Un Llamado Sagrado

Derek Prince
*Last Updated: mayo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar compartiendo las preciosas verdades de las escrituras, que han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso en mi vida y que pueden hacer lo mismo para usted. El título de mis charlas esta semana es "Lecciones de mi vida".
He sido “un siervo de Dios y del Señor Jesucristo.” Así es como Santiago se describe a sí mismo en la apertura de su epístola, y eso es lo que he buscado ser: “un siervo de Dios y del Señor Jesucristo.”
He vivido en varios momentos en cuatro continentes diferentes. He criado una gran familia. He interactuado y ministrado a personas de muchos orígenes diferentes, raciales, sociales y religiosos. Puedo decir, como el apóstol Pablo, “sé lo que es estar en necesidad y sé lo que es tener abundancia.” He visto a Dios confirmar la verdad de Su Palabra con muchos tipos diferentes de señales y milagros en muchas situaciones distintas.
Siento apropiado por lo tanto que en mis charlas de esta semana y la próxima, comparta con usted las lecciones más importantes y prácticas de la vida de fe que he aprendido de todas estas experiencias. Recuerde que no compartiré mera teoría o teología, sino verdades que he probado en mi propia experiencia, por eso he llamado estas charlas “Lecciones de mi vida”.
En mi primera charla de ayer, enfatice una declaración de tres palabras: Dios es fiel. Ese es el testimonio que quiero dejar a la posteridad. No es largo, no es complicado, pero es tremendamente importante. Dios es fiel.
Dije que Dios es fiel en tres áreas: En guardar su pacto que Él hace con nosotros, en guardarnos en la tentación y del mal. Y Él es fiel en el cumplimiento de su llamamiento, cualquier cosa que nos llame a hacer, él es fiel para capacitarnos a hacerlo, si caminamos en fe y en obediencia a Él.
Un énfasis particular de ayer, fue la fidelidad de Dios a su llamamiento, que ilustré con experiencias de mi propia vida, hoy quiero seguir este tema del llamamiento de Dios, es un tema tan importante, y encuentro a muchos cristianos que realmente no han captado esta verdad tan vital.
En 2 Timoteo capítulo 1, versículo 9, Pablo dice respecto a Dios:
“Quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propósito y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad.”
Otra traducción dice "antes de que comenzara el tiempo". Esa es una declaración asombrosa. Solo quiero señalar algunas características principales de esto. Pablo dice: "Dios nos ha salvado y nos ha llamado..." Muchos cristianos que están salvados no se dan cuenta de que también están llamados. La salvación incluye el llamado de Dios. La salvación, en cierto sentido, es la misma para todos, pero incluida en esa salvación universal, hay un llamado individual específico para cada persona que se convierte en hijo de Dios a través de la fe en Jesucristo.
Si nunca te has dado cuenta de eso, quiero desafiarte con esa afirmación. Si estás salvado, entonces también estás llamado y te perderás algunas de las mejores cosas de la vida si no descubres lo que Dios te ha llamado, de manera individual y personal, tanto a ser como a hacer.
Y luego Pablo dice: “[Dios nos ha] llamado con un llamamiento santo.” ¡Oh, eso es tan real para mí! Cuando Dios me llamó a ser maestro de las Escrituras, fue algo tan sagrado. Tomé la decisión en ese momento de que nada más tendría preeminencia en mi vida sobre mi llamado dado por Dios. Y puedo decir con sinceridad que durante más de cuarenta años, he luchado por ser el mejor maestro de las Escrituras que puedo ser. No me comparo con otras personas, hay otros que serán mucho más dotados y capaces que yo, pero mi objetivo es ser el mejor que puedo ser, por la gracia de Dios y en mi llamado. Quiero desafiarte con ese objetivo.
Y luego Pablo dice que no es según nuestras obras. No depende de nuestra capacidad. Tantas personas, cuando se enfrentan al llamado de Dios, comienzan a pensar en el nivel de su educación, o su inteligencia, o sus conexiones sociales, o lo que sea. No depende de tus acciones, de tus logros—depende de la gracia de Dios.
Pablo continúa diciendo que es según el propósito y según la gracia de Dios que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad o antes de los siglos, ¿No es eso maravilloso?, antes de que el tiempo comenzara, antes de que el mundo fuera creado, Dios tenía un plan para cada uno de nosotros, para usted y para mí, y este plan no depende de nuestra habilidad, sino que depende de la gracia de Dios.
Quiero decir esto con sencillez de la gracia de Dios, no se puede ganar, jamás podrá ganarla, si usted está intentando ganarla, nunca la alcanzará; voy a decirlo de esta manera, la gracia de Dios comienza donde termina nuestra habilidad, ¿no es cierto?, si usted camina y trabaja en su propia habilidad, está bien, pero no anda en la gracia de Dios, si usted se limita a lo que usted puede hacer, se está cortando de la gracia de Dios en su vida.
Voy a resumir esto: Cuando Dios salva, también llama, las dos cosas van juntas; su llamamiento es santo, no depende de nuestra capacidad o calificaciones sino de su gracia y del propósito que Él tiene para nuestras vidas, que no comenzó con el tiempo, sino en la eternidad. Dicho de otra manera, Dios escribió en la eternidad un escenario para nuestras vidas, un guión que ha de desarrollarse en el tiempo pero el escenario es eterno. Si usted logra captar esto, usted se sentirá muy diferente respecto a usted mismo como hijo de Dios, usted no es un accidente buscando un lugar donde ocurrir, usted es alguien para quien Dios tiene un plan desde antes que el tiempo comenzara. Y recuerde que ese llamamiento es santo, tiene que tomar la más alta prioridad, demanda nuestro compromiso, energía y tiempo.
Cuando Pablo habla de nuestro llamamiento usa una figura del mundo atlético, una figura que es muy fácil de entender en nuestra cultura contemporánea, donde el atletismo, y especialmente en tiempos de las olimpiadas juegan una parte tan importante en nuestra cultura, en nuestro pensamiento y en los medios de comunicación. Esto es lo que dice Pablo en 1 Corintios 9, versículo 24 y 25:
“¿No sabéis que los que corren en el estado, todos a la verdad corren, pero solo uno se lleva el premio? Corred de tal manera que ganéis."
Yo no creo que Pablo este hablando de competir con nuestros hermanos creyentes, en el cuerpo de Cristo no hay competencia, Pablo habla de prioridades, él está diciendo que en esta carrera uno tiene que determinar hacer lo mejor, tiene que dedicar todo lo que está en uno para lograrlo; y sigue diciendo en este ejemplo:
Y todo el que compite en los juegos – Pablo está pensando en los juegos olímpicos de su tiempo, que fueron el modelo de las olimpiadas modernas – se abstiene de todo, se somete a un entrenamiento estricto.
Que cierto es eso, y si lo era entonces, cuanto más ahora, no hay un solo atleta que se haya presentado jamás en las olimpiadas, no importa de que nación sea, que no se haya sometido al entrenamiento más estricto y riguroso, y Pablo dice:
"Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible.”
Nosotros los cristianos que estamos en esta carrera, vamos a ser premiados con una corona que durará para siempre, irá con nosotros por toda la eternidad, el tiempo es tan corto y la eternidad tan larga, por eso es tan importante que hagamos el mejor uso de nuestro tiempo, porque eso determinará como vamos a funcionar y a disfrutar de la eternidad.
¿Qué son algunas de las cosas que un atleta presta atención cuando va a entrenar?, Bueno, obviamente su dieta, ejercicio, entrenamiento, horas de dormir, y quizá lo más importante, su preparación mental.
Los que van a correr la milla por ejemplo, recuerdo haber leído la descripción de dos grandes atletas que iban a correr la milla, uno de ellos estaba describiendo su preparación mental diciendo que ganaba confianza día a día, repitiéndose que él podía correr esa milla en menos tiempo que su competidor.
Bueno, quiero que usted se considere un atleta en la vida cristiana, compitiendo para ganar corona, usted ha sido llamado por Dios con un llamamiento santo, individual, algo que Dios tiene para usted especialmente, que no ofrece a ningún otro, pero para cumplir su llamado deberá ser como ese atleta, tendrá que someterse a un entrenamiento riguroso, tendrá que disciplinarse usted mismo.
Y realmente que la llave de todo es imponerse las prioridades correspondientes, si usted hace el cumplimiento del llamamiento que Dios le ha hecho, la prioridad máxima en su vida, las otras cosas caerán en su lugar. Hay muchos aspectos de la disciplina espiritual que no están incluidas en un régimen atlético, aunque yo creo que los cristianos deben cuidar sus cuerpos de la mejor manera posible, para que lleguen a ser los mejores templos del Espíritu Santo, los mejores instrumentos en los propósitos de Dios.
Antes de terminar este mensaje, quiero retarlo con esto: ¿Se ha dado cuenta que Dios lo ha llamado a usted con un llamamiento santo? ¿Que usted está en una carrera y corre para ganar una corona y que usted necesita someterse a una disciplina riguroso para alcanzar la meta?
Código: RP-R129-102-SPA