Derribando Fortalezas Mentales

Derek Prince
*Last Updated: mayo de 2026
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Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted en la continuación de nuestro tema para esta semana “Lecciones de mi vida”, que tiene que ver con esas cosas prácticas que he aprendido a través de 40 años de servir al Señor y a su pueblo.
En mis charlas anteriores de esta semana dije que el Señor nos llama a cada uno con un llamamiento santo, basé mis declaraciones en la escrituras, y lo ilustré con ejemplos de mi propia experiencia.
Ayer dije algo que lamentablemente ha eludido a mucha gente y es que un Ministro cristiano es llamado a ser un siervo, la misma palabra “Ministro”, significa “servidor.”
También dije que hay un orden de prioridades y de servicio; primeramente, somos servidores de la Palabra de Dios y después del pueblo de Dios, no nos atrevamos a invertir ese orden, porque si lo hacemos caeremos nosotros mismos en confusión y permitiremos que el pueblo de Dios se confunda también.
Usé el ejemplo de Arón, un siervo del Señor que cuando tuvo que elegir, obedeció al pueblo en vez de a la Palabra de Dios, y que grande fue el desastre; tenemos que ser firmes y resolutos en cuanto a nuestra lealtad a la Palabra de Dios, primero y sobre todo.
Hoy voy a hablar de las batallas que todos los cristianos tenemos que pelear en nuestras mentes, muchos de ustedes están pasando por esto ahora mismo, algunos no se dan cuenta que es parte normal de la experiencia cristiana, espero lograr mostrar en las escrituras, e ilustrar con mi propia experiencia como enfrentar la lucha que se libra en nuestras mentes.
Comenzaré con un pasaje de 2 Corintios 10, versículos 3 al 5, donde Pablo habla de esto con toda claridad, dice:
“Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne..."
Pablo dice que aunque vivimos en nuestros cuerpos físicos dentro de un mundo material, que estamos en una guerra que no se da física ni materialmente, la guerra pertenece a un dominio diferente, dice en el siguiente versículo,
"...que las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas."
Dios nos ha dado las armar apropiadas , como la guerra no es en el dominio físico ni material, nuestras armas tampoco pertenecen a ese dominio físico o material, ¿Qué son entonces?, obviamente la respuesta es “espirituales”. Dios nos ha dado armas espirituales capaces de destruir fortalezas, de manera que estamos en una clase de guerra en la que enfrentamos fortalezas muy poderosas que nos oponen y se oponen a Dios. Pablo es más específico en el siguiente versículo:
"destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo.”
Un análisis superficial de las palabras en ese versículo indica que todas ellas se refieren al dominio de la mente; especulaciones, otras traducciones dicen: razonamientos o imaginaciones o argumentos. Y luego habla del conocimiento de Dios, y después de poner todo pensamiento en cautiverio, todas estas palabras se refieren a la misma área, el área de la mente.
En otras palabras, y esto es de vital importancia, el campo de batalla está en la mente, en su mente, en mi mente, no extraño, no es nada malo que nos encontremos en esta lucha que a veces ruge en nuestras mentes - ¿cierto? – Hay veces en que usted se pregunta si logrará mantener su sanidad mental y se pregunta ¿Cómo es que un cristiano como yo esté bajo estas presiones en mi mente?, bueno la respuesta es, que es parte de la vida cristiana, no es necesariamente que usted esté haciendo algo malo, que ande por un camino torcido, es parte de su experiencia total como cristiano.
Voy a señalar tres cosas que ya he dicho, pero que quiero enfatizar: Primero, la guerra no es en el campo físico, sino contra fuerzas espirituales invisibles. Segundo, Dios nos ha dado armar espirituales apropiadas para ganar esta contienda. Tercero, el campo de batalla está en la mente, en la mente de la humanidad y en términos específicos, en su mente, y en la mía.
Pues bien, en cierto punto de mi experiencia cristiana, hice un descubrimiento sorprendente, descubrí que yo tenía un enemigo de Dios dentro de mí, aunque era cristiano y aunque había nacido de nuevo y servía a Dios, descubrí que mi enemigo era mi propia mente. Esto es lo que dice Pablo en Romanos 8:7:
“La mente puesta en la carne – o la mente carnal, la mente sin regenerar con la que nacemos y con la que vivimos hasta que somos salvos y nacemos de nuevo – la mente puesta en la carne es enemiga de Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo.”
Yo tenía una mente sumamente educada, estaba en una universidad, era profesor allí y el problema era que la mente que estaba educando era enemiga de Dios, de manera que dentro de mí tenía a un enemigo de Dios sumamente educado.
Hay tanta gente que confía en la educación, pero la educación no cambia la mente, solo la educa en la manera que es. Si alguien tiene una mente carnal y va al seminario por cinco años, y quien sabe que más, esa persona saldrá con un enemigo de Dios sumamente educado dentro suyo, este es uno de los problemas con tanto seminarios, es necesario que haya un cambio completo.
Bueno, en el pasaje que leí de 2 Corintios, Pablo dice que Dios nos ha dado las armas apropiadas, hay muchas armas, pero mencionaré solo dos que son básicas: La Palabra de Dios y la oración.
En mi propia experiencia yo tuve que aprender a pensar completamente diferente, antes de convertirme era un filósofo, luego tuve un experiencia en la que por un año tuve que confiar en la Palabra de Dios que me trajera sanidad física, tuve que vivir por la Palabra de Dios, Jesús dijo: “El hombre vivirá por toda palabra que sale de la boca de Dios” yo tuve que hacer eso, al final de ese tiempo no solo había sanado físicamente, sino que salí con una mente completamente diferente, había aprendido a pensar diferente, había aprendido a pensar en términos de la Palabra de Dios.
Pero en el transcurso tuve muchas batallas de oración, tuve que pelear cada centímetro del camino a la verdad, tuve que rechazar las mentiras del diablo, duda, desanimo, miedo; y lo tuve que hacer con la oración. Usando esas dos grandes armas: la Palabra de Dios y la oración, eventualmente gané la contienda en mi mente. Hoy soy una persona totalmente diferente en mi manera de pensar de lo que era hace 40 años o más, soy un hombre totalmente cambiado en mi interior, porque gané la contienda en mi mente con las armas que Dios me había dado.
En ese pasaje de 2 Corintios que habla de la contienda en la mente, Pablo usa una frase en particular, que quiero enfocar por un momento, allí habla de “fortalezas”, otra traducción dice “fortalezas en la mente”. ¿Qué son estas fortalezas?, yo he pensado mucho en esto y he llegado a la conclusión que son tres cosas: La primera es orgullo, es la fortaleza más poderosa de todas en la mente humana sin regenerar; el orgullo, el orgullo que exalta al yo. Del orgullo procede el prejuicio y las ideas preconcebidas, estas son realmente las fortalezas principales.
¿Sabe usted cual es la definición de prejuicio?... es decidir algo en la mente sin haber oído todos los hechos; esta frase típica lo expresa bien: “No me confunda con los hechos que ya decidí”, eso es prejuicio.
La idea preconcebida es pensar que uno sabe algo que no sabe, creer que uno ya lo vio todo sin ser así.
Hay diferentes razones para el orgullo, el prejuicio y las ideas preconcebidas, no podemos mencionarlas todas pero sugiero las siguientes:
El orgullo nacional, básicamente todas las razas y naciones tienen cierto orgullo nacional. No sé si usted sabe que nací en las Islas Británicas, y créame, los británicos son un pueblo orgulloso, un británico no reconoce al instante que tiene problemas de orgullo. Tome otra nación, Alemania, ¿porqué fue Hitler capaz de ejercer dominio sobre el pueblo alemán y hasta sobre multitudes de cristianos alemanes?, ¿qué era su fortaleza?, era el orgullo nacionalista.
Pero no se detenga allí porque otra fortaleza mayor es la afiliación denominacional, soy bautista, no se diga nada que no esté de acuerdo con la doctrina bautista, aunque esté en la Biblia, por favor yo no estoy atacando a los bautistas, lo mismo se puede decir de los presbiterianos, de los metodistas, de los pentecostales; también se puede ir más profundo, se puede hablar de los protestantes o los católicos. Ahora le voy a decir con franqueza lo que yo creo, creo que algunas de las cosas en que creen los protestantes están bien, pero algunas están mal, quizás usted esté diciendo: aleluya!, porque es católico, pero también creo que lo mismo es cierto de los católicos, algunas de las cosas que creen están muy correctas, pero algunas están mal. Si usted se va a aferrar a todo lo que tiene cierta etiqueta, sea protestante o católico, lo que sea, usted tiene una fortaleza en su mente.
Voy a decirle una manera de probarse, si usted se indigna cuando hablo de una fortaleza en particular, entonces sepa que es una fortaleza; ¿me entiende?, si usted está irritado un poco conmigo ahora, revise a ver dónde está esa fortaleza en usted. ¿Sabe lo que hacen esas fortalezas? … bloquean la entrada de la Palabra de Dios para que no haga lo que fue enviada a hacer. El salmista dijo en el Salmo 119:130:
“La exposición de tus palabras – la Palabra de Dios – imparte luz, da entendimiento a los sencillos.”
¿Quiere usted luz y entendimiento o quiere continuar en la penumbra, la ignorancia y el prejuicio?. Usted tiene que decidir, pero si usted quiere luz y entendimiento, entonces tendrá que arremeter contra esas fortalezas en su mente con la Palabra de Dios y el poder de la oración, usted tiene que derribarlas, tiene que humillarse, tiene que permitir que la Palabra de Dios haga su obra en usted, que lo cambie, que lo ajuste, que lo rehaga, que lo moldee, usted necesita ser cambiado; quizás se esté preguntando ahora: ¿cómo sabe él eso de mí?, porque es cierto de todos nosotros.
Así que quiero encomendarle la verdad de la guerra espiritual, que tenemos en nuestras mentes, y que Dios nos ha dado las armas de la victoria.
Código: RP-R129-104-SPA