocimiento del misterio de Dios, es decir de Cristo en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, esto digo para que nadie os engañe con razonamientos persuasivos.
Ya dije que yo era un filósofo profesional antes de conocer al Señor Jesús, buscaba sabiduría y conocimiento, pero cuando lo conocí supe inmediatamente que había encontrado la respuesta y me dije: Por qué voy a seguir escarbando en los depósitos de basura de la sabiduría humana cuando todos los tesoros están contenidos en una persona, Jesucristo; me conformaré con los tesoros, los demás que se queden con la basura, pero yo quiero los tesoros.
Y también en el mismo capítulo de Colosenses capítulo 2, versículos 8 al 10, Pablo sigue con esta advertencia:
Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo. Porque toda la plenitud de la deidad reside corporalmente en él, - Que confesión más tremenda – y habéis sido hechos completos, llenos en él.
Esa es mi meta, entrar en toda la plenitud de lo que nos ha sido dado en Jesucristo, no quiero desviarme ni un ápice a la derecha o a la izquierda, no quiero ver en ninguna otra dirección para mi meta y satisfacción final, solo Jesucristo.
He estado explicando que Dios es el principio y el fin, el comienzo de toda vida, la meta y consumación de toda vida. Ahora lo voy a ilustrar con una parábola tomada del tabernáculo de Moisés, según lo describe el Antiguo Testamento, una verdad que se hace cada vez más real con el caminar del tiempo.
El tabernáculo era una estructura dividida en tres secciones, el atrio, y adentro de la primera cortina, el lugar santo, tras la segunda cortina, el lugar santísimo; se pueden distinguir tres formas diferentes, pero una manera es por la luz que hay en cada una de ellas, en el atrio la luz es natural, el sol, la luna, las estrellas; una vez dentro de la primera cortina ya no hay más luz natural, tras la primera cortina en el lugar santo, la luz viene de un candelero de siete brazos en el que el aceite que se enciende y quema en sus recipientes provee la luz, eso quiere decir que una vez adentro uno ya no es dirigido por sus sentidos, uno vive por fe; para mí también esa primera cortina corresponde a identificarnos con Cristo en su resurrección. Pero tras la segunda cortina, esto es extraordinario, no había luz, era extremadamente oscuro, y creo que significa identidad con Cristo en su ascenso, Pablo enseña que fuimos resucitados con él, que también estamos sentados juntamente con él en lugares celestiales en su trono, yo creo que es el destino final en el peregrinaje cristiano, es tras la segunda cortina, en los lugares celestiales. Pero escuche, en ese lugar había solo un mueble, el arca y los querubines, y no había luz, ¿para qué querría uno entrar allí?, la respuesta es que uno no querría entrar allí excepto por una razón, para encontrarse con Dios, y cuando un hombre con corazón perfecto entraba tras el segundo velo, este se iluminaba con la presencia sobrenatural de Dios que nosotros llamamos “Shekinah”. Vea usted, esa es la meta, es lo máximo, no hay nada que nos atraiga más allá del segundo velo, solo Dios, él no ofrece otras atracciones, otras alternativas, es Dios o nada, si Dios no viene usted queda en absoluta oscuridad.
Así es como yo veo la vida cristiana, así es como quiero vivir yo mi vida, mi meta es Dios y creo que significa tener un corazón integro, sin reservas, sin otras opciones, sin otras atracciones, es Dios mismo y solo Dios, así es como veo yo la vida cristiana, mi destino está tras la segunda cortina, identificado con Dios no solo en su resurrección, sino también en su ascensión y la luz que busco no es natural, no es artificial, es sobrenatural, es la misma presencia de la persona de Dios.
Código: RP-R130-105-SPA