Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir este desafiante tema “Si quiere lo mejor de Dios”, en esta serie de charlas estoy sugiriendo varias maneras apropiadas para completar esa frase “Si quiere lo mejor de Dios…” Hasta el momento he compartido con usted cinco maneras y en cada caso le daré la frase completa:

Primero: Si quiere lo mejor de Dios, quiera lo mejor de Dios. En otras palabras, no acepte menos, decida que quiere lo mejor de Dios.

Segundo: Si quiere lo mejor de Dios, enfóquese en Jesús.

Tercero: Si quiere lo mejor de Dios, medite en la palabra de Dios. Esa es la clave de todo éxito verdadero y prosperidad.

Cuarto: Si quiere lo mejor de Dios, haga amistad con el Espíritu Santo. Él es administrador de todas las riquezas de la deidad.

Y quinto: Si quiere lo mejor de Dios, oiga y obedezca prontamente la voz de Dios.

Hoy voy a compartir una sexta manera de completar esta frase y es la siguiente: Tenga cuidado cómo oye y qué oye; y voy a darle la frase completa “Si quiere lo mejor de Dios, tenga cuidado cómo oye y qué oye.”

Obviamente se relaciona con mi charla de ayer “Oiga y obedezca la voz de Dios”. Y continuamos con el tema de oír, ayer dije que en toda la Biblia del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, el requisito básico para pertenecer al pueblo de Dios es oír y obedecer su voz. En el Antiguo Testamento Dios dijo a Israel: Obedezcan mi voz y yo seré su Dios y ustedes mi pueblo. En el Nuevo Testamento Jesús dijo: Mis ovejas oyen mi voz y me siguen. ese requisito nunca cambia en ninguna dispensación.

Y hoy vamos a considerar algo más respecto a oír la voz de Dios, Jesús dijo dos cosas en ocasiones diferentes en los evangelios; dijo “Mirad lo que oís”, y más adelante dijo: “Mirad cómo oís”, examinemos estas dos frases y veamos que tienen que enseñarnos. La primera, “Qué oís”, Marcos 4 versículos 23 al 25:

Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

Yo entiendo Si alguno tiene oídos para oír la voz de Dios, ya dije que no nacemos con la capacidad natural de oír la voz de Dios, es algo que tiene que ser impartido a nosotros por el Espíritu Santo, es algo que tiene que ser cultivado, pero Jesús dice: Si alguno tiene oídos para oír la voz de Dios, oiga, cultive su oído, úselo, y sigue diciendo:

Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Hay tres principios creo, que Jesús expone aquí: Primero, el requisito básico es poder oír, es decir oír la voz de Dios. “Si alguno tiene oídos para oír, oiga.”

Segundo, oyendo bien, oyendo lo correcto, aumentaremos nuestros recursos espirituales, para los que oyen, dice Jesús, se les dará más “La misma medida con que midan, les será medido”, cuanto más se dé usted a oír la voz de Dios, más le dará Dios de sí mismo; en otras palabras, nosotros decidimos la medida con la que Dios se dará a sí mismo a nosotros. La medida con que oímos es la medida con la que Dios se impartirá a sí mismo a nosotros.

El tercer principio es que oír mal o no oír del todo, reduce nuestros recursos espirituales y finalmente nos lleva a la banca rota espiritual, Jesús dice: Al que tiene se le dará, y al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará. Yo sé por experiencia, me he encontrado con ciertos cristianos que aparentan estar totalmente en banca rota y sin embargo en años anteriores abundaban en las bendiciones del Señor, ¿qué los había llevado a ese mal estado?... habían perdido su capacidad de oír, habían dejado de cultivar la capacidad y habían comenzado a oír lo que no debían, cortaron a Dios y se abrieron al mal, a fuentes negativas que los llevaron a la banca rota espiritual.

Segundo, Jesús dijo también “Mirad pues cómo oís” en Lucas 8:18:

Mirad, pues, cómo oís; - no solo qué oír, sino cómo oír - porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.

Nuevamente la misma advertencia solemne, la manera en que nos abrimos a Dios para oírlo, determinará la manera en que Dios se impartirá a nosotros, pero si cerramos los oídos a Dios oyendo otras fuentes, entonces caeremos en banca rota.

Es pues el mismo principio de aumentar o reducir según lo que oímos y cómo oímos, quiero decir algo más sobre cómo oír; tenemos que aprender cuando oímos que cosas aceptar y qué rechazar, en el libro de Job hay una declaración pertinente, Job capítulo 12, versículo 11:

Ciertamente el oído distingue las palabras, y el paladar gusta las viandas.

De manera que para lo que oímos, el oído cumple la misma función que la boca con lo que comemos, todos sabemos que si tomamos algo en nuestra boca que es amargo o desagradable o imposible de tragar, lo expulsamos. Bien, lo que dice Job ahí es que el oído necesita hacer lo mismo con lo que oye, si oímos algo que es amargo o negativo o destructivo para nuestra fe, no lo admitimos, lo rechazamos, igual que la lengua gusta la comida, el oído prueba las palabras. Yo he dicho muchas veces a la gente, cualquier cosa que sea, cualquier situación en la que se encuentre, “Haga lo mismo que cuando come pescado”, trague la carne y escupa, expulse las espinas, y si se traga las espinas se va a arrepentir. Esa es mi sencilla aplicación de lo que Jesús quiso decir con “Mirad pues como oís”, deje que las cosas buenas entren y guárdese de las malas, si permite que lo malo entre, lo lamentará.

Quiero pasar a otro principio que se relaciona con oír está en Romanos capítulo 10, versículo 17, un principio importantísimo.

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Esa es una verdad de tremenda importancia, la verdad es: Nadie necesita estar sin fe, yo recuerdo un tiempo cuando estaba sin fe, estaba enfermo en un hospital por un año entero, los doctores no podían curarme, no tenía esperanza; pero un día el Espíritu Santo dio vida a esta declaración “La fe es, o viene”, si alguien no tiene fe la puede obtener, ¿cómo?, oyendo; ¿oyendo qué?, la palabra de Dios. Y comencé a oír la palabra de Dios y por medio de ella vino la fe y llegó el día cuando me dieron de alta en el hospital y salí curado, no por medios médicos sino por el poder sobrenatural de Dios, porque recibí fe por el oír la palabra de Dios.

Pero lo importante que quiero enfatizar hoy es esto, no solo viene la fe por el oír, sino también la incredulidad viene por el oír y Pablo dice esto en 2 Timoteo capítulo 2 versículo 16 al 18, donde da un consejo a Timoteo para que viva con éxito la vida cristiana, esto dice:

Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; - o cáncer, la palabra es la misma - de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.

Pablo dice que si queremos guardar nuestra fe, que no oigamos esa clase de palabrerías, no escuche esa clase de enseñanza falsa, porque si continúa oyéndola, entrará en su corazón y en su mente y consumirá su fe como el cáncer carcome, por lo tanto cultive el oír correctamente lo que oye y cómo oye; la fe es por el oír la palabra de Dios, y como consecuencia lógica escoja sus amigos y asociados con cuidado porque ellos son a los que más va a escuchar.

Por lo tanto, escuche a las personas que tienen algo bueno que decir, no algo que destruya su fe, esto es algo que se repite en las escrituras en 2 Corintios 6:14 Pablo dice:

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

Y en Efesios 5:11 y 12:

Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.

No se asocie con personas suya conducta y conversación es mala, lo envenenará espiritualmente. Pero en el lado positivo Pablo dice esto a Timoteo en su segunda epístola capítulo 2, versículo 22

Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.

En otras palabras, si usted quiere ir tras las cosas buenas tiene que ir tras ellas en buena compañía, con los que invocan al Señor de corazón limpio.

Nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora, para compartir otra cosa que es importante que haga para obtener lo mejor de Dios.

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