Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir este tema tan importante y retador “¿Necesita sanar su lengua?”.

En la charla de ayer vimos el testimonio claro e inequívoco de las escrituras que dice que la raíz de todo problema de la lengua está en el corazón.

Examinemos las palabras de Jesús en Mateo 12:33 y 35 que dicen:

“O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. !!Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.”

En otras palabras, la boca es el indicador de lo que está en el corazón, si el corazón es bueno las palabras serán buenas; si las palabras son malas entonces el corazón es malo. Un corazón malo no puede producir palabras buenas, ni un corazón bueno puede producir palabras malas; o es bueno a cabalidad, o es malo también a cabalidad.

También vimos que el curso completo de nuestras vidas está determinado por lo que tenemos en el corazón. Proverbios 4:23:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida”.

Otra traducción dice que el corazón es la fuente de la vida.

“Watch over your heart with all diligence, for from it flow the springs of life.” (NASB)

Ayer terminamos identificando unos problemas en nuestro corazón que se expresan frecuentemente con la lengua; amargura, resentimiento, incredulidad, impureza, orgullo.

Hoy explicaré los primeros pasos para sanar la lengua, voy a dar tres pasos sencillos, prácticos y bíblicos para enfrentar este problema.

Paso uno: Llame al problema por su nombre correcto: pecado.

Es de suma importancia que seamos sinceros en este punto, mientras usemos terminología fantasiosa o psicológica para cubrir nuestro problema, mientras intentemos de cualquier manera excusarlo o aprobarlo o pretender que no está allí, o que no es un problema serio, nada sucederá. Tenemos que llegar al momento de la sinceridad, yo lo he visto muchas veces, cuando Dios está tratando conmigo o con otras personas; si llegamos al momento de la verdad, Dios nos ayuda; mientras intentemos excusar o cubrir el mal o presentar nuestro problema de una manera fantasiosa, Dios no hace nada por nosotros. A veces decimos: Dios ayúdame, y él responde, aunque no lo escuchemos: Estoy esperando hasta que seas sincero, sincero contigo mismo y conmigo. De manera que este es el principio, el primer paso y el más importante, en cierta manera porque una vez que se da este paso, estamos listos para los otros que siguen, no antes. Llame a su problema por su nombre correcto, y el nombre es “pecado”; la gente religiosa tiene muchas maneras de excusar o minimizar el mal uso de la lengua, se piensa que no importa demasiado lo que se dice; pero Dios dice que sí importa, ya hemos visto que cada uno forja su destino con lo que dice. Jesús dijo que por nuestras palabras seríamos justificados y por nuestras palabras seríamos condenados. Es un asunto muy serio, no lo tome a la ligera, enfrente la realidad, llegue al momento de la verdad y diga: Tengo un problema y es pecado; cuando llegue allí, estará listo para el paso número dos.

Paso número dos: Confiese, reciba perdón y limpieza.

Lo repito otra vez, Confiese, reciba perdón y limpieza.

Voy a leer uno de mis pasajes favoritos en las escrituras, en 1 Juan, capítulo 1, versículo 7 al 9:

“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Nuevamente vea la importancia de ser honestos, la sangre de Cristo no limpia en la oscuridad, esta es una verdad muy profunda; únicamente cuando venimos a la luz podemos recibir la limpieza de la sangre de Jesús, si estamos caminando en la luz, entonces la sangre de Jesucristo nos limpia continuamente y nos preserva puros y sin pecado. Si decimos que no hemos pecado, y ya dije que ese es realmente nuestro problema con nuestra lengua, si no reconocemos nuestros problemas de la lengua como pecados, decimos que no hemos pecado, nos estamos engañando y la verdad no está en nosotros, no andamos en luz, estamos aún en tinieblas y la provisión de Dios no opera en la oscuridad. Pero cuando llegamos a la alternativa, si confesamos nuestros pecados, si venimos a la luz, si reconocemos la naturaleza verdadera y la seriedad de nuestro problema, entonces tenemos esta declaración maravillosa “Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Dos palabras se usan aquí “Fiel y justo”, Dios es fiel porque él lo ha prometido así y Dios siempre cumple sus promesas; es justo porque Jesús ya ha pagado por el pecado nuestro, por lo tanto nos puede perdonar sin transigir su justicia. Si confesamos nuestros pecados, las escrituras nos garantizan que Dios en fidelidad y en justicia hará dos cosas, perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad. Dios no solo perdona, y eso es maravilloso, pero en cierto sentido lo otro es más importante, nos limpia. Una vez que nuestros corazones son limpios, debido a que el corazón es la fuente de la vida, ya no seguimos cometiendo el mismo pecado.

Si usted cree que sus pecados han sido perdonados, pero encuentra en la experiencia que no ha sido limpiado, me gustaría cuestionar si en realidad ha sido perdonado, porque el mismo Dios que perdona, limpia. La misma escritura que promete perdonar, también promete limpieza; yo cuestiono lo idea de que Dios se quede a medio camino, si cumplimos las condiciones, Dios nos da lo que promete; si no cumplimos las condiciones, no recibimos ni la mitad, no recibimos nada. “Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y para limpiarnos de toda maldad”, una vez que el corazón haya sido limpiado, entonces el problema ya no está allí; recuerde que la condición del corazón es la que determina lo que sale de la boca; un corazón limpio no puede producir expresiones sucias, expresiones sucias indican suciedad en el corazón; si venimos a la luz y confesamos y declaramos el problema y nos volvemos a Dios con el problema, entonces Dios es fiel y justo, él perdona, el historial del pasado es borrado. Y segundo, Dios limpia su corazón; y de un corazón limpio lo que sale de la boca es limpio y puro, si su corazón glorifica a Dios, su boca también lo glorificará, Dios resuelve el problema de la lengua y de los labios tratando con la condición del corazón.

Llegamos ahora al tercer paso, y es este: Rechace el pecado, ríndase a Dios.

Hay un negativo y un positivo, y los dos van juntos como los dos lados de una moneda, usted tiene que rechazar al pecado, Dios da el perdón, Dios hace la limpieza, pero ahora usted tiene que ejercer su voluntad, usted tiene que ejercer su voluntad en las dos direcciones, tiene que decir no al pecado y sí a Dios, porque si no lo hace estará en un vacío que será llenado luego por el mismo pecado, jamás podrá escapar del pecado sin rendirse a Dios.

Oiga lo que dice Pablo en Romanos 6:12 al 14:

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

Bien, cuando el pecado se presente, dígale: No; no presentaré mi cuerpo, especialmente esta parte de mi cuerpo que me da tantos problemas, mi lengua, ya no controlarás mi lengua más. Luego vuélvase a Dios y dígale: Dios, presento mi lengua a ti y te pido que controles este miembro que no puedo controlar.

Veamos lo que dice Santiago, ya lo hemos oído. Santiago 3:7 y 8:

“Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.”

¿Acepta usted esta verdad?, usted no puede domar su lengua, usted no la puede controlar, ¿Está usted dispuesto a recibir esta verdad?; muy bien, hay solo un poder que puede controlar la lengua, ese es el pode de Dios, es el poder del Espíritu Santo, usted ha sido perdonado, ha sido limpiado. Ahora cuando sea retado nuevamente para usar su lengua pecaminosamente, dígale usted al pecado: No puedes tener mi lengua, rehúso presentártela. Y dígale al Espíritu Santo: Espíritu Santo presento mi lengua a ti, no la puedo controlar, pero te pido que tú la controles.

Repasemos brevemente estos tres pasos. Primero; llame a su problema por su verdadero nombre, llámelo pecado. Segundo; confiese, reciba el perdón, la limpieza. Y tercero; rehúse rendirse al pecado, determine rendirse a Dios. Este es el clímax del proceso de la liberación y la sanidad, es rendirse a Dios, al Espíritu Santo, presentarle ese miembro que usted nunca puede controlar.

Nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora para explicar la razón por la que tiene una lengua.

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