Santificación

Derek Prince
*First Published: 1981
*Last Updated: abril de 2026
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Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted este tema de vital importancia “Cómo vencer el mal”.
En los estudios previos de esta semana hemos llegado a ver que como cristianos estamos participando de un tremendo conflicto que abarca a todo el universo desde el cielo hasta la tierra, es el conflicto entre Dios y las fuerzas del bien de un lado, y del otro Satanás y las fuerzas del mal. Hemos visto a Satanás como el enemigo, el adversario, el oponente de Dios, de sus propósitos y de su pueblo, quien gobierna un reino en el espíritu compuesto de ángeles rebeldes, caídos, y hace todo lo que puede para oponerse al pueblo de Dios y para frustrarnos, herirnos y realmente destruirnos. A la luz de esta revelación de las escrituras podríamos fácilmente atemorizarnos y desalentarnos si las escrituras no proveyeran un fundamento inquebrantable que nos de valor y confianza. Permítame darle brevemente algunas de las escrituras que contrarresten este cuadro de mal y que nos muestren que estamos diseñados para ser victoriosos y que tenemos todo lo que necesitamos de parte de Dios para salir vencedores.
Primeramente en 2 Corintios 10:4 y 5:
“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, - No son físicas ni materiales - sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”
Nuestras armas son espirituales suplidas por Dios y son divinamente poderosas, literalmente son poderosas por medio de Dios. En otras palabras cuando operamos estas armas que Dios nos ha dado en fe y dependencia de Dios, el mismo poder de Dios es nuestro a través de esas armas; así que estas armas son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, las de Satanás. Note que no estamos a la defensiva, no estamos suponiendo por donde atacará Satanás, sino que nos adelantamos para atacar, atacamos las fortalezas de Satanás para destruirlas con estas armas espirituales de las que hemos estado hablando. Y Pablo continua en el siguiente versículo:
“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios”
Todo lo que se opone al conocimiento de Dios, al propósito de Dios y al pueblo de Dios, donde quiera que Satanás haya erigido una fortaleza, es nuestra responsabilidad en Dios de salir contra estas cosas y destruirlas con las armas que Dios nos ha dado. No debemos quedarnos pasivos, no debemos estar a la defensiva, tenemos que darnos cuenta lo que somos en Dios, con lo que Dios nos ha suplido y atacar con fe. Tal vez usted diga que es tan débil o tan indigno, bueno tenga cuidado como usa esas palabras, porque a veces es el diablo quien pone esas ideas en su mente. En cierto sentido es cierto que usted es débil, pero déjeme leerle estas palabras de Pablo. En 1 Corintios 1:27 y 28:
“Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es.”
Así que podemos decir que somos necios, débiles o viles y en cierto sentido es cierto, pero recuerde que en su infinita sabiduría Dios ha escogido personas así, personas como usted y yo, para deshacer lo que es que es primordialmente el reino de Satanás. Nuestra confianza como usted puede ver no está en nosotros mismos, sino en nuestras armas, y usted recuerda las tres armas de las que hemos venido hablando: La sangre de Jesús, la palabra de Dios y nuestro testimonio; que hemos aplicado de esta manera “Vencemos a Satanás cuando testificamos personalmente lo que la palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hace por nosotros.”
Voy a repetir esta declaración muchas veces esta semana hasta que usted la pueda decir dormido, porque tiene que llegar a ser parte de su manera de pensar, aún cuando no esté conscientemente en guardia o conscientemente en el espíritu, usted tiene que tiene que tener esta actitud bien arraigada en su ser “Vencemos a Satanás cuando testificamos personalmente lo que la palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hace por nosotros.”
Hoy voy a compartir otra provisión más de la sangre de Jesús “La santificación”.
Esta es una palabra que podríamos catalogar como técnica en el Nuevo Testamento, viene de una raíz latina y a veces asusta a la gente, pero voy a explicarla con sencillez, sin entrar en mucho detalle. Santificar significa hacer santo y significa: Apartar algo o alguien para Dios; una persona santa es aquella que está apartada para Dios. Ahora veamos lo que dicen las escrituras sobre la manera en que somos santificados por la sangre de Jesús. Hebreos 13:12 es un buen versículo.
“Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.”
En otras palabras, fue crucificado fuera de la ciudad, ¿Porqué fue así? … para santificar al pueblo, en otras palabras, por la sangre de Jesús somos santificados, apartados para Dios.
Quiero mostrarle nuevamente algo del patrón de la pascua con el que comenzamos esta serie, cómo la sangre del cordero de la pascua tuvo este efecto sobre Israel, lo santificó, lo apartó para Dios de una manera específica. Voy a leer dos pasajes de Éxodo que dicen esto. Primero, Éxodo 11, versículo 4 al 7:
“Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas.”
Esta es la frase clave “El Señor hace la diferencia entre los suyos y los que no son suyos”, para que la ira y el juicio caiga sobre los que no son suyos, pero el pueblo de Dios está tan protegido que ni siquiera los perros le ladrarán; y también vemos que la base de esta distinción de esta separación era la sangre del cordero de la pascua. Leamos el pasaje nuevamente repetido para énfasis, en Éxodo 12, versículos 21 al 23:
“Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. Y tomad un manojo de hisopo, - recuerde que el hisopo es nuestro testimonio que transfiere la sangre al lugar de la necesidad - y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, - por eso se llama Pascua, en hebreo significa “pasar por alto”, porque el Señor pasó por alto las casas rociadas con la sangre - y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.”
Vea usted que la diferencia entre Israel y Egipto, radicaba en la sangre del cordero cuando era visible en el exterior de sus casas, toda casa que tuviera la sangre afuera estaba santificada, estaba separada para Dios, ningún poder maligno podía entrar en esa casa porque el Señor había hecho la diferencia entre su pueblo y los que no eran suyos, la diferencia se hacía con la sangre del cordero.
Voy a regresar al versículo de Hebreos 13:12, que dice exactamente cómo nos santifica la sangre de Jesús.
“Por tanto, Jesús también, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.”
Santificar es hacer santo, apartar para Dios, así que mediante su sangre Jesús nos santificó, nos hizo santos, nos apartó para Dios.
Hagamos ahora la aplicación igual que hemos hecho con las otras, vamos a ser el testimonio correcto, va de esta manera: Mediante la sangre de Jesús estoy santificado, hecho santo, apartado para Dios. Quiero que repita lo mismo conmigo para su bien y bendición, yo no quiero tener todas las bendiciones solamente, sino que quiero compartirlas con usted querido oyente, yo estoy recibiendo gran bendición; también quiero que usted sea bendecido, así que voy a repetir estas palabras frase por frase, dígalo después que las digo yo: Mediante la sangre de Jesús estoy santificado, hecho santo, apartado para Dios. Porqué no lo dice una vez más, estoy seguro que muchos tienen serios problemas pensando que nunca serán santos, no importa cuánto traten, pues tome el hisopo de su testimonio, sumérjalo en la sangre y la sangre se encargará de la tarea. Repítalo después de mí: Mediante la sangre de Jesús estoy santificado, hecho santo, apartado para Dios. Después puede decir las consecuencias, por ejemplo, yo digo a menudo estas palabras: “El diablo no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, ninguna deuda que pagar sin cobrar, todo ha sido saldado por la sangre de Jesús.” ¿Le gustaría decir eso conmigo antes de terminar? … “El diablo no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, ninguna deuda que pagar sin cobrar, todo ha sido saldado por la sangre de Jesús. Mediante la sangre de Jesús estoy santificado, hecho santo, apartado para Dios.”
Bien, nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora, para hablar de otra maravillosa provisión que tenemos en la sangre de Jesús.
Código: RP-R079-104-SPA