Me alegro de estar nuevamente con usted en el comienzo de esta semana, en la que estaré compartiendo más “Llaves para vivir con éxito”, las que Dios ha puesto en mis manos a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano.

Esta semana redescubriré algo que la iglesia actual ha dejado de lado y es una disciplina que se abandonó en la vida cristiana pero este se encuentra a lo largo de toda la Biblia. Probablemente no sabe lo que tengo en mi mente, esa clave es “El ayuno”.

Primero le daré una simple definición de lo que yo considero que es el ayuno: “este es abstenerse voluntariamente de comida para propósitos espirituales”. Algunas personas a veces, no solo se abstienen de alimentos, sino también de beber, pero esa es la excepción y no la norma, generalmente la abstención es solo de comida.Esto lo vemos ejemplificado en el ayuno de Jesús en el desierto, antes de empezar su ministerio público. El evangelio de Mateo, capítulo 4:2 dice:

“2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre.”

Vemos claramente que Jesús no se abstuvo de beber agua durante aquellos cuarenta días y cuarenta noches, porque cualquiera que hubiese dejado de beber agua aún por un tiempo breve, tendría rápidamente sed y no hambre. Así que el hecho de que la Escritura no dice que El “tuvo sed”, sin embargo si dice que “entonces tuvo hambre”; indica que Jesús se abstuvo de comer pero no de beber.

Muchos cristianos desconocen el ayuno e incluso les aterra, pero esa actitud es extraña. Según la Biblia, el ayuno fue algo que el pueblo de Dios practicaba con regularidad. Además, es una parte aceptada por la mayoría de las religiones principales del mundo, por ejemplo: los hindúes, los budistas, los musulmanes, y otros ayunan.

Hoy citaré varios pasajes de las escrituras que hablan del ayuno y explicaré el propósito espiritual y básico del ayuno. Principalmente el propósito del ayuno es humillarse. Es un medio bíblico establecido por Dios para que nos humillemos ante El. A lo largo de la Biblia, Dios le pide a su pueblo que se humille ante Él. En muchos pasajes bíblicos se enfatiza este hecho. Citaré solamente cuatro pasajes del Nuevo Testamento. En Mateo 18:4, Jesús dice:

“4 Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.”

Mateo 23:12, nuevamente las palabras de Jesús:

“12 Y cualquiera que se ensalce, será humillado, y cualquiera que se humille, será ensalzado.”

Santiago 4:10:

“10 Humillaos en la presencia del Señor y Él os exaltará.”

Y 1 Pedro 5:6:

“6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte a su debido tiempo”

Un rasgo importante de todos esos pasajes es que la responsabilidad de humillarnos se sitúa sobre nosotros. No podemos transferir esa responsabilidad a Dios. No podemos orar “Señor hazme humilde”. No es bíblico porque la respuesta de Dios es simple: “humillaos”.

En la Biblia Dios nos ha revelado una manera específica y práctica para hacerlo. David reveló que el ayuno era la forma que él empleaba para humillar su alma o humillarse a sí mismo.

“13 Yo… humillé mi alma con ayuno”

Así que el ayuno fue la manera que David empleo para humillarse, para humillar su alma.

Considere algunos ejemplos históricos en los que el pueblo de Dios se humilló de esta forma.En primer lugar, leemos en el libro de Esdras, capítulo 8, cuando él se preparaba para guiar a un grupo de exiliados judíos desde Babilonia hasta Jerusalén. Tenían ante ellos un viaje largo y pesado, atravesando territorios plagados de bandidos y ocupado por sus enemigos. Llevaban consigo a sus esposas e hijos con ellos y también los vasos sagrados del templo. Necesitaban desesperadamente protección en el viaje. Esdras tenía dos alternativas, podía apelar al emperador de Persia que le proporcionara un grupo de soldados o podía confiar en Dios. Escogió confiar en Dios y esto fue lo que dijo:

“21 Entonces proclamé allí, junto al río Ahava, un ayuno para que nos humilláramos delante de nuestro Dios a fin de implorar de Él un viaje feliz para nosotros, para nuestros pequeños y para todas nuestras posesiones. 22 Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropas y hombres de a caballo para protegernos del enemigo en el camino, pues habíamos dicho al rey[: La mano de nuestro Dios es propicia para con[k] todos los que le buscan, mas su poder y su ira contra todos los que le abandonan. 23 Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios acerca de esto, y Él escuchó nuestra súplica”

En realidad Esdras tenía dos alternativas: una carnal y la otra espiritual. Pudo haber escogido la carnal y pedir por esos soldados. No hubiese sido pecado, pero si hubiera estado en un nivel inferior de fe. En cambio escogió la espiritual y acudió a Dios e invocó su ayuda y protección sobrenatural. Esdras y los israelitas que iban con él sabían exactamente cómo hacerlo. Fue algo que ya habían entendido. Ayunaron y se humillaron ante Dios. Clamaron a Dios y El escuchó y les concedió el viaje tranquilo y seguro que habían pedido.

En 2nda de Crónicas, capítulo 20:2-4, un incidente en la historia de Judá cuando Josafat era rey:

“2 Entonces vinieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Viene contra ti una gran multitud de más allá del mar, de Aram y, he aquí, están en Hazezon-tamar, es decir, En-gadi. 3 Y Josafat tuvo miedo y se dispuso a buscar al Señor, y proclamó ayuno en todo Judá. 4 Y se reunió Judá para buscar ayuda del Señor; aun de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar al Señor.”

Entonces Josafat hizo una oración invocando la ayuda de Dios. Leeré solamente el último versículo de esa oración que es muy significativo, Josafat concluyó con estas palabras:

“12 Oh Dios nuestro, ¿no los juzgarás? Porque no tenemos fuerza alguna delante de esta gran multitud que viene contra nosotros, Allí está la frase clavey no sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia ti.”

Tuvieron que acudir a Dios en busca de ayuda sobrenatural y supieron cómo hacerlo. Fué ayunando. Renunciaron a lo natural para invocar lo sobrenatural.

Otro ejemplo claro de la práctica del ayuno en el Antiguo Testamento, lo encontramos en las ordenanzas para el día de la expiación, al que los judíos llaman “Yom-Kipur”. Leeremos Levítico, capítulo 16, versículos 29 al 31:

“29 Y esto os será un estatuto perpetuo: en el mes séptimo, a los diez días del mes, humillaréis vuestras almas y no haréis obra alguna, ni el nativo ni el forastero que reside entre vosotros; 

Donde dice “humillaréis vuestras almas”, otra versión dice “deben negarse a sí mismos” y alternativamente deben ayunar.

“…30 porque en este día se hará expiación por vosotros para que seáis limpios; seréis limpios de todos vuestros pecados delante del Señor. 31 Os será día de reposo, de descanso solemne, para que humilléis vuestras almas; es estatuto perpetuo”.

“Sabemos que históricamente, durante tres mil quinientos años, el pueblo judío siempre ha observado el “Yom-Kipur”, el día de la expiación como un día de ayuno.También tenemos para esto la autoridad del Nuevo Testamento. Un pasaje en Hechos 27 describe el viaje marítimo de Pablo a Roma que dice:

Cuando ya había pasado mucho tiempo y la navegación se había vuelto peligrosa, pues hasta el Ayuno había pasado ya. Hechos 27:9”

El “ayuno” allí se refiere al día de la Expiación que siempre corresponde al final de septiembre o principio de octubre, justo cuando llegaba el invierno. Vemos en el Nuevo Testamento que el “día de la expiación” se celebraba siempre como “el ayuno”. Dios requería que su pueblo humillara su alma ante Él, ayunando juntos. Eso fue establecido para la ordenanza del día de la Expiación, el día más sagrado en el calendario judío.

Observe dos verdades; en este caso, el ayuno fue la respuesta del hombre a la provisión de perdón y limpieza de Dios. El estableció la ceremonia en la que el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo del templo y hacía expiación. En segundo lugar, esa expiación solo era efectiva para aquellos que lo aceptaban a través del ayuno. En otras palabras, Dios hacía su parte, pero el hombre tenía que aportar la suya. Esto ocurre a menudo al relacionarnos con Dios. Dios hace su parte pero espera nuestra respuesta. Muchas veces la respuesta que Él espera de nosotros es el ayuno. Dios requería, absolutamente, el ayuno de todo su pueblo bajo el Antiguo pacto. Cualquiera que no ayunara en el “día de la expiación” tenía que ser separado y dejaba de pertenecer al pueblo de Dios.

Por lo tanto vemos que Dios atribuyó una gran importancia al ayuno como la forma para que su pueblo se humillara ante Él y al hacerlo estaría apto para recibir la bendición que Él quería darles.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora, para hablar sobre el ayuno en la vida de Jesús y en la iglesia del Nuevo Testamento

Como
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