Me alegro de estar nuevamente con usted esta semana para continuar con nuestro tema acerca del “Ayuno”.

En mis charlas previas de esta semana dije que el ayuno es una clave que se dejó de lado, aunque aparece en muchos pasajes de la Biblia. Sin embargo fue puesta a un lado donde y quedó olvidada por la iglesia cristiana. Primero, empecé con una definición simple del ayuno, este “es abstenerse voluntariamente de comida para propósitos espirituales”. Expliqué que el ayuno es una manera que Dios ha establecido para que su pueblo se humille ante él. Además hablé de que el ayuno no solo fue practicado por Jesús, sino también enseño a sus discípulos y a la iglesia del Nuevo Testamento a que lo hicieran. Destaqué que cuando Jesús habló del ayuno Él no dijo “si ayunas” sino “cuando ayunes”, poniendo así el ayuno al mismo nivel que dar limosna y orar. Él dijo “cuando des limosna, cuando ores y cuando ayunes”.

Hoy hablaré sobre los detalles prácticos del ayuno, explicaré como el ayuno cambia la personalidad interna. Lo primero que debemos ver con claridad absoluta en las Escrituras es que: el Espíritu Santo es el poder que hace posible la vida cristiana. Ningún otro poder puede capacitarnos para vivir el tipo de vida que Dios requiere de nosotros los cristianos. No podemos hacerlo por nosotros mismos, con nuestra propia voluntad o fuerza. Solo se puede lograr dependiendo del Espíritu Santo. Por lo tanto la clave para una vida cristiana exitosa es saber cómo liberar el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas para que podamos hacer las cosas que no podríamos hacer con nuestras propias fuerzas. Jesús les indicó esto a sus discípulos después de la resurrección y antes de enviar a los discípulos para el ministerio. En Hechos 1:8, Él dijo esto:

“8 pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”

Él les dijo: “Para que puedan hacer lo que les he encomendado, necesitan un poder mayor del que ustedes tienen. Ese poder vendrá del Espíritu Santo. No comiencen el ministerio hasta que el poder del Espíritu Santo haya venido sobre ustedes”.

Compare esto con las palabras de Pablo en Efesios, donde habla principalmente sobre el poder de la oración; Efesio 3:20 dice:

“20 Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros.”

Pablo dice que Dios puede hacer cosas mucho más abundantemente de lo que nosotros podemos imaginar, o pensar, pero depende de que su poder obre en nosotros. Lo que Dios puede hacer a través de nosotros no depende de nuestros pensamientos o de nuestra imaginación, sino que depende de que su poder sobrenatural sea liberado en nosotros, ya sea en la oración, en la predicación o en cualquier forma de servicio. La clave está en saber cómo liberar el poder del Espíritu Santo y ser canales o instrumentos por medio de los cuales Él pueda obrar sin impedimento alguno.

Al ver esto, podemos pasar al siguiente hecho de las Escrituras. La vieja naturaleza carnal se opone al Espíritu Santo. La esencia, y el carácter de la vieja naturaleza son tales que no se doblega ante el Espíritu Santo. Se opone al Espíritu. En el Nuevo Testamento esa naturaleza carnal, lo que somos por naturaleza antes de ser transformados por el nuevo nacimiento de la gracia de Dios, se llama “carne”. Este término no significa solo nuestro cuerpo físico, sino toda la naturaleza que hemos heredado como descendientes de nuestro primer padre, Adán, quien fue un rebelde. En otras palabras, en cada uno de nosotros, por allí está escondido un rebelde. ¡Esa es la naturaleza carnal!

En Gálatas, Pablo escribió acerca de esa naturaleza carnal. Leemos Gálatas 5:16 y 17:

“16 Digo, pues: Andad por el Espíritu, [escrito con una “E” mayúscula] y no cumpliréis el deseo de la carne. Note que dependemos del Espíritu Santo y Pablo continua17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis”

Eso es algo muy claro e importante. La naturaleza carnal se opone al Espíritu de Dios. Si nos entregamos a la naturaleza carnal, nos estaremos oponiendo al Espíritu de Dios. Si queremos ceder al Espíritu Santo, tendremos que tratar con la naturaleza carnal porque mientras ésta nos controle y actúe a través de nosotros, lo que hagamos estará en conflicto con el Espíritu Santo.

Esto se aplica no solo a nuestros deseos físicos, sino también a lo que la Biblia llama la mente carnal, que es la forma de pensar de la vieja naturaleza carnal no regenerada. En un poderoso versículo de Romanos, Pablo dice una gran verdad sobre la mente carnal; leemos Romanos 8:7:

“ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios”,

Aquí Pablo usa unas palabras fuertes. Dice que la carne se opone al Espíritu Santo, y que la mente carnal es enemiga de Dios. No existe neutralidad. No hay ninguna indicación de que la naturaleza y la mente carnal puedan ser persuadidas a hacer la voluntad de Dios, es imposible. La mente carnal, por naturaleza, es enemiga de Dios.

¿Qué entendemos por mente carnal? Yo lo entiendo de este modo: Es el alma vieja no regenerada en sus funciones principales. Las funciones del alma, generalmente se definen como: la voluntad, la inteligencia y las emociones. Cada una de ellas se puede resumir en una palabra corta y muy conocida: La voluntad dice: Yo… “Quiero”, la inteligencia o la mente dice: Yo…”Pienso”, las emociones dicen: Yo…“Siento”. El hombre natural no regenerado está dominado y controlado por esas tres expresiones del ego: “Quiero”, “Pienso”, y “Siento”. Así es como opera la naturaleza carnal. Si queremos someternos al Espíritu Santo y si Él se estará moviendo a través de nosotros con libertad, entonces la naturaleza carnal debe estar sujeta al Espíritu Santo. Debemos someter al Espíritu de Dios el “Yo quiero”, “Yo pienso” y el “Yo siento”. Según el patrón de Dios en las Escrituras, esto se logra a través del ayuno. Así fue como Jesús lo hizo, también Pablo lo hizo así y es lo que usted y yo deberíamos hacer.

Voy a leer el propio relato de Pablo de cómo él luchó contra su naturaleza carnal y cómo obtuvo la victoria sobre ella. Leemos 1ra Corintios, capítulo 9, versículos 25 al 29, Pablo describe esta lucha en términos de un atleta que se entrena para conseguir la victoria:

“25 Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, Él está diciendo yo como hombre tengo una meta, tengo un propósito, estoy bajo disciplina y lo resume de esta manera. 27 sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.”

Pablo entendió que tenía que someter su naturaleza carnal si iba a tener éxito en su llamado divino. Esto nos deja a cada uno de nosotros con unas preguntas: ¿Quién es el amo, y quien es el siervo en cada uno de nosotros?, ¿Es el cuerpo el amo y el espíritu solo un esclavo? o ¿Es el espíritu el amo y el cuerpo el siervo? Le diré esto, su cuerpo es un siervo maravilloso pero un amo terrible.

Recuerdo la historia de un amigo mío, un abogado que me oyó predicar una vez sobre el ayuno y decidió que el que tenía que hacerlo. Entonces, apartó un día para ayunar, pero tuvo un día miserable. Cada vez que salía a la calle parecía encontrarse frente a un restaurante de donde salía un rico aroma de la comida, o estaba frente a una pastelería con todo tipo de postres en la vidriera. Tuvo una intensa lucha interna, así que al final del día le dio una reprimenda a su estómago. Él me contó después que le dijo esto: “Estómago hoy has sido muy rebelde. Me has causado problemas innecesarios y por eso te voy a castigar. Mañana también voy a ayunar”.

Esa fue una lección tremenda para mí, sobre como establecer quién es el amo y quién es el siervo. Recuerde: su cuerpo es un siervo maravilloso pero un amo terrible. Si usted quiere tener éxito en su vida como creyente y obtener la corona en la “carrera cristiana”, tendrá que establecer este fundamento en su propia experiencia, de que su cuerpo no es quien gobierna, o lo controla, y que usted no está a expensa de sus caprichos o sus deseos. En cambio debe estar controlado por un sentimiento del destino y propósito de Dios para su vida. En ese sentido usted hará todo lo que sea necesario para someter su cuerpo de tal manera que no lo controle, ni obstaculice o le impida correr su carrera. Creo que una de las maneras bíblicas para hacer esto es el ayuno regular.

Cuando ayuna, usted le está diciendo a su cuerpo y a su naturaleza carnal: “Tú no me controlas. No me someto a ti. Tú eres mi siervo y obedecerás lo que el Espíritu de Dios en mi declara lo que tengo que hacer”.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora, para tratar como el ayuno cambiar la historia.

Como
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