El Propósito de la Vida

Derek Prince
*First Published: 1982
*Last Updated: abril de 2026
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Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted en el comienzo de esta semana, para compartir más “Llaves para vivir con éxito”, las que Dios ha puesto en mis manos a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano.
El tema que he escogido para esta época de navidad es muy hermoso y apropiado “El amor de Dios”.
Pero primero permítanme agradecer a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la que pueden escribir. Significa mucho para mí escuchar cómo este ministerio radial mío les ha estado ayudando y bendiciendo. Así que, por favor, tómense el tiempo para escribir, incluso si es solo una breve nota personal.
Ahora volvamos a nuestro tema: El Amor de Dios. ¿Qué otra frase podría expresar mejor la esencia de la navidad?.
Es mi deseo más sincero para cada uno de ustedes mis radioescuchas, que esta época de navidad, sea verdaderamente significativa y de mucha bendición; es por eso que he escogido el tema “El amor de Dios”, si usted en verdad siente el amor de Dios en esta época, entonces sus bendiciones un estarán limitadas a unas cuantas horas de placer carnal, sino que durarán hasta la entrada del año nuevo venidero y por el resto de su vida; sí, y más allá de eso, hasta la eternidad.
Por otro lado, si usted pasa por la vida sin conocer realmente a Dios, entonces no importará cuanto placer o éxito pueda lograr de otras maneras, finalmente usted habrá vivido en vano.
Para introducir este tema quiero citar unas palabras que Jesús habló en la oración al Padre, están en Juan capítulo 17, versículos del 1 al 3; leeré estas palabras porque revelan el propósito supremo de la vida
“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
Vea que aquí está el propósito de la vida, el verdadero, principal, y eterno propósito declarado en esas simples palabras “Conocer a Dios”. Conocer a Dios no en una manera general, no solo por medio de la teología, ni siquiera conocer a Dios como es revelado en la creación como el gran creador, tampoco saber que algún día nos encontraremos como juez; sino, conocer a Dios como Jesús lo llamó en ese momento, como Padre. Y eso es posible solamente a través de Jesucristo el Hijo, solo Jesús el Hijo puede revelar al Padre, ningún hombre conoce al hijo sino el Padre; y ningún hombre conoce al Padre sino el Hijo; y a quien el Hijo escoja revelar al Padre.
Así que dependemos de Dios, de Jesucristo para esta preciosa revelación, esa es una tremenda frase “…esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Yo creo que se necesita vida eterna para conocer a Dios, yo no creo que sea posible conocer al Dios eterno de la manera que él quiere que lo conozcamos en el breve periodo de una vida humana.
Pero Dios nos ha dado vida eterna a través de Jesucristo para que le conozcamos, no solo como creador, como juez, sino como Padre; y en la familia del Padre se encuentra este tesoro inefable, el amor de Dios.
Escuche lo que Pablo dice en Efesios capítulo 3, versículos del 14 al 19
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, - note que hay una familia en los cielos y en la tierra y su nombre deriva de un padre, de Dios el Padre, y en esta familia hay una revelación que no se puede recibir fuera de la familia de Dios. Pablo continúa con esta maravillosa oración: - para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”
Así que Pablo ora para que nosotros de alguna manera y con la ayuda del Espíritu Santo y por la revelación dada en Cristo, podamos comprender las dimensiones que no pueden ser medidas; la anchura, la longitud, la profundidad, y la altura; luego usa esta sorprendente frase que contiene esta paradoja deliberada: “Y de conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento”, así que hay un amor que podemos conocer pero no podemos entender porque sobrepasa todo entendimiento, este es el amor de Dios el Padre; en su familia a través de Jesucristo revelado por el Espíritu Santo en las escrituras. Una revelación que no puede venir de ninguna otra manera, este es el propósito de la vida, el conocer a Dios como Padre en esta manera, si usted tiene éxito en todas las otras áreas de su vida pero se pierde de esta revelación, este conocimiento del amor de Dios, al final su vida será un fracaso, porque no habrá comprendido el verdadero propósito de la vida. Usted podrá tener mucho éxito en su profesión, podrá ser muy diestro académicamente, podría ser muy rico, podrá ser envidiado y admirado por la mayoría de sus vecinos, pero habrá perdido lo que hace que la vida verdaderamente valga la pena y tenga sentido. Es de lo que quiero hablarle en esta época, del amor de Dios.
Quiero referirme ahora al ejemplo del apóstol Pablo como alguien que se dio cuenta de lo que importaba más en la vida, y alguien que vivió toda su vida para obtener esta meta, conocer a Dios a través de Jesucristo. Esto es lo que Pablo dice en Filipenses capítulo 3, versículos 8 y 9
“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”
Así que ese era su objetivo supremo en la vida, conocer a Cristo Jesús, conocerlo a Él, no por medio de una justicia de hacer o ganar puntos con el mérito propio guardando reglas y mandamientos, sino por medio de una revelación; un encuentro de persona a persona con Jesucristo. Pablo continúa en los siguientes versículos, del 12 al 14
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
La meta de conocer a Dios, de encontrar su amor. Y luego un poco más adelante, en el mismo tercer capítulo de Filipenses, Pablo da la triste alternativa si no hacemos esta nuestra meta y nuestro objetivo en la vida, si nuestros valores están distorsionados, y nuestras prioridades están fuera de orden, esto es lo que dice en Filipenses 3, del 17 al 19
“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.”
Me parece que esta es una alternativa muy clara, la que se nos presenta en esta época. ¿Pondremos nuestros pensamientos en cosas terrenales?, ¿Haremos de nuestro vientre un Dios?, ¿Tendremos como gloria nuestra vergüenza?, ¿Será nuestro destino final la perdición? … O tomaremos la alternativa sabia, ver el propósito real de la vida, conocer a Dios revelado en Jesucristo, conocer a Dios como Padre, comprender un amor que no puede ser comprendido, llegar a conocer un amor que sobrepasa todo entendimiento de lo que puede ser revelado por el Espíritu Santo, un amor que está escondido y contenido en la persona de Jesús.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para hablar de la relación entre el amor y la santidad de Dios.
Código: RP-R103-101-SPA