El ayuno en la vida de Jesús

Derek Prince
*First Published: 1980
*Last Updated: abril de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar hablando sobre el tema del ayuno.
En mi charla introductoria de ayer describí el ayuno como una clave que se dejó de lado, pero que se encuentra que en toda la Biblia. Sin embargo, la iglesia cristiana dejó de lado, olvidándose de esta práctica. Empecé con una definición simple del ayuno: “es abstenerse voluntariamente de comida para propósitos espirituales”. Algunas personas, a veces, no solo se abstienen de alimentos, sino también de beber, pero esa es la excepción y no la norma. Repetiré esa definición, el ayuno es “abstenerse voluntariamente de comida con propósitos espirituales”.
El propósito principal, según la Biblia es humillarse. Ayunar es una forma Bíblica de humillarnos. Dije que Dios requiere que su pueblo se humille ante de él. Dios ha revelado que una manera simple y práctica de humillarnos es a través del ayuno.
Vimos algunos ejemplos históricos del Antiguo Testamento: el ejemplo de David en los Salmos, de Esdras y los exiliados regresando de Babilonia, el de Josafat y el pueblo de Judá, y luego el día de la Expiación, el día más sagrado del calendario judío en el que se requiere que todos los judíos ayunen. La naturaleza esencial del ayuno es renunciar a lo natural para invocar lo sobrenatural. Lo más natural para nosotros es comer. Cuando dejamos de comer, estamos deliberadamente dejando a un lado lo natural para volvernos a Dios y a lo sobrenatural. Esto tiene un significado profundo.
Hoy hablaré sobre el ayuno como parte de la vida y ministerio de Jesús y de la iglesia del Nuevo Testamento. En primer lugar, el Señor Jesús practicaba el ayuno, como relata en Lucas capítulo 4, versículos 1 y 2:
Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto 2 por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre.
Expliqué previamente que esas palabras indicaban que Jesús se abstuvo de comida pero probablemente bebió agua. Antes de que Jesús comenzara su ministerio público, ocurrieron dos experiencias críticas por las que Él pasó. Primero, el Espíritu Santo descendió sobre Él y fue investido de un poder sobrenatural del Espíritu para su ministerio. Sin embargo, no comenzó su ministerio de inmediato. La segunda experiencia fue cuarenta días de ayuno en el desierto. El se abstuvo de comer y se enfocó en lo espiritual. Durante ese tiempo tuvo aparentemente un conflicto directo y cara a cara con Satanás. A través de su ayuno, salió victorioso de ese primer conflicto contra Satanás. Esta ilustración pareciera indicar que el ayuno es esencial en nuestras vidas si queremos obtener victoria sobre Satanás. Si Jesús tuvo que ayunar para obtener la victoria, no entiendo como cualquiera de nosotros puede anhelar la victoria sin hacer lo mismo que Jesús hizo.
Observe el resultado del ayuno en la vida de Jesús. En el Evangelio de Lucas, capítulo 4, versículo 14 dice:
14 Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y las nuevas[f] acerca de Él se divulgaron por toda aquella comarca.
Hay una diferencia muy significativa en esas dos frases usadas. Cuando Jesús fue al desierto dice que Él estaba “lleno del Espíritu Santo”. Pero cuando regresó después de cuarenta días de ayuno, dice que “regresó…en el poder del Espíritu”. En otras palabras, una cosa es estar lleno del Espíritu y otra estar en el poder del Espíritu. Desde su bautismo en adelante, el Espíritu estaba ahí; pero fue su ayuno lo que liberó el poder del Espíritu Santo para que fluyera en su vida y ministerio sin impedimento alguno. Nuevamente, creo que este es un patrón para nosotros.
Jesús mismo dijo después en Juan 14:12:
12 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que estas hará, porque yo voy al Padre.
Quiero señalar que las obras que Jesús hizo comenzaron con el ayuno. Si queremos hacer lo que él hizo sería lógico pensar que debemos comenzar donde Jesús lo hizo: con el ayuno.
Jesús también enseñó a sus discípulos sobre el ayuno. En el sermón del Monte en Mateo, capítulo 6, versículos 17 y 18, El dijo a sus discípulos:
17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18 para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Jesús promete una recompensa para quienes practican el ayuno de manera adecuada y con los motivos correctos. Quiero que observe una pequeña palabra muy importante, cuando Jesús habló del ayuno no dijo “si ayunas” sino señaló “cuando ayunes”. Es decir, si hubiera dicho “si ayunas” habría dejado abierta la posibilidad de que no practicarían el ayuno. Pero cuando dijo “cuando ayunes” obviamente suponía que ellos practicarían el ayuno.
El tema del capítulo 6 de Mateo son tres tareas principales del cristiano: Dar a los pobres, orar y ayunar. En las tres ocasiones Jesús usó la misma palabra: “cuando”, nunca usó el condicional “si”. En Mateo 6:2 dice: “Cuando, des limosna”,
en Mateo 6:5 dice: “cuando oréis”
y en Mateo 6:17 dice: “Cuando ayunes”.
Nunca dejó abierta la posibilidad de que estas tres cosas no se hicieran. Él puso a estas tres, esencialmente, en el mismo nivel: Dar, orar y ayunar. Sin lugar a duda, esto sería aceptado por la mayoría de los cristianos de que es nuestro compromiso dar y orar, pero en base a eso es igualmente nuestra obligación ayunar, Jesús puso esas tres cosas en precisamente al mismo nivel.
El ayuno no solo fue practicado por Jesús también lo hacía la iglesia del Nuevo Testamento. En Hechos capítulo 13, versículos del 1 al 4 leemos acerca de la iglesia en Antioquía:
En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2 Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. 3 Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron.4 Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre. (LBLA)
Los líderes de la iglesia estaban ministrando al Señor y ayunando juntos. En el transcurso de su ayuno recibieron una revelación del Espíritu Santo, de que dos de ellos serían enviados para un ministerio apostólico especial. Al recibir esa revelación, ellos no los enviaron de inmediato, sino que, “entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron”.
Luego dice: “Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo”. Vemos nuevamente que el ayuno nos transfiere de lo natural a lo sobrenatural. Cuando los lideres salieron del entorno natural por medio del ayuno, ellos tuvieron una revelación y una autorización de una clase sobrenatural y el Espíritu Santo mismo tomó la responsabilidad por lo que ellos hicieron. Pero el camino fue abierto gracias al ayuno colectivo.
Luego de que Pablo y Bernabé había emprendido este ministerio, leemos lo que hicieron cuando establecieron convertidos en varias ciudades en sus iglesias pertinentes. Veamos en Hechos, capítulo 14, versículo 23:
23 Después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
El ayuno no fue algo aislado y extraño, sino que los apóstoles practicaban regularmente y también se lo enseñaban a sus nuevos discípulos.En realidad las dos causas principales en la extensión del evangelio en la iglesia primitiva fueron, primero el enviar apóstoles y en segundo lugar establecer a los nuevos convertidos al designar ancianos.Es muy significativo que la iglesia primitiva no hiciera ninguna de estas dos cosas sin primero ayunar y buscar la dirección y ayuda sobrenatural de Dios. En cierto sentido, podemos decir que el crecimiento y expansión de la iglesia primitiva giraba en torno al ayuno colectivo.
Finalmente quiero leer el testimonio de Pablo acerca de su vida y ministerio, recordando que Pablo fue uno de los hombres involucrados en todo lo que ocurrió allí. En 2 Corintios 6:4-6, Pablo escribió:
4 sino que en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, 5 en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, 6 en pureza, en conocimiento, en paciencia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero.
Pablo describe aquí varios aspectos de su carácter y conducta que marcaron tanto a él y a sus colaboradores como verdaderos siervos de Dios. Entre estos menciona los desvelos, lo que es estar despierto cuando se puede dormir, y el ayuno, abstenerse de comida cuando se podría estar comiendo. Estas dos cosas, los desvelos y los ayunos van muy bien juntas, también al lado encontramos la pureza, la paciencia, la bondad, el Espíritu Santo y el amor sincero.En otras palabras, se nos presentan allí como parte del equipamiento total de un verdadero siervo del Señor Jesucristo. Creo que Dios aún las considera de esa manera hoy. La provisión y los estándares de Dios siguen siendo los mismos como fueron para Pablo y a la iglesia primitiva.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora, para explicar cómo nos cambia el ayuno en nuestra personalidad interior.
Código: RP-R066-102-SPA