Me alegro de estar nuevamente con usted al llegar al final de esta charla. Toda esta semana he estado hablando de dos clases de fortaleza: la que el mundo entiende y reconoce y la fortaleza que solo viene de Dios y a través de la cruz de Jesús. A los ojos del mundo la segunda clase de fortaleza es debilidad. Pero está destinada a triunfar y prevalecer a través de todo el universo.

Ayer contesté la pregunta ¿Cómo puede este segundo tipo de fuerza manifestarse en su vida? … Sugerí que la palabra clave es “Ceder”. Se manifiesta cuando usted cede y presenté dos cuadros de las enseñanzas de Jesús. El primero fue el cuadro de negarse a sí mismo y tomar su cruz, diciéndole “no” al ego que está en usted, negándose a sí mismo y a sus deseos y voluntariamente llegar al límite de su propia fuerza. Siendo la cruz el lugar establecido para que usted muera.

El segundo cuadro fue dejar que el grano de trigo caiga al suelo. Expliqué que mientras usted lo guarda en su mano, ese grano está solo y sin fruto pero si usted lo suelta y lo deja caer en el suelo, la cáscara que lo rodea se deshace y deja que la nueva vida nazca de él. Con nuestra vida sucede lo mismo. Somos como un grano que sostenemos en la mano y allí permanece aislada y sin fruto, pero si la soltamos y dejamos que muera en la tierra, de ella sale una vida nueva, la que Dios tiene para nosotros.

Hoy voy a dar los ejemplos de dos hombres que aprendieron a ceder y los resultados que siguieron a su decisión. Ambos son personajes del Antiguo Testamento, note que el principio de ceder no empezó en el Nuevo Testamento, fue solamente consumado en el Nuevo Testamento por la cruz de Jesús. El mismo principio es válido en las vidas de los siervos de Dios a través de la Biblia. Los hombres que de verdad encontraron el propósito de Dios para sus vidas, fueron los que aprendieron a ceder.

El primer ejemplo que voy a usar es la vida de Abraham. El segundo es la vida de Jacob. El ejemplo de la vida de Abraham está en Génesis, capítulo 13. En ese tiempo él se llamaba Abram, no había sido cambiado a Abraham. Él y su sobrino Lot, eran pastores nómadas en Canaán la tierra de la promesa. Ambos se hicieron muy ricos, tenían muchos rebaños, manadas, tiendas y sirvientes. Eran tan ricos que una porción de tierra no fue suficiente para mantenerlos y llegaron al lugar donde se tuvieron que separar, y esta es la descripción de su separación. Génesis 13, versículos del 5 al 11:

5 También Lot, que iba acompañando a Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas de campaña. 6 La región donde estaban no daba abasto para mantener a los dos porque tenían muchas posesiones como para vivir juntos. 7 Por eso comenzaron los pleitos entre los pastores de los rebaños de Abram y los que cuidaban los ganados de Lot. En aquel tiempo los cananeos y los ferezeos también habitaban allí. El punto fue que los cananeos y los ferezeos eran enemigos potenciales, y sería muy peligroso si surgía contienda entre los siervos del Señor con enemigos en la tierra8 Así que Abram dijo a Lot: «No debe haber pleitos entre nosotros ni entre nuestros pastores, porque somos parientes.»

Nosotros como cristianos debemos aprender a decir lo mismo el uno al otro, no hay altercado entre nosotros porque somos hermanos. En ese aspecto Abraham era un ejemplo maravilloso. Abram dijo a Lot:

9 Allí tienes toda la tierra a tu disposición. Por favor, aléjate de mí. Si te vas a la izquierda, yo me iré a la derecha y si te vas a la derecha, yo me iré a la izquierda».10 Lot levantó la vista y observó que todo el valle del Jordán era tierra de regadío, como el jardín del Señor o como la tierra de Egipto en dirección a Zoar. Así era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y a Gomorra. 11 Entonces Lot escogió para sí todo el valle del Jordán y partió hacia el oriente. Fue así como Abram y Lot se separaron. (NVI)

Quiero comentar sobre esto, Abraham era el mayor entre los dos. Lot era su sobrino, era menor que él y en cierto sentido estaba en una posición menor. Abraham era el hombre espiritual, era el hombre que Dios había llamado, el hombre a quien le fue prometida toda la heredad. Hubiese sido muy fácil para él decir: “Yo soy el mayor, yo soy el que Dios ha llamado. La promesa es mía. Esto es lo que yo voy a tomar para mí y tú puedes ocuparte de ti mismo”. Pero Abraham tuvo una actitud diferente. Él se humilló, fue dócil. Y hay una palabra para esto: “ceder”. Le dijo a Lot: “Escoge tu primero, toma lo que desees y yo tomaré lo que queda”. ¿No es ese un hermoso ejemplo de ceder?

¿Cuál es el resultado? ... Lot fue por donde lo impulsó su alma y era un lugar malo, se fue hacia Sodoma, Lot no había aprendido a decir “no” a sus deseos como lo hizo Abraham.

¿Y luego qué le pasó a Abraham? … Leeré en Génesis 13, versículos del 14 al 17:

14 Después de que Lot se separó de Abram, el Señor le dijo: «Abram, levanta la vista desde el lugar donde estás. Mira hacia el norte y hacia el sur, hacia el este y hacia el oeste.

Primero quiero mencionar que en hebreo el nombre Lot significa “velo”, algo que cubre los ojos. Para mí eso es típico. Este describe a Lot, nunca se deshizo del velo de la mente carnal y egoísta. Aunque era un hombre justo, era un hombre carnalmente justo. En realidad él no tenía la ley del espíritu. Pero cuando Lot se apartó de Abraham, el velo fue quitado de los ojos de Abraham.

15 Yo te daré a ti y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada.

Abraham no podía ver su herencia mientras él estaba con Lot. Estaba allí, pero no la podía ver. Tuvo que rendir, eso trajo la revelación, entonces Dios dice:

16 Multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra. Si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tus descendientes. 17 ¡Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho porque a ti te lo daré!». (NVI)

Abraham no podía ver su herencia hasta que practicara el principio espiritual de ceder. Esto parecía algo insensato, regalarle a un hombre más joven que no tenía los mismos derechos, pero esa fue la clave para la visión, la bendición y la herencia. Es lo mismo para usted y para mí. Tendremos ese velo sobre nuestros ojos hasta que aprendamos a ceder. Estaremos en medio de nuestra herencia, pero no la veremos hasta que aprendamos a ceder.

El segundo ejemplo de un hombre que aprendió a ceder es Jacob. Esto lo encontramos en el pasaje que describe a Jacob luchando con Dios. Quiero regresar por un momento para ver los antecedentes. Jacob como Abraham era el hombre que Dios había escogido. Antes del nacimiento de Jacob y su hermano gemelo, Dios dijo que Jacob iba a ser el que gobierne y el líder. Pero Jacob tuvo que aprender la lección de ceder de la manera más difícil. Él no tenía la actitud inicial que aparentemente tuvo Abraham. Entonces, Jacob trató de adquirir con su propia fuerza lo que Dios ya le había dado. Primero. Compró la primogenitura de su hermano Esaú con un plato de sopa. Eso tal vez no fue deshonesto, pero no fue lo que llamaríamos amor fraternal. Sin embargo, él no estaba satisfecho con la primogenitura, quería también la bendición de su padre. Para conseguirla hizo trampa, se hizo pasar por su hermano Esaú, llegó y recibió por engaño la bendición y no hubo una bendición similar para Esaú. Jacob significa “suplantador”.

Pero Jacob no ganó nada con el engaño, inmediatamente se convirtió en un fugitivo. Tuvo que dejar la tierra de su herencia y no se llevó nada más que su bastón. Estuvo veinte años en exilio trabajando para su tío Labán, al final de veinte años Dios le dijo: “Vuelve a la tierra de tus padres y a tus familiares, y yo estaré contigo”. Así que volvió con sus esposas, sus hijos, su ganado y todo lo que poseía. Llegó a cierto lugar, al límite de su herencia y mandó adelante a su familia y quedó solo en la noche. Y un hombre luchó con él esa noche. Leamos lo que sucedió en Génesis, capitulo 32, versículos 24 al 31:

24 quedándose solo. Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer. 25 Cuando este se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo tocó en la coyuntura de la cadera y esta se le dislocó mientras luchaban. 26 Entonces dijo—¡Suéltame, que ya está por amanecer!—¡No te soltaré hasta que me bendigas! —respondió Jacob.27 —¿Cómo te llamas? —le preguntó el hombre.—Me llamo Jacob —respondió.28 Entonces le dijo—Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido.29 —Y tú, ¿cómo te llamas? —preguntó Jacob.Él respondió—¿Por qué preguntas cómo me llamo?Y en ese mismo lugar lo bendijo. 30 Jacob llamó a ese lugar Peniel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara y todavía sigo con vida».

Ese no era un hombre ordinario, era un hombre, era un ángel y era Dios mismo. Eso es lo que llamamos un anticipo de la encarnación del hijo de Dios. El que fue manifestado en la historia como el Señor Jesucristo. El hombre, Dios y el mensajero de Dios para el hombre. Ahora escuche la conclusión de la historia de Jacob

31 Cruzaba Jacob por el lugar llamado Peniel, cuando salió el sol. A causa de su cadera dislocada iba cojeando.

¿Puede usted ver la verdad? Al caminar en su propia fuerza se salió de su herencia. Lo perdió todo. Pero cuando aprendió a cojear, él regresó nuevamente. Esa es una aplicación para usted y para mí. Nosotros seremos como Jacob mientras confiamos en nuestra propia fortaleza, nuestra habilidad y astucia, seguiremos luchando y esforzándonos pero no tendremos lo que Dios ha establecido para nosotros. Pero cuando cojeamos, cuando ya no caminamos en nuestra propia fuerza, el camino está abierto para conseguir nuestra herencia.

Lo resumiré, Abraham se rindió ante un hombre, Jacob cedió ante Dios. En cada caso, al ceder se abrió el camino para la revelación y el cumplimiento de los propósitos de Dios. Así sucede con nuestra vida.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré la próxima semana a la misma hora, para estudiar otro tema interesante de la Palabra de Dios.

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