Dios establece el tiempo y el lugar

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted en la continuación de nuestro tema “escuchando la voz de Dios”.
En las charlas anteriores hemos establecido los siguientes puntos principales: Primeramente, escuchamos la voz de Dios con el corazón, no con el oído natural, por lo tanto debemos cultivar un corazón sensible. Las dos palabras que describen a los que son sordos espiritualmente son: duros e insensibles.
Segundo, hay cuatro requisitos específicos para alcanzar la sensibilidad del corazón y son estos:Primero: Prestar atenciónSegundo: HumildadTercero: TiempoCuarto: QuietudLeímos las palabras de David quien dijo: “En Dios solamente espera en silencio mi alma“ También dijimos que la adoración es la mejor preparación para escuchar la voz de Dios: “Vengan, adoremos y postrémonos; Doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor”– Y el Salmo 95 continua diciendo: “Si ustedes oyen hoy Su voz, No endurezcan su corazón”. La adoración es la mejor preparación para escuchar la voz de Dios.
La verdad que vamos a considerar hoy sigue naturalmente a los puntos ya establecidos y es esta: Dios establece el tiempo y el lugar. Tenemos que darle a Dios la prioridad absoluta antes que a nuestras actividades e intereses. Pudiera ser que tengamos nuestro programa, o aun nuestros intereses propios y quizás hay cosas que nos emocionan y que estamos ansiosos por hacer. Pero si queremos escuchar a Dios tenemos que estar preparados a soltar esas cosas, rendir a Dios, como dice el salmista. Permitir que Dios sea quien establezca el tiempo y el lugar, cuando y donde Él quiera hablarnos aunque no sean nuestra elección.
Voy a darle tres ejemplos de hombres que buscaron a Dios y oyeron su voz, los tres hombres de los que hablo son: Moisés, Elías y Jeremías.Primero hablemos de Moisés como está escrito en Números, capítulo 7, versículo 89. Este pasaje describe como Moisés entró en el tabernáculo que había sido erigido en el desierto y allí habló con Dios.Cada vez que leo este versículo hay una quietud que viene a mi corazón, pienso en el tabernáculo, en el sol ardiente del desierto, todo lo que le rodeaba era árido y seco y adentro estaba la frescura, la sombra, la quietud. Esto siempre es un desafío para mí, de alejarme de toda ocupación y actividad para entrar en un lugar quieto donde pueda hablar con Dios y Él conmigo.Esto es lo que dice de Moisés:
89 Y al entrar Moisés en la tienda de reunión [el tabernáculo] para hablar con el Señor, oyó la voz que le hablaba desde encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines. Así Él [el Señor] le habló [a Moises]. (NBLA)
Había un lugar donde Dios hablaba con Moisés. Estaba detrás del segundo velo en el tabernáculo, en el lugar santísimo, en el lugar más sagrado. Eso me muestra lo sagrado que es escuchar la voz de Dios. Estaba entre los dos querubines. Los querubines hablan de adoración y comunión. Era sobre el propiciatorio que cubría el arca del testimonio. El lugar donde la sangre ha sido rociada, hablaba de pecado cubierto y perdonado. Todo esto tiene un gran significado. Era un lugar de comunión y un lugar de adoración, un lugar que evidenciaba eternamente el pecado cubierto y perdonado. Recuerde esto, porque si el pecado no está cubierto y perdonado impide que escuchemos la voz del Señor. Allí fue donde Moisés escuchó la voz del Señor.
Pienso en algo que Jesús dijo a sus discípulos en Mateo 6, versículo 6, de entrar en el lugar secreto de nuestro aposento para orar, ¿por qué dijo esto el Señor? Con seguridad, para escapar de cualquier distracción, para alejarnos del ruido y la vista del mundo y estar quietos ante de Dios. Todos los cristianos deben tener un lugar secreto, recuerdo a un amigo que se metía en un camarín debajo de las escaleras en su casa donde estaban las escobas y esas cosas, pero allí era donde él escuchaba la voz de Dios. Este se convirtió en un lugar sagrado para él.
El segundo ejemplo de un hombre que escuchó la voz de Dios es Elías, él había tenido una victoria personal tremenda. Había hecho descender fuego sobre el sacrificio en el Monte Carmelo. Había humillado y ejecutado a los falsos profetas. Pero salió huyendo de una sola mujer, Jezabel. Se había metido en el desierto y le había pedido a Dios que lo matara. Dios envió a un ángel para que lo fortaleciera y con esa fuerza se encaminó hasta el monte Oré, el lugar donde Dios había hecho su primer pacto con Israel. Y esto fue lo que sucedió con Elías cuando llegó al Monte Oré, 1 Reyes 19, versículos 11 al 13:
11 Entonces el Señor le dijo: «Sal y ponte en el monte delante del Señor». En ese momento el Señor pasaba, y un grande y poderoso viento destrozaba los montes y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.12 Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Tres demostraciones terribles del poder de Dios, un viento que quebraba las peñas, un terremoto y un fuego. Pero cuan significante es que Dios no estaba en estas tres grandes demostraciones de su poder. Y luego continua:
Y después del fuego, el susurro de una brisa apacible.
Recuerde, dije que Dios nunca grita, algunas personas se imaginan a Dios como a un hombre gritando. Creo que esa era la idea que Hitler tenía de Dios. Muchos dictadores y personas así se imaginan a Dios como un hombre grande y gritando, pero Dios es diferente. Después de toda esa demostración de poder vino un susurro de una brisa apacible y Elías fue muy impactado.
13 Cuando Elías lo oyó [no en el viento, ni en el fuego, sino en ese susurro apacible] se cubrió el rostro con su manto, y salió y se puso a la entrada de la cueva.
¿Qué significado tiene que se cubriera el rostro? … eso significa adoración, humillarse ante Dios, significa abrir su espíritu a Dios y cuando estuvo listo –
Y una voz vino a él y le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?».
Piense en la preparación cuidadosa de parte de Dios para que Elías oyese su voz. Dios está interesado en que escuchemos su voz, pero recuerde, Dios quizá no esté en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, pero si usted tiene oídos para oír después de eso habrá un susurro apacible. Al escuchar eso, usted querrá cubrirse el rostro para adorar. Su corazón se postrará al Señor.
Es importante ver los resultados que ese susurro apacible produjo en la vida de Elías. Fue fortalecido y tuvo nueva dirección para su ministerio. Había llegado a Oré como un hombre derrotado. Estaba listo para rendirse, para dejarlo todo, para tirar la toalla, pero cuando oyó la voz de Dios volvió a ser el conquistador y recibió dirección nueva. Anteriormente no sabía que hacer, pero cuando oyó la voz de Dios recibió nueva dirección para su ministerio. Así será con usted y conmigo. Al escuchar la voz de Dios, recibirá fortaleza y nueva dirección.
Tercero, quiero hablar de un hombre que oyó la voz de Dios y ese es Jeremías. Esto es lo que dice en Jeremías 18, versículos 1 al 6:
Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor: 2 «Levántate y desciende a la casa del alfarero, y allí te anunciaré Mis palabras».
Note lo que Dios dijo: “Si quieres oír mi voz tienes que estar en cierto lugar, te voy a hablar pero tienes que estar en cierto lugar y a cierto tiempo”. Jeremías obedeció y leemos lo siguiente:
3 Entonces descendí a la casa del alfarero, y allí estaba él [el alfarero], haciendo un trabajo sobre la rueda.4 Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en la mano del alfarero; así que volvió a hacer de ella otra vasija, según le pareció mejor al alfarero hacerla.5 Entonces vino a mí la palabra del Señor:6 «¿Acaso no puedo Yo hacer con ustedes, casa de Israel, lo mismo que hace este alfarero?», declara el Señor. «Tal como el barro en manos del alfarero, así son ustedes en Mi mano, casa de Israel.
Observe que hubo un tiempo y un lugar. Dios quiso que Jeremías estuviera en la casa del alfarero para que el profeta viera lo que el alfarero hacía con el barro sobre la rueda y ese era un cuadro del trato de Dios con Israel. Recuerde a Israel como una vasija de barro en manos de Dios y ahora mismo le está dando forma en la rueda de las circunstancias y de la historia. Ese mensaje es igualmente cierto hoy. Jeremías no pudo recibir el mensaje hasta que no fuera al lugar que Dios le había señalado. Tuvo que obedecer. Tuvo que estar allí. Dios hizo una cita con Jeremías. El le dijo: “Si te vas a la casa del alfarero, te hablaré allí”. Y antes de que Jeremías pudiese darle el mensaje a Israel, él mismo tenía que escucharlo directamente de Dios.
Siempre me ha llamado la atención que en los seminarios y en los institutos bíblicos se pasa mucho tiempo enseñando a los alumnos a hablar y muy poco a escuchar. Si usted nunca ha oído de Dios no tiene nada que decir. Y créame un hombre que ha oído de Dios vale la pena escucharlo, aún si no tiene todos los puntos correctos en homilética. Lo que la gente quiere es oír a un hombre que ha escuchado de Dios.
Voy a terminar con un pequeño ejemplo de mi propia experiencia. Muchos años atrás estaba en Europa, específicamente en Dinamarca. El país natal de Lidia, mi primera esposa y el Señor me indicó que fuera a cierto acantilado que se asoma al Mar Occidental, como lo llaman los daneses, y los británicos lo llaman: el Mar del Norte.Era una hermosa tarde de invierno. El sol se ocultaba en el horizonte, sus rayos caían sobre el agua y brillaban en mi cara y al estar allí con mi corazón quieto ante Dios y miré al mar, el Señor me habló como por una hora. Me mostró que la conducta del mar, la manera en que las olas se conducen es como la historia de la iglesia. La iglesia comenzó en la marea alta, pero gradualmente el agua bajó y durante la Edad Media fue la marea baja. Entonces cambió la marea y las aguas comenzaron a subir nuevamente, pero vinieron en oleadas, una tras otra, un gran mover del Espíritu tras otro. Dios me mostró cosas que no tengo la libertad de compartir ahora, de lo que va a suceder cuando la iglesia llegue al tiempo de su clímax. Pero todo eso pasó porque tuve una cita con Dios sobre aquel acantilado que se asoma al Mar del Norte.
Pero nuestro tiempo de hoy terminó. Regresaré mañana a la misma hora, para tratar con una pregunta muy importante: ¿Cómo asegurarnos de que escuchamos la voz de Dios?
Código: RP-R058-103-SPA