Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con el tema de estas tres semanas “Los doce pasos para un buen año”. Cada uno de estos pasos fueron tomados de la epístola a los Hebreos que comienza con las palabras “Por tanto” y el verbo en imperativo. Repasemos nuevamente los diez pasos que ya hemos visto que son: Primero: Por tanto, temamos a Dios. Segundo: Por tanto, esforcémonos. Tercero: Por tanto, retengamos nuestra confesión.  Cuarto: Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia. Quinto: Por tanto, avancemos hacia la madurez. Sexto: Por tanto, acerquémonos al lugar santísimo. Séptimo: Por tanto, mantengamos firmes nuestra confesión sin vacilar. Octavo: Por tanto, considerémonos unos a otros. Noveno: Por tanto, corramos con perseverancia la carrera. Décimo: Por tanto, demostremos gratitud. Recuerde lo que sugerí de que memorice estos pasos en su orden correcto. Creo que serán de gran bendición y ayuda para usted.

Hoy vamos a ver el paso número once. Se encuentra en Hebreos capítulo 13, versículos 12 al 14:

12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.  13 Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;  14 porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.

Este es el paso número once: “Por tanto…salgamos, a Él, fuera del campamento”. Este realmente trata sobre nuestra actitud y nuestra relación con este mundo presente. Aquí vemos que nuestro hogar no es de este mundo. No tenemos un lugar permanente en este mundo. El mundo rechazó a Jesús. Lo sacó fuera de la ciudad, lo crucificó fuera del campamento. La escritura enfatiza siempre que la crucifixión tomó lugar fuera de los muros de la ciudad, fue rechazado, fue puesto fuera de la sociedad, y el mundo no lo quiso. La manera en que el mundo trató a Jesús, tarde o temprano así nos tratará a nosotros como creyentes, sea a usted o a mí. Entonces tenemos que estar dispuestos a salir, a él, al lugar de la crucifixión, al lugar del rechazo, al lugar de la vergüenza, y llevar su oprobio.

En otro pasaje de Hebreos dice que mayores riquezas es el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, de manera que su oprobio se convierte en nuestra gloria.

Entonces el autor da un motivo hermoso:

“porque no tenemos aquí ciudad permanente [otros quizás pensarán que esto es permanente, nosotros sabemos que no es así], sino que buscamos la por venir”,

No se trata de cualquier ciudad, es la ciudad permanente. Esta ciudad es específica y particular, es el destino y el hogar de todos los verdaderos creyentes. Allí es donde permanecemos realmente.

Dos capítulos anteriores, en Hebreos 11, el autor nos da algo así como lista de honor de los muchos y grandes santos del Antiguo Testamento enfatizando su fe. Luego habla de ellos en Hebreos, capítulo 11:13 al 16:

13 Todos estos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto desde lejos y aceptado con gusto, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.  14 Porque los que dicen tales cosas, claramente dan a entender que buscan una patria propia.  15 Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver.  16 Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad.

Estas palabras me estremecen profundamente, que estos precursores en la fe que son nuestro ejemplo confesaran que eran extranjeros y peregrinos en esta tierra. En realidad, no formaban parte de este mundo. La tierra no era su hogar. Y luego dice: “Pero en realidad, anhelan una patria mejor”. Estas palabras tienen un significado profundo para mí. Sucede que en mi vida he tratado con muchas personas que han sido clasificadas como gente “sin patria” que no portaban ningún pasaporte. Doy gracias a Dios que he podido ayudar a algunos de ellos. Entiendo la agonía de no pertenecer a ningún lugar. Hay una multitud de refugiados en el mundo de hoy y de previas generaciones que enfrentaron esa agonía de no pertenecer, de no tener un lugar permanente que consideren suyo. Pero esas personas de las que hemos leído estaban buscando un lugar propio, pero no en este mundo. Dice que, si hubieran estado interesados y si hubieran querido, hubiesen regresado al lugar de donde vinieron. Abraham, por ejemplo, hubiese regresado a Ur de Caldea que es el lugar de donde vino. Pero su mirada estaba puesta adelante y no atrás. Dice “Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, la celestial”.

Luego continua con esa oración hermosa, “Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos”. Cuando nos identificamos con Dios y su ciudad y lo que tiene preparado para nosotros, entonces Él no se avergüenza de ser nuestro Dios. Pienso que es muy hermoso, dice que Él ha preparado una ciudad para ellos y para nosotros.

Puede ver que hacer un compromiso con Jesús requiere nuestra identificación con su cruz. Tenemos que ir a él, al lugar donde fue crucificado. Un compromiso con la cruz de Jesús descarta dos cosas. La primera es: agradar al Yo. La segunda es: agradar al mundo. Veamos lo que dice el Nuevo Testamento respecto al agradar al yo, voy a citar las palabras de Pablo en Filipenses 3:17 y 19:

17 Hermanos, sean imitadores míos, y observen a los que andan según el ejemplo que tienen en nosotros.  18 Porque muchos andan como les he dicho muchas veces, y ahora se lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo,  19 cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan solo en las cosas terrenales.

Es claro que Pablo hablaba acerca de personas que profesaban ser cristianos, de los cuales advierte a los otros creyentes. Él dice: “Hay una cosa que falta en sus vidas, dicen ser seguidores de Cristo, pero en verdad son enemigos de su cruz. Están gratificando al Yo, su mente está puesta en las cosas de este mundo.” Nunca aplicaron en sus vidas el principio de la cruz, de la muerte al yo y a las cosas de la carne. Luego dice: “Tengan cuidado, no sigan su ejemplo porque su final es de destrucción”.

En la iglesia de hoy hay personas que profesan ser fieles a Cristo, pero rechazan su cruz.

La segunda cosa que se descarta al identificarnos con la cruz de Jesús es: agradar al mundo. Escuche estas palabras solemnes de Santiago en su epístola en el capítulo 4:4. Nuevamente está escribiendo a los que profesan ser creyentes:

4 ¡Oh almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Es un mensaje muy claro, demasiado claro para algunas personas, creo yo. ¿Por qué les llama a estas personas “adúlteras”? … Porque el compromiso espiritual con Jesús que se nos requiere es ser parte de su novia. Dios requiere que la novia haga un compromiso total y único de devoción a Jesús. Si ese compromiso y esa devoción son infiltrados y adulterados con el amor a este mundo, entonces somos adúlteros espiritualmente. No somos fieles a Jesucristo, el novio. Así que tratar de ser amigos del mundo es adulterio espiritual.

Ahora escuche las palabras de Jesús en Juan 15, versículos 18 y 19:

18 »Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a Mí antes que a ustedes.  19 Si ustedes fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo;

Es peligroso cuando “el mundo ama los suyo”, esto significa que no pertenecemos a Jesús.

pero como no son del mundo, sino que Yo los escogí de entre el mundo, por eso el mundo los odia.

Eso es lenguaje claro. Necesitamos prestarle atención.

Entonces, en vista de estas declaraciones de la Escritura ¿cuál debe ser nuestra actitud? … Creo que una actitud correcta está expresada en las palabras de Pablo en Gálatas capítulo 6 versículo 14:

14 Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo.

Estas palabras me causan un profundo impacto. “Nunca voy a gloriarme, no tengo confianza en ninguna otra cosa que la cruz de nuestro Señor.” … No me glorío en mi educación, ni en mi religión, ni en mi denominación, en ninguna de estas cosas, en la única cosa que puedo gloriarme es en la cruz del Señor Jesucristo, donde Él ganó una victoria total, permanente e irreversible sobre todas las fuerzas del mal.

A través de esa cruz “el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”. La cruz es la marca absoluta de separación entre el pueblo de Dios y la gente del mundo. Al aceptar el principio de la cruz en nuestras vidas, ya no pertenecemos más a este mundo.

Voy a concluir con una hermosa promesa de la victoria ganada por Jesús en Juan 16:33:

33 Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo».

Esa es una buena noticia. El mundo no es mi amigo, es mi enemigo. ¡En el mundo voy a tener aflicción, pero Jesús ha vencido al mundo! A través de Él también nosotros podemos vencer al mundo si estamos dispuestos a salir, a él, fuera del campamento llevando su vituperio.

Nuestro tiempo de hoy terminó. Regresaré mañana a la misma hora, para continuar con este tema “Los doce pasos para un buen año.

Como
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