Me alegro de estar nuevamente con usted en el cierre de esta semana en este Año Nuevo. Confío que haya comenzado a beneficiarse de esta serie especial de mensajes para el Año Nuevo “Los doce pasos para un buen año”.

El propósito esencial de esta serie de charlas es ayudarle a cultivar una actitud y una perspectiva que le permita recibir la plenitud de la provisión y la bendición de Dios en este año nuevo. Verá que si quiere apropiarse de todo lo que Dios ha planeado para usted, mucho depende de estas dos cosas: Actitud y perspectiva.

Esta serie está basada en la epístola a los Hebreos, doce veces en esta epístola se comienza con: “Por tanto”. Estas palabras indican resolución y decisión tomadas junto con nuestros hermanos creyentes. Estas decisiones juntas constituyen doce determinaciones bíblicas para un año nuevo.

Voy a repasar brevemente los dos primeros pasos que mencioné en mis charlas anterioresEl primer paso se encuentra en Hebreos 4:1 “Por tanto, temamos”, nos sorprende leer esto al principio pero creo que demostré que es apropiado, debido a la condición espiritual de esos cristianos hebreos y concluye que en muchos casos, los cristianos profesantes de hoy están en la misma condición espiritual y desesperadamente necesitan tomar esa primera determinación “Por tanto, temamos”.

La segunda está en Hebreos 4:11 “Por tanto, esforcémonos [ser diligente]”. Creo que el debido temor conduce a esta segunda determinación: esforzarnos o ser diligentes. Lo opuesto al esfuerzo es la pereza y ese pecado es tolerado en muchos círculos cristianos hoy. Aunque de muchas maneras la pereza es más mortal que la ebriedad, la pereza es tolerada, la borrachera se desaprueba. Sabemos que el resultado final de la pereza es desastroso.

Hoy quiero continuar con el tercer “por tanto” en Hebreos. Este también se encuentra en Hebreos, capítulo 4. Es interesante que los primeros cuatro pasos se encuentran en Hebreos, capítulo 4.Este tercer paso está en Hebreos 4:14:

“Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe [Confesión]”

Esta es la tercera resolución: Retengamos nuestra confesión o fe.

Necesitamos entender lo que significa profesar o confesar. La palabra se deriva de una palabra en griego que significa “decir lo mismo que”. Este es el significado básico de una profesión o confesión. Es decir lo mismo que en su contexto bíblico, es decir lo mismo que Dios dice. Es hacer que al salir las palabras de nuestra boca concuerden con la palabra de Dios.

Hay una implicación más en esta palabra confesión o profesión. La proclamamos con valentía, con confianza y sin intimidarnos. La palabra confesión tiene una larga historia en la vida de la iglesia. Hubo ciertas confesiones, ciertas declaraciones de fe que fueron muy importantes, que han requerido de gran valor y valentía por parte de sus profesantes. La Biblia dice: “Por tanto, retengamos nuestra confesión.

Luego señala en particular que nuestra confesión es la que nos relaciona con Jesús, nuestro sumo sacerdote. Creo que muchos cristianos no tienen una imagen bien clara de Jesús como nuestro sumo sacerdote aunque es uno de su ministerios más importante y continuo a nuestro favor. Él está allí como nuestro representante en la presencia de Dios el Padre para nuestro bien. Cada vez que hacemos una confesión correcta, cada vez que decimos lo correcto y positivo con nuestra boca, Jesús se ha comprometido en asegurarnos de que nuestra confesión se haga una realidad en nuestra experiencia. Veamos lo que el autor de Hebreos escribe un poco antes en el capítulo 3, versículo 1. Él dice:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe [confesion]” (LBLA)

Note las palabras, Él es el sumo sacerdote de nuestra confesión. Eso significa que nuestra confesión activa el ministerio de Jesús como sumo sacerdote, pero lo opuesto también es cierto, si no hacemos confesión no tenemos sumo sacerdote. No significa que Jesús deje de ser nuestro sumo sacerdote sino que no le damos la oportunidad para que Él nos ministre como sacerdote. Él es el sumo sacerdote de nuestra confesión. Si confesamos con nuestra boca lo correcto en fe conforme a la Escritura, entonces Jesús se ha comprometido eternamente a que nunca seamos avergonzados, de que experimentemos lo que confesamos. Pero si no decimos lo correcto entonces cerramos los labios de nuestro sumo sacerdote, no tiene nada que decir a favor nuestro en los cielos.

Él es también nuestro abogado. Esta palabra tiene el mismo significado en su aplicación moderna. Jesús es el experto legal que está en el cielo para apelar nuestro caso. Él nunca ha perdido un caso. Si no hacemos una confesión no hay caso que presentar y el caso va en nuestra contra por negligencia.

Puede ver cuán importante es nuestra confesión, por lo tanto es importante que cumplamos con esta tercera decisión “Por tanto, retengamos nuestra confesión”. Este principio de hacer una confesión correcta, de confesar lo correcto con nuestra boca tiene un lugar central en nuestra experiencia de salvación. De hecho, no hay salvación sin la confesión correcta. Escuche lo que dice Pablo en Romanos 10: 8 al 10, en estos versículos se explica con toda claridad lo que se requiere para ser salvo. Este comienza de esta manera:

“ Mas, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de fe que predicamos: [La base de la salvación es la palabra] la palabra de fe que predicamos [Tiene que ser recibida por fe y este es el mensaje] 9 que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo;”

Puede ver que hay dos cosas que tiene que hacer, una cosa es creer en su corazón y otra es confesar con la boca, tenemos que creer en el corazón, pero tenemos que confesar o decirlo con nuestra boca. Y luego Pablo continua

“10 porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”

Sin confesión no hay salvación. Es bueno creer en el corazón pero eso no es suficiente. No solo se cree con el corazón sino también hay que confesarlo valientemente con la boca, de manera que las palabras de su boca concuerden con la Palabra de Dios. Nuestra confesión inicial nos relaciona con Jesús como sumo sacerdote, pero su continuo ministerio a nuestro favor como sumo sacerdote depende siempre de nuestra confesión. La Biblia enseña que nuestras palabras determinan nuestro destino. Veamos Proverbios 18:21:

“Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.” (NBLA)

Puede ver que la lengua puede producir muerte si hacemos una confesión incorrecta o trae vida si hacemos la confesión correcta. Comeremos el fruto de cualquier cosa que confesemos con nuestra lengua. Y en Mateo 12:36 y 37 las palabras de Jesús:

“36 Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. 37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” (NBLA)

Escuché a cristianos decir necedades que no honran a Dios y luego se excusan diciendo que no lo decían en serio, pero Jesús dice: “toda palabra vana que hablen los hombres darán cuenta de ella en el día del juicio”. No vale excusarse diciendo que no lo dijo en serio, es necesario retener nuestra confesión.

En última instancia solo quedan dos alternativas en nuestra relación con Cristo y con la Escritura, confesar o negar. Oiga lo que dice Jesús en Mateo 10:32 y 33:

“ 32 Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. [Es su respuesta como sumo sacerdote, si lo confesamos a Él, Él también nos confesará, pero la alternativa está en el siguiente versículo] 33 Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Y entre estas dos no hay una tercera alternativa. En última instancia en las cosas espirituales no hay lugar para la neutralidad. Jesús también dijo: “El que no está conmigo, está contra mí”. Usted hará la confesión correcta para la salvación, o la confesión incorrecta, y esto no trae salvación.

Ahora, regresemos a nuestra tercera decisión “Por tanto, retengamos nuestra confesión”. Quiero decirle, tiene que seguir afirmando su fe verbalmente. Use lo positivo para excluir lo negativo.

Bien, nuestro tiempo de hoy terminó. Regresaré la próxima semana a la misma hora para continuar con este tema de “Los doce pasos para un buen año”.

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