Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con nuestro tema de esta semana “La esperanza”, un tema que puede revolucionar completamente su perspectiva de la vida.

En las charlas anteriores de esta semana dije que la esperanza tiene dos fases sucesivas en la experiencia humanaPrimero, esperanza en esta vida, y dije cual es la base bíblica para un optimismo continuo en esta vida; mencioné las palabras de David, que dice: “Estoy convencido de que llegaré a ver la bondad del Señor a lo largo de esta vida.”Y luego la segunda fase, esperanza en la muerte y más allá de la muerte, dije que la esperanza que el evangelio trae, no termina con esta vida sino que nos lleva a través de las puertas de la muerte para introducirnos a una eternidad gloriosa.

También dije en mi charla de ayer que la esperanza es la para la creación tanto como para el hombre, la creación que fue limitada por la caída de Adán, será restaurada cuando la redención de Adán sea completa al regreso de nuestro Señor Jesucristo; y leí esas bellas palabras del salmista en el Salmo 96, en el que describe el intenso anhelo sin palabras de toda la creación, el campo, los árboles, el mar, el bosque, los cielos; todos anhelan el clímax glorioso de la venida del Señor en gloria.Y estudiamos las palabras de Pablo en Romanos capítulo 8, donde dice que nosotros que tenemos las primicias del Espíritu, nos unimos a la creación para gemir anticipando la redención completa y final.

Ahora en mi charla de hoy voy a compartir otro aspecto de la esperanza, un aspecto quizá más personal, voy a enfocar la esperanza como un yelmo o casco, una pieza vital de la armadura espiritual que protege nuestra mente.Primeramente tenemos que entender que como cristianos estamos envueltos en una tremenda guerra espiritual que cubre el cielo y la tierra, esto no es algo que podamos elegir; si somos cristianos, seguidores del Señor Jesucristo estamos automáticamente envueltos en este conflicto con los poderes satánicos de las tinieblas. Pablo habla de esto en Efesios capítulo 6, versículos 10 al 13

“Por lo demás hermanos, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza, vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las acechanzas del diablo - Note que estamos en conflicto directo con el diablo – Porque no tenemos lucha contra sangre y carne – otra traducción dice: contra gente de carne y hueso – sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

Note que no es solo en la tierra, es también en el cielo, el conflicto abarca el cielo y la tierra. Ahora Pablo da una aplicación práctica en el versículo 13 en adelante:

“Por tanto tomad toda la armadura de Dios..."

Y quiero llamarle la atención que no nacemos con la armadura puesta cuando nacemos de nuevo, nacemos con el potencial para ponernos la armadura, pero tenemos que hacerlo, ella no nos va a caer encima.

"...tomad toda la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y habiendo acabado todo estar firmes.”

Note que Pablo no dice que el día malo pudiera venir, dice que va a venir, para todos nosotros, esté listo cuando venga, completamente armado.El énfasis es en TODA la armadura y en los versículos siguientes, Pablo especifica esta armadura, versículos 14 al 17

“Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo tomad el escudo de la fe con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno, y tomad yelmo de la salvación y la espada del espíritu que es la palabra de Dios.”

Note cuales son las 6 piezas de la armadura:

Primero, el cinto de la verdad.

Segundo, la coraza de justicia.

Tercero, los zapatos del apresto del evangelio de la paz.

Cuarto, el escudo de la fe.

Quinto, el yelmo – o el casco - de la salvación.

Sexto, la espada del espíritu que es la palabra de Dios.

Yo quiero que nos centremos hoy en la quinta pieza, “El yelmo de la salvación”, y voy a contarle algo de mi experiencia personal.

Hace muchos años estaba pastoreando una congregación en Londres –Inglaterra, y Dios estaba bendiciendo mi ministerio de muchas maneras pero tenía una lucha interna y continua con la depresión. Otra gente no sabía lo que estaba sucediendo dentro de mí pero había esta depresión terrible con una neblina gris que venía sobre mí y me cargaba de día y de noche. Cuanto más éxito tenía en el ministerio, más venía sobre mí, y yo luché contra esta cosa de todas las maneras que podía, oré, ayuné, me consideré muerto y nada me dio resultado. Entonces tuve una revelación que quiero compartir con ustedes.

Un día mientras leía Isaías, capítulo 61, versículo 3, leí estas palabras:

“Manto de alegría en lugar del espíritu angustiado.”

… Cuando leí estas palabras, el espíritu angustiado, el Espíritu Santo me indicó “Ese es tu problema! No eres tú, no es una condición mental o psicológica, es un espíritu, es una persona que te odia, te asedia, no se ve, es una persona sin cuerpo. Pero te ha seguido desde tu niñez, conoce tus debilidades, sabe cómo y cuándo atacarte y estas peleando con una persona, una persona invisible, demoniaca; el espíritu angustiado ó en español moderno, el espíritu de depresión.

Y una vez que Dios me mostró el problema, me dio el remedio que iba en dos fasesLa primera parte del remedio vino por una liberación de Dios, encontré en Joel 2:32 esto:

“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo – o liberado-“

… Yo dije esto para mí, es lo que también dice Juan 3:16. Así pues, actuando en fe sobre esta promesa, invoqué el nombre del señor Jesucristo para que me liberara de ese espíritu de angustia. ¿Y sabe usted que pasó?... Dios me liberó, pero Dios me mostró que después tenía que proteger mi mente contra el pesimismo, la morbosidad y la depresión.Él me había liberado, era su parte en la solución, pero yo tenía que aprender a proteger mi propia mente, y mientras pensaba cómo proteger mi mente, recordé estas palabras en Efesios 6 que acabo de leer “… el yelmo de la salvación”.

Así me di cuenta de mi necesidad de este casco para proteger mi mente; luego me dije a mí mismo ¿Qué es el yelmo de la salvación?, yo sé que soy salvo ya, ¿significa eso que ya tengo el yelmo de la salvación?, luego tuve que responder que no. Porque las personas a las que Pablo describe en Efesios capítulo 6, eran gente salva, habían recibido el Espíritu Santo, no obstante les dijo que se pusieran el yelmo de la salvación. De manera que porque una persona sea salva no significa que tenga la armadura puesta, la gente salva descubre la armadura y se la pone. Entonces me dije a mi mismo ¿Qué es el yelmo de la salvación?, afortunadamente tenía una de esas Biblias con referencias al margen y había allí una que me dirigió a 1Tesalonicenses 5:8, busqué la cita y esto fue lo que encontré:

“Pero nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de la fe y de amor y con la esperanza de salvación como yelmo.”

Reconocí dos de las piezas de la armadura que menciona Efesios 6. La primera era la coraza, es obvio que la coraza protege el corazón y es la fe y el amor; nuevamente vi lo que he dicho en mis charlas anteriores que la fe está en el corazón; así pues la coraza de la fe y el amor protegen el corazón.

Luego en ese mismo versículo dice que el yelmo es la esperanza de la salvación, y cuando leí esas palabras, una corriente de electricidad divina pasó por mí y dije, ese es el yelmo, la esperanza. La fe está en el corazón y protege el corazón, pero la esperanza está en la mente y protege la mente. Vi que toda mi vida había sido un pesimista habitual, ciertamente todo el trasfondo de mi familia era de pesimismo, yo respeto a mis padres y estoy agradecido por mi memoria de ellos, pero tengo que decir que en mi familia uno que tenía que estar preocupándose por algo o estar preocupado porque no se estaba preocupando por nada. Y yo estaba completamente imbuido en ese espíritu de preocupación y pesimismo, Dios me mostró que esto era negar mi fe, que si creía el evangelio no podía ser un pesimista. Y ya cité al comienzo de esta semana las escrituras que muestran esto claramente, especialmente Romanos 8:28.

Entonces Dios me dijo algo así: “Te he liberado de ese espíritu de depresión, a ti te toca ponerte el casco de la salvación, el yelmo de la esperanza.” Y comencé un proceso de entrenar mi mente, cada vez que un pensamiento negativo o pesimista venía a mi mente, rehusaba a entregarme a él, y citaba versículos para darme una base bíblica para no ser pesimista sino optimista. Bien, esto no sucedió de la noche a la mañana, no sucedió en un periodo de meses, sucedió a lo largo de años; pero le puedo testificar ahora que soy una persona totalmente diferente, ahora soy un optimista bíblico, y alabo a Dios que mantengo mi casco puesto día y noche, nunca me lo quito. El yelmo de la esperanza optimista, fe en Dios y esperanza en Él, que protegen mi mente de esas fuerzas oscuras del pesimismo y la depresión.

Pero nuestro tiempo e hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora. Mañana estaré presentando otra hermosa descripción de la esperanza, “La esperanza el ancla del alma”.

Como
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