Venciendo mediante la sangre del Cordero

Derek Prince
*First Published: 1981
*Last Updated: abril de 2026
10 min read
Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted en la conclusión de otra semana, nuestro tema ha sido “Cómo vencer el mal”.
En mi charla de ayer la basé en el cuadro de nuestra guerra contra Satanás que se encuentra en Apocalipsis capítulo 12, versículo 10 y 11 y voy a leer esos versículos nuevamente:
“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.”
Apunté ciertas características importantes de esa descripción de la victoria de los creyentes sobre Satanás. Primeramente es una lucha de persona a persona, entre los creyentes por un lado y Satanás por el otro; dice: “Ellos – los creyentes – le han vencido”. Un conflicto directo entre persona y persona, no debemos evitarlo, es una realidad de las escrituras, tenemos que enfrentar a Satanás directamente y debemos vencerlo.
Segundo, dije que se requiere un compromiso total para ganar la victoria, no apreciaron sus vidas tanto como para no morir. Di el ejemplo de un soldado en tiempos de guerra, cuando es llamado o se enlista como voluntario, no sirve con la condición que no tenga que dar su vida, todo soldado en el ejército sabe que le puede costar su vida y así es como debe ser con los cristianos. No hay ningún punto en nuestro compromiso que nos permita echarnos atrás, no importa cual fuese el costo, aún si fuese la vida misma, este es el compromiso que se requiere para ganar la victoria.
Luego señalé las armas que se mencionan allí y dije que son tres: La sangre del cordero La palabra de Dios Y el testimonio de los creyentes Los repito: La sangre del cordero La palabra de Dios Y el testimonio de los creyentes Expliqué que la figura se toma de la ordenanza del Antiguo Testamento de la pascua; expliqué que para proteger su hogar todo israelita tenía que tomar un cordero, el padre de familia tenía que sacrificarlo, recoger la sangre en un recipiente y luego transferirla del recipiente a la casa donde se necesitaba la protección. La sangre en el recipiente era capaz de proteger, pero no aseguraba la protección, para poder obtener esa protección el padre tenía que transferir la sangre del cordero al lugar donde vivía, tenía que aplicarla al dintel y a los dos postes de la casa, y para pasar la sangre del recipiente a la casa tenía que usar una cosa en particular, un manojo de hisopo, una planta que crece abundantemente en el Medio Oriente. Sin embargo, aún siendo un artículo común era absolutamente esencial, porque era la única manera autorizada para transferir la sangre del cordero, del recipiente al lugar donde se necesitaba su protección.
En mi charla de hoy voy a mostrarle la manera en que esto se aplica a nuestra guerra espiritual contra Satanás, particularmente voy a mostrarle lo que significa para nosotros ejercer la autoridad que nos ha sido dada para aplicar la sangre.
Hay algo en el Nuevo Testamento que corresponde al hisopo que transfería la sangre del cordero de la pascua del lebrillo al dintel y a los postes de la casa.
Primeramente quiero dejar bien claro que el Nuevo Testamento demuestra que el cordero de la pascua es una figura de Jesús, el cordero de Dios, que todo lo que fue revelado típicamente del cordero de la pascua, fue cumplido totalmente en Jesús el cordero de Dios, y por su muerte en la crus. Quiero darle dos pasajes: Primero en Juan 1, versículo 29, hablando de Juan el bautista aparejando el camino de Jesús:
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Por revelación, Juan señaló a la gente de su tiempo a Jesús como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Todo israelita que oyó esa frase “Cordero de Dios”, se acordó por su tradición y trasfondo de la ceremonia sagrada del cordero de la pascua.
Luego en 1 Corintios capítulo 5, versículo 7, Pablo dice lo siguiente, y aquí la aplicación es más precisa. 1 Corintios 5:7
“…porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”
Es un hecho histórico, cuando Cristo murió en la cruz, era el cordero de Dios quitando el pecado del mundo, era el cordero de la pascua que fue sacrificado para que por su sangre la protección y victoria total pudiesen ser entregadas a su pueblo.
Ahora regresaré al Antiguo Testamento, el patrón de la pascua para mostrarle como se aplica esto exactamente. Dije que en la ceremonia de la pascua la sangre del cordero tenía que ser derramada en un lebrillo y quedaba en el lebrillo lista, pero allí en el lebrillo no protegía, para obtener su protección la sangre tenía que ser transferida del lebrillo a la casa, al lugar donde vivía cada familia, y había una sola manera de hacerlo. Para transferir la sangre del lebrillo a la casa tenía que usarse un manojo de hisopo, el padre metía el hisopo en la sangre que estaba en el lebrillo y luego la rociaba sobre el dintel y los postes de la casa.
Bien, el mismo principio se aplica para que sea efectiva la sangre de Jesús, el cordero de nuestra pascua que fue sacrificado por nosotros, su sangre ha sido derramada, por medio de ella la protección y la victoria total están a la disposición del pueblo de Dios. Pero en términos del patrón de la pascua, la sangre de Jesús vertida en la cruz, está, podríamos decir, en el lebrillo, allí está, está disponible; hará todo lo que necesitamos, pero para revivir su protección y la victoria que ofrece tenemos que transferir la sangre a nuestras propias vidas, el lugar de nuestra residencia, tenemos que aplicarla personalmente. En la ceremonia de la pascua se usaba un manojo de hisopo, obviamente nosotros no hacemos eso, pero Dios nos ha dado algo que es tan real y efectivo como el hisopo.
Regresemos a la frase que dice Apocalipsis “y ellos le han vencido por medio de la sangre del cordero y de la palabra del testimonio de ellos”; las dos frases claves son: La palabra y el testimonio de ellos.
Quiero compartir ahora una de las verdades más preciosas que Dios me haya revelado jamás y que ha sido de gran efectividad en mi propia vida, es esta: Para poder transferir la sangre de Jesús al lugar donde necesitamos protección y victoria, no usamos hisopo, sino nuestro testimonio personal. En el Nuevo Testamento nuestro testimonio ocupa el lugar del hisopo en el viejo, y así transferimos la sangre de Jesús en nuestras vidas cuando testificamos personalmente lo que la palabra de Dios dice sobre la sangre de Jesús. Nuestro testimonio es el hisopo, que toma la sangre de Jesús vertida en la cruz y la aplica a nuestras vidas.
Vea usted, los tres elementos presentes, las tres armas que puestas juntas nos dan la victoria total. La primera es la sangre del cordero. La segunda, la palabra de Dios. Y la tercera, nuestro testimonio personal, el que decimos nosotros mismos con nuestros propios labios. Puesto que Cristo ya ha sido sacrificado la sangre de Jesús está siempre en el lebrillo, está siempre disponible, la palabra de Dios nunca cambia, es invariable, el factor variable en esta operación es nuestro testimonio; nuestro testimonio corresponde al hisopo, es algo simple, al alcance de todos; sin embargo es crucial. Sin el hisopo en el Antiguo Testamento la sangre del cordero de la pascua no hacía nada para nadie, estaba allí pero era inefectiva, igualmente en el Antiguo Testamento, sin nuestro testimonio la sangre de Cristo está allí con todo lo que hemos necesitado y todas sus provisiones que están reveladas por la palabra pero es nuestro testimonio, el nuestro nada más que hace que todo sea efectivo.
Por lo tanto, escuche con cuidado nuevamente: Para vencer a Satanás por la sangre del cordero y la palabra de nuestro testimonio personal, tenemos que testificar lo que la palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hará por nosotros; todo lo que la palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hará por nosotros, tenemos que decir que ya lo está haciendo por nosotros. Y cuando lo hacemos personal, cuando lo decimos con confianza, cuando lo afirmamos para que todo el mundo invisible lo oiga, cuando decimos: Esto es lo que la palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hace por mí y lo está haciendo ahora mismo. Entonces ese es el hisopo que toma la sangre y la aplica a nuestras vidas y nos da la protección y la victoria total.
Bueno, nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré la próxima semana a la misma hora, de lunes a viernes, para continuar con este tema. La próxima semana, enseñaré la manera de aplicar la sangre de Jesús en todas las áreas de su vida.
Código: RP-R078-105-SPA