Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir el tema inspirador de esta semana, “La esperanza”.

En mi charla de ayer expliqué que la relación entre la fe y la esperanza. – y esto es muy importante – La fe está basada en la palabra de Dios, en lo invisible; la esperanza está basada en la fe. La fe está en el presente, es una sustancia que tenemos aquí y ahora, la esperanza mira hacia el futuro pero el único tipo válido de esperanza es la que se basa en la fe presente, cualquier otro tipo de esperanza es solo fantasía, puede ser que se cumpla pero no hay ninguna garantía de ello. Escuche eso nuevamente: La fe está en el presente, la esperanza está en el futuro.

También di mi definición personal de lo que es la esperanza, como es usada en la Biblia “La esperanza es una expectación serena y confiada del bien. La esperanza no es pasiva, es confiada.” El autor de Hebreos habla de gloriarnos en nuestra esperanza.

El enfoque principal de toda la esperanza cristiana está en el regreso de Cristo, esta es la esperanza bienaventurada puesta delante de todos nosotros los verdaderos creyentes, es la verdadera esperanza, las otras son solo fantasías pero esta es esperanza. Tiene dos aspectos principales en la manera en que vivimos: Primero, nos motiva a vivir piadosamente, y me atrevo a decir que si usted lee el antiguo testamento con una mente abierta, encontrará que esta es la motivación principal que el apóstol dio al pueblo de Dios para que viviera piadosamente, era la expectación del regreso de Jesucristo.

El segundo efecto que tiene esta esperanza es que nos libera de la esclavitud del tiempo, las personas de este mundo están encerradas en una prisión de unos cuantos años breves que Dios concede a cada uno y quien sabe que tan largos son en cualquier vida, más allá de eso no tienen nada. Nosotros también vivimos en el tiempo pero nuestra esperanza nos lleva más allá del tiempo a la eternidad, la esperanza nos libera de la prisión del tiempo.

En mi charla de hoy compartiré sobre la fuente de toda esperanza que es el amor de Dios, esto es lo que Pablo dice en Segunda de Tesalonicenses capítulo 2, versículos 16 y 17,

“Y el mismo Jesucristo Señor nuestro y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra.”

Que palabras más hermosas, meditemos en ellas por un momento; lo primero que vemos es que la fuente de la esperanza es el amor de Dios, Dios nos amó y por lo tanto nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia. Recuerde que el poder principal detrás del universo es el amor de Dios, Dios es un padre y cuando lo conocemos de esa manera tenemos este tipo de esperanza, es un regalo de su amor, procede de una esperanza en su invariable amor y fidelidad.

Así que la fuente de la esperanza es el amor de Dios, pero viene por medio de Jesucristo porque Pablo no solo menciona a Dios nuestro Padre, sino también al Señor Jesucristo, Él es el único canal por el que pueden entrar el amor y la esperanza de Dios en nuestras vidas.

La tercera característica de esta esperanza es que es un don, se recibe por gracia; Pablo dice que nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia. Recuerde que la gracia no puede ser ganada, cualquier cosa que pueda ser ganada no es gracia, pero las cosas que vienen por gracia solo las puede recibir por fe, así que tiene que recibir esta esperanza no tratando de ser suficientemente bueno, ni siquiera tratando de buscar un motivo racional por el que pueda tener esperanza sino como un regalo del amor de Dios dado por gracia.

Y luego con esa frase “Buena esperanza”, Pablo dice que Dios nos ha dado consolación eterna. Como ya dije, pero puede decirse muchísimas veces porque es tan importante, con la esperanza viene una consolación que va más allá del tiempo, nuestras expectaciones, anticipaciones y satisfacciones no están limitadas a este breve periodo de tiempo. La palabra ETERNA es tan rica y tan amplia, significa lo que no está sujeto al tiempo, lo que no pertenece al tiempo, lo que fue antes y será después del tiempo. Esta esperanza nos saca de esta red del tiempo en la que estamos enredados y nos pone en un nivel diferente, en un plano eterno de vida; podemos caminar por esta tierra como reyes y príncipes porque tenemos esta esperanza, ya no somos esclavos del tiempo, hemos sido liberados por el don de la esperanza que viene por la gracia de Dios.

Y luego como dije en mi charla anterior pero que necesita ser enfatizado nuevamente, esta esperanza nos fortalece para vivir piadosamente.

Después de hablar del consuelo eterno y de la buena esperanza, Pablo dice “…que Dios conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra.” Una persona sin esperanza es débil, no tiene una motivación real, cuando las cosas se ponen difíciles no tiene nada que lo haga mantenerse firme, sus manos se debilitan, se encoge de hombros y dice: “supongo que no tiene caso seguir”; pero una persona que tiene esta esperanza es fortalecida, en tiempos difíciles permanece, se mantiene firme, Dios fortalece su corazón por medio de esta esperanza.

Resumiré brevemente lo que dije con respecto a este pasaje, 5 cosas: La fuente de esperanza es el amor de Dios, viene a través de Cristo, es un regalo de gracia, es eterna, nos fortalece para vivir piadosamente.

Para concluir mi charla de hoy quiero enfatizar nuevamente la naturaleza eterna de la esperanza, leamos las palabras de Pablo en Romanos capítulo 14, versículos 7 y 8

“Porque ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Porque si vivimos, para el Señor vivimos y si morimos, para el Señor morimos, así pues sea que vivamos o que muramos del Señor somos.”

Note que no vivimos ni morimos para nosotros mismos, el que hace eso es, muy solitario y este mundo está lleno de personas solitarias, están encerradas en una prisión de su propio ser, viven para sí mismos, mueren para sí; no tienen ninguna otra expectativa, no tienen ningún otro interés, sus preocupaciones no van más allá de sí mismos y están en una prisión de sí mismos. Pero por Cristo somos liberados de esta prisión, Pablo dice que no vivimos ni morimos para nosotros mismos, vivimos y morimos para Cristo “…sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.” La muerte en realidad no tiene ningún dominio sobre nosotros, no nos atemoriza, es solamente una liberación a un nivel de vida más alto.

Necesitamos entender que Cristo se ha ocupado de los asuntos principales que son la vida y la muerte, si tenemos algún tipo de religión, de fe o de filosofía que no pueda ocuparse de la vida y de la muerte entonces es totalmente inadecuada para las necesidades humanas, porque cada uno de nosotros enfrenta la vida y luego la muerte. Pero el hecho de que Jesús murió y resucitó de entre los muertos y se convirtió en Señor de los vivos y de los muertos también, nos libera de la esclavitud de nosotros mismos y del tiempo. No vivimos para nosotros mismos, vivimos para Cristo y si morimos lo hacemos para Cristo, El está allí para recibirnos, le pertenecemos a Él, somos la responsabilidad de Dios, no tenemos que llevar la carga de arreglarlo todo, de proveer y de administrarlo todo para nosotros mismos, nuestras vidas son responsabilidad del Señor.

Recordemos las palabras del salmista David, esto es lo que dice en el Salmo 17, versículo 15 donde resume hermosamente esta expectativa

“En cuanto a mí, veré tu rostro y justicia, estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.”

Hay una esperanza que se extiende más allá de la sepultura, David dice: “Dormiré en la muerte, pero viene el día, el momento cuando despertaré, veré su rostro, seré vestido con su justicia y estaré satisfecho.” Que palabra tan poderosa es esa, SATISFECHO, cuando medito sobre ese pasaje me gusta repetirlo una y otra vez, Satisfecho, satisfecho, completamente satisfecho, estaré satisfecho. Esa es mi esperanza, esa es mi esperanza en la vida, es mi esperanza en la muerte, es la esperanza que me ha liberado del tiempo y de sus insignificantes preocupaciones; me ha liberado de mi propia pequeñez, de mis propias inhabilidades, mis debilidades, mis frustraciones. No estoy encerrado en esa prisión, ¿Qué me liberó? …. La esperanza, cuando te agradezco a Dios por esa esperanza.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para hablar de la esperanza como una parte esencial de la salvación.

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