Lo Eterno Antes que lo Temporal

Derek Prince
*Last Updated: abril de 2026
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Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con nuestro tema de esta semana “Si quiere lo mejor de Dios”.
En mis charlas previas acerca de este tema he compartido con usted seis maneras diferentes y apropiadas para completar esa oración. Es decir, la oración que empieza “Si quiere lo mejor de Dios …” en otras palabras seis cosas que usted necesita si quiere lo mejor de Dios en su vida. Repetiré esas 6 cosas, y continuaré con el tema luego para mi charla de hoy:
Primero: Si quiere lo mejor de Dios, quiera lo mejor de Dios. No se conforme con menos.
Segundo: Si quiere lo mejor de Dios, enfóquese en Jesús.
Tercero: Si quiere lo mejor de Dios, medite en la palabra de Dios.
Cuarto: Si quiere lo mejor de Dios, establezca una amistad con el Espíritu Santo. Él es administrador de todas las riquezas del reino, no obtendrá más de lo que él le de.
Quinto: Si quiere lo mejor de Dios, oiga y obedezca prontamente la voz de Dios. Y la habilidad de oír la voz de Dios es algo que tiene que cultivarse.
Y sexto: Esto está relacionado con el tela de oír; Si quiere lo mejor de Dios tenga cuidado cómo oye y lo que oye. No solo lo que oye sino cómo lo oye; y le di el ejemplo de Job que dice que como gusta la boca la comida, así el oído distingue las palabras, y si nuestra boca nos dice que algo no es sano o imposible de tragar, lo rechazamos. Y necesitamos aprender a hacer lo mismo con nuestro oído y con lo que oímos, si no es sano, si no nos hará ningún bien, si es negativo destructivo, entonces necesitamos rechazarlo, tenemos que rehusarnos a admitirlo en nuestro corazón.
Hoy compartiré con usted una séptima manera de completar la oración, esta séptima manera es: preocúpese más por lo eterno que por lo temporal. Completaré la oración con esa idea “Si quiere lo mejor de Dios, preocúpese más por lo eterno que por lo temporal”.
Ahora me gustaría leer un pasaje que compara lo eterno con lo temporal, está en los escritos de Pablo, en 2 Corintios capítulo 4, versículos 17 y 18, donde dice:
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
Note que Pablo dice que hay dos categorías de cosas, está lo eterno y lo temporal, y dice que las cosas temporales son las que podemos ver, las cosas de este mundo, las cosas que percibimos con nuestros sentidos; pero las cosas eternas, dice él, son invisibles, pertenecen a otro mundo, un mundo no visible y eterno. Y él destaca un principio tremendamente importante, dice que nuestra leve tribulación produce en nosotros un eterno peso de gloria mientras miramos no las cosas que se ven sino las cosas que no se ven.
Así que la mayoría de nosotros sufriremos tribulación, aceptemos ese hecho, tarde o temprano en nuestra vida enfrentaremos problemas, dificultades y sufrimientos, pero eso producirá en nosotros algo de eterno valor con una condición básica: mientras miramos las cosas que no se ven, pero si quitamos nuestros ojos de lo eterno y empezamos a ver cosas temporales únicamente, las cosas de este mundo que percibimos por medio de nuestros sentidos naturales; entonces nuestra tribulación ya no produce en nosotros esa gloria eterna que es el propósito de Dios que tengamos. Así que cuando tengamos problemas o aflicciones es importantísimo que aprendamos a responder de la manera correcta; esto es, no distraernos con esos problemas y con las dificultades sino mantener nuestra mirada fija, constantemente en lo eterno, en lo invisible.
Pablo expresa deliberadamente una paradoja cuando habla de ver las cosas que no se ven, esa es una paradoja intencional. Porque … ¿Cómo pueden verse las cosas que no se ven?, la respuesta es por supuesto que hacemos contacto con lo eterno no por nuestros sentidos físicos sino por fe. Percibimos lo natural con nuestros sentidos, percibimos lo eterno por fe. Y un poco más adelante en la misma epístola Pablo dice: “Por fe andamos no por vista” en otras palabras no somos influenciados principalmente por lo temporal, por las cosas de este mundo que percibimos con nuestros sentidos, sino que caminamos por fe; somos dirigidos, gobernados, controlados, motivados por las cosas del mundo invisible que son eternas.
Un poco más atrás en 2 Corintios capítulo 3, versículo 8, Pablo nos da otra revelación extremadamente importante, y es que lo eterno nos es revelado en el espejo de la palabra de Dios; en el Nuevo Testamento en varios lugares la palabra de Dios, las escrituras, es comparada con un espejo, pero se nos dice que es un espejo que no nos muestra nuestra persona natural, nuestro cuerpo físico, nuestra apariencia externa, sino que es un espejo que nos muestra lo invisible, las cosas eternas; nos muestra nuestra naturaleza espiritual, nos muestra las cosas del mundo espiritual. Y en este contexto Pablo dice en 2 Corintios 3:18:
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
Aquí el mismo principio es destacado, solo cuando miramos en el espejo de la palabra de Dios y vemos lo eterno y la gloria que Dios ha preparado para nosotros allí, es que el Espíritu Santo obra en nosotros y nos transforma a la imagen de esa gloria. Pero si quitamos nuestra vista de lo eterno entonces el Espíritu Santo ya no puede operar en nosotros esa transformación; Jesús es Señor tanto de lo eterno como de lo temporal y Él nos bendecirá en ambos sentidos, pero solo si mantenemos en orden nuestras prioridades; si nuestras prioridades están mal entonces nos perdemos la bendición del Señor, el Espíritu de Dios no puede obrar en nosotros.
Aquí está el ejemplo de un hombre que mantuvo en orden sus prioridades, es el ejemplo de Moisés descrito en Hebreos 11, versículos del 24 al 27:
“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.”
Note esa frase clave “Se sostuvo como viendo al invisible”, ese es el Dios eterno, el reino eterno, las realidades eternas; ¿Cómo las pudo ver? … no con sus sentidos sino por fe y porque por fe percibió las realidades eternas invisibles, no se apartó de su llamamiento, no perdió sus valores, no consideró mayores las riquezas de Egipto que las riquezas eternas de Dios; él estuvo dispuesto a renunciar a las riquezas de Egipto para alcanzar las eternas riquezas de Dios. Sus prioridades estaban bien porque por fe mantuvo su mirada en las realidades invisibles y eternas.
En relación con esto quiero darle lo que yo considero una advertencia muy importante, pienso que es particularmente importante para las personas en nuestras culturas y civilizaciones contemporáneas, la advertencia es esta: No persiga las riquezas, no las haga su meta. Pablo tiene algo muy triste y muy solemne que decir de los cristianos que persiguen las riquezas, en 1 Timoteo capítulo 6, versículos del 9 al 11:
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; - el fin de esa motivación es la destrucción y la perdición - porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.”
No persiga riquezas, persiga las realidades eternas, las riquezas eternas, porque si persigue riquezas temporales, si pone su mirada en ellas y las hace su meta, se va a arrepentir, se va a traspasar de muchos dolores, caerá en un lazo y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición... Escuche esas palabras, y si así está su corazón vuélvase atrás hoy mismo.
Gracias a Dios hay una alternativa, una alternativa que no es perseguir riquezas sino que busquemos el reino de Dios, y que dejemos que el reino de Dios nos de lo que necesitamos en abundancia porque Dios no es avaro, Él es generoso. Una vez que Él vea que nuestras motivaciones están bien, entonces Él desata su generosidad hacia nosotros, escuche lo que Jesús dice en Mateo capítulo 6, versículos del 31 al 33:
“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; - Jesús dice que así piensan las naciones del mundo y no son felices, están frustradas, no alcanzan lo que buscan, luego sigue diciendo: - pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. – Usted no necesita decirle a Dios que necesita comida o vestido, pero dice esto, escuche - Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas – las cosas temporales - os serán añadidas.”
Hay una gran diferencia en perseguir lo temporal y en perseguir lo eterno y dejar que Dios añada lo temporal, tiene que tener en orden sus prioridades, ponga lo eterno antes que lo temporal.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para continuar y completar este tema, compartiré con usted solo una cosa más que es importante que usted haga si quiere lo mejor de Dios.
Código: RP-R111-104-SPA