Me alegro de estar con usted nuevamente, nuestro tema de esta semana es “Fortaleza en la debilidad”. En mis charlas anteriores hice la diferencia entre estas dos clases de fortaleza, lo que el mundo entiende y reconoce y la que recibimos de Dios a través de la cruz de Jesucristo. Este segundo tipo de fortaleza es espiritual. Es debilidad a los ojos del mundo. Sin embargo, esta segunda clase de fortaleza está destinada a triunfar y a prevalecer a través de todo el universo.

La fuerza que reconoce el mundo es la de una bestia salvaje, el león, el tigre, el leopardo. La única ley que conoce es la de la jungla. Pero la fuerza que viene de Dios está representada por un cordero que fue inmolado. Esto ejemplifica dos cosas que a los ojos del mundo son exactamente lo opuesto a la fortaleza, ejemplifica mansedumbre y debilidad.

Hoy quiero contestar la pregunta ¿Cómo esta segunda clase de fortaleza puede manifestarse en su vida? Esa fortaleza que solo proviene de Dios y está representada por un cordero inmolado.

Si resumiéramos mi respuesta en una sola palabra, la palabra sería “Ceder”. Para explicar lo que quiere decir voy a leer en dos pasajes de los evangelios que registran los discursos de Jesús. El primer pasaje está en Lucas, capítulo 9, versículos 23 y 24:

23 Dirigiéndose a todos, declaró—Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. (NVI)

Hay un requisito absolutamente universal, no hay excepciones. Si alguien quiere seguir a Jesús, no tiene alternativa debe hacer tres cosas: tiene que negarse a sí mismo, tiene que tomar su cruz cada día, y luego tiene que seguir a Jesús. No podemos dar el tercer paso sin antes haber dado los primeros dos, hasta que hayamos aprendido a negarnos a nosotros mismos y tomar nuestra cruz diariamente.

¿Qué significa negarse a sí mismo? … No es complicado. No tiene que ser un teólogo para saber la respuesta. Todos sabemos el significado de la palabra negar. Negar significa decir no, y eso es lo que tenemos que hacer. Tenemos que decir “no” a nosotros mismos.

En nosotros hay un ego, un alma que quiere imponerse. Está lleno de sus propios deseos, sus problemas, y sus insatisfacciones. Siempre nos habla de esta manera: “Yo quiero, yo pienso, yo siento, yo soy importante, consúlteme a mí, cuídenme, yo soy todo en su vida”. Mientras escuchemos a ese ego que está dentro de nosotros que es un rebelde de nacimiento, que no está alineado a la voluntad y los deseos de Dios y nunca lo estará, mientras lo escuchemos no podremos seguir a Jesús. El primer paso es aprender a decirle “no” a ese ego. Si su ego dice. “Yo quiero”, su respuesta es: “Lo que quieres no es importante”. Si el ego dice: “Yo pienso así”. Su respuesta seria: “Lo que pienses no es importante”. “Lo que Dios piensa es más importante”. Si el ego dice: “Yo siento”. Dígale: “Lo que tu sientes no es importante”. “Lo que yo creo si es importante”. Hay una respuesta al ego y tenemos que dársela.

Después que hayamos dicho “no” al ego. A esa alma egoísta en cada uno de nosotros, tenemos que tomar nuestra cruz diariamente. ¿Cuál es su cruz? Quiero darle dos cosas acerca de su cruz. Esto lo oí de un pastor, y siempre lo recuerdo. Primero, su cruz es el punto donde la voluntad de Dios y su voluntad se cruzan, Jesús llegó a ese punto en el huerto de Getsemaní. No fue a esa cruz física hasta que llegó a ese punto. ¿Recuerda lo que le dijo a Dios? … “Padre si quieres pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Y lo dijo tres veces, lo dijo hasta que no había nada más en su mente excepto hacer la voluntad de Dios a expensas de su propia voluntad. Tomar su cruz es hacer lo mismo que Jesús, es decir: Señor no se haga mi voluntad sino la tuya.

Segundo, la cruz es el lugar designado para su muerte, Jesús sabía que iba a morir en la cruz. Nadie le impuso esa cruz. El dijo: “Yo doy mi vida de mi propia voluntad, y la tomo de nuevo”. Nadie puede imponerle su cruz. Su cruz es algo voluntario. Algunos creyentes dicen cosas ridículas acerca de su cruz. Escuché a un hombre decir que su cruz es su esposa. Si usted es libre de tomar o dejar a su esposa entonces ella podría ser su cruz. Escuché a otros decir que su cruz es la enfermedad. Si usted es libre para tomar o dejar la enfermedad entonces tal vez si es su cruz. Sin embargo, esas son cosas que normalmente no estamos libres para hacer.

Nuestra cruz es voluntaria. Solo viene a través de una decisión de nuestra propia voluntad. Nuestra cruz es el lugar donde morimos a nosotros mismos. El orden está muy claro: así como en la vida de Jesús. Él dijo en Getsemaní “No se haga mi voluntad sino la tuya”. Se negó a sí mismo. Y luego en el calvario, en la cruz, Él dio su vida. Jesús dice: “Ese es un ejemplo que todos mis seguidores deben tomar. Tienen que negarse a sí mismos. Tienen que seguirme. Tienen que estar dispuestos a morir allí donde Dios ha establecido para que lleguen al límite de ellos mismos”.

Hay una vida que encontrar y otra que perder. Usted no podrá encontrar la vida que Dios tiene para usted mientras se aferre a la vida que parece ser tan preciada e interesante por la que se preocupa y la que tanto desea, esa fuerza de vida, esa vida que se impone en usted. Pero si pierde esa primera vida, si usted la entrega, entonces habrá otra vida, una vida secreta, algo guardado que Dios le dará. Una vida en el propósito de Dios, una que va más allá de la cruz.

El segundo pasaje que quisiera leer de las enseñanzas de Jesús en los Evangelios está en Juan, capítulo 12: 24 y 25. Este dice algo similar, pero usa una imagen diferente. Jesús dice lo siguiente:

24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. (NVI)

Note, es el mismo principio. Hay una vida que perder, una vida que dejar y después de perderla hay otra que encontrar. Jesús usa un grano de trigo como ilustración. Dice que mientras esa semilla esté sola, mientras que permanezca en la mano del Padre, en su canasta o donde sea que se guarde, no podrá producir ningún tipo de vida o fruto. Ese pequeño grano tiene una dura cáscara que encierra la vida potencial que está en él. Jesús dice que el que sostiene el grano debe soltarlo. El grano tiene que caer al suelo. Debe ser cubierto por la tierra, y allí ocurre un cambio donde está fuera de vista, en la oscuridad y humedad del suelo. Esa cáscara dura se deshace y cuando la humedad llega a la semilla que está en el corazón entonces sucede un milagro. Ese grano que aparentemente despareció y murió surge una nueva vida y el vástago verde de la nueva vida abre camino a través de la tierra y sale a la luz del sol y vemos la manifestación de un milagro. Jesús dice que este es un cuadro de lo que significa perder su vida para encontrar la que Dios tiene para usted. Es llegar al límite de su propia habilidad, de su propia fuerza, de su propia sabiduría, dejar que todo se vaya y de eso que murió, cuando la cáscara dura se haya deshecho, entonces habrá una vida nueva. Este es el desafío que Él nos ofrece, es para usted y para mí. Jesús está diciendo: “Usted tiene su vida está en sus manos, es como ese pequeño grano, lo podrá guardar todo el tiempo que quiera, pero mientras lo tenga, mientras diga: Esto es mío, permanecerá solo y sin fruto”.

Hay tantas personas solitarias en el mundo. ¿Sabe usted porqué están solitarias? … Porque están aferrándose a su propia vida. Están encerrados en esa pequeña cáscara del ego y aun así no la dejan ir. Jesús dice que, si lo deja ir, si la suelta. Si la deja caer en el suelo. Si pierde el control sobre ella. Si la deja morir, si la pierde de vista, en cierto sentido, si le permite sufrir ese proceso de muerte, la cáscara dura se quebrará y emergerá una nueva vida.

Eso es lo que Dios le ofrece. Quiero darle un consejo, esa vida que tiene en su mano, ríndasela a Dios. Deje que muera, parece una locura, pero de allí saldrá una vida totalmente nueva.

Bueno, nuestro tiempo de hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para hablar de algunos hombres que aprendieron a ceder.

Como
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