Por tanto, esforcémonos

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con nuestro tema apropiado y práctico de esta semana “Los doce pasos para un buen año”.
Estos doce pasos están tomados de la epístola a los Hebreos. Doce veces en esta epístola el autor dice: “Por tanto”. Estas palabras indican decisiones que se deben tomar junto con otros creyentes. Todas juntas constituyen doce determinaciones especiales para el Año Nuevo. Mencioné que esta epístola a los Hebreos es la que contiene más advertencias sobrias para los creyentes que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento. En muchos casos las advertencias que fueron apropiadas especialmente para los creyentes hebreos en ese tiempo igualmente son apropiadas para esta nueva generación de creyentes cristianos profesantes que por lo general no son de origen judío.
Ayer mencioné la primera resolución muy sorprendentemente que se encuentra en Hebreos 4:1 “Por tanto, temamos”, es una resolución que la mayoría de nosotros haría solamente si estuviésemos dirigidos por la palabra de Dios; “Por tanto…temamos”. Señalé que era muy apropiada debido a la condición espiritual de los creyentes hebreos, lo que resume en tales palabras como: arrogante, negligente, perezoso. En general fracasaron al no beneficiarse de todas las específicas bendiciones espirituales que tenían. Parece que asumían tener todo porque fueron parte del pueblo de Dios, quizás superiores a cualquier otro, y que no tenían que hacer mucho para merecerlo. Y esa es la primera resolución que es muy apropiada para ellos: “Por tanto…temamos”. Dije también que la condición de los cristianos hebreos de esos días es paralela a la condición de muchos cristianos no judíos profesantes de nuestros días. Entonces debemos tenerlo presente, “por tanto… temamos”.
Hoy, voy a hablar de la segunda resolución que aparece más adelante en el capítulo 4 de Hebreos, se encuentra en el versículo 11: “Por tanto, esforcémonos”. Así que esa es la segunda resolución, “Por tanto, esforcémonos”. Continúa así:
11 Por tanto, esforcémonos por entrar en ese reposo, no sea que alguien caiga siguiendo el mismo ejemplo de desobediencia. (NBLA)
Señalé que esta advertencia está basada en la experiencia de los israelitas en el desierto cuando salieron de Egipto y muchos no llegaron al destino prometido, al descanso que Dios les había prometido, debido a su mal comportamiento y mala actitud quedaron en el desierto. La Escritura dice que sus cadáveres cayeron en el desierto por su incredulidad y desobediencia. Por eso tampoco pudieron oír la voz del Señor. Tuvieron lo externo pero no tuvieron la realidad interna, lo esencial de toda religión verdadera que es: escuchar la voz del Señor.
Ese fue pues el error de Israel, un error trágico. Después de decir “por tanto, temamos”, el autor de Hebreos continua diciendo, basándose en el ejemplo de Israel, “Por tanto, esforcémonos” es muy natural. Creo que si tenemos presente los peligros de esa condición espiritual y en ese caso, “temamos”, lo próximo que haremos es esforzarnos.
Consideremos por un momento lo que esto representa, a veces para encontrar el significado de una palabra es necesario considerar lo opuesto; supongo que lo opuesto a “esforzarse o ser diligente” es la pereza. La Biblia no dice nada bueno sobre la pereza. Este es un tema que no recibe su merecida atención en el cristianismo contemporáneo. Quiero comparar lo que dice el autor de Hebreos en el capítulo 6, versículos 11 y 12:
Deseamos, sin embargo, que cada uno de ustedes siga mostrando ese mismo empeño hasta la realización final y completa de su esperanza. 12 No sean perezosos; más bien, imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas. (NVI)
La advertencia es esforzarnos o ser diligentes hasta el fin. Es necesario continuar siendo diligente. Lo opuesto al esfuerzo está dicho allí muy claramente, es ser perezosos, no se trata de pereza física esencialmente sino de pereza espiritual. Voy a comparar esto con un pasaje en 2 Pedro, el capítulo 1, versículos 5 al 11 que dice así:
5 Precisamente por eso, esfuércense [en otra traducción dice “obrando con toda diligencia”. La idea es la misma] por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; 6 al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; 7 a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor
Como usted ve la vida cristiana no es una condición estática. Es una vida que añade, una vida de crecimiento, de progreso, quedarse estático en la vida cristiana es alejarse de Dios. Y para añadir todo eso se requiere diligencia, se requiere hacer un esfuerzo. Y Pedro sigue con un gran “sí” condicional:
8 Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, los harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos. 9 En cambio, el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados.
¿Cree usted que esto es posible? ¿Que alguien haya sido purificado de sus pecados y lo olvide? La escritura indica que esto es posible. Pedro nos pone dos alternativas por delante, la primera es ser efectivos y productivos en nuestro conocimiento del Señor Jesucristo. la otra es ser inefectivos e improductivos con una condición que el describe como “corto de vista que ya ni ve”. Estas son palabras muy fuertes. A la luz de esto Pedro continúa los siguientes dos versículos el 10 y el 11:
“Por lo tanto”[siempre hago una pausa cuando leo un “por lo tanto” o “pues” en la Biblia, es necesario encontrar el porqué de esas palaras. “Por lo tanto” aquí se refiere a la advertencia que Pedro está dando]10 Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, 11 y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (NVI)
Esta son buenas noticias. Hay cosas que podemos hacer para ayudarnos a no caer nunca y tener una gran entrada en el reino de nuestro Señor.
Básicamente como ya he dicho la condición contra la que se nos advierte es la pereza y a mí me preocupa la falta de interés en círculos cristianos respecto a la pereza. La mayoría de los cristianos ven la embriaguez con horror, rechazaría a una persona que diga ser cristiana y que fuera un ebrio y yo estoy de acuerdo con esa actitud. La ebriedad es un pecado y decididamente no la recomiendo, pero quiero decir que en la Escritura la pereza es condenada más severamente que la ebriedad. El problema es que muchos cristianos que nunca se embriagarían son habitualmente perezosos. Prestemos atención a esa advertencia y seamos diligentes.
Consideremos por unos momentos lo que involucra ser diligente. Hay dos Escrituras muy hermosa en Proverbios 10 que por mucho tiempo fue como una luz que me ha guíado personalmente. Juntas resumen las verdaderas condiciones para adquirir la riqueza y salud perdurable. Una condición es de parte del Señor, la otra está de nuestra parte, tenemos que cumplir con las dos condiciones para obtener los resultados. La condición del Señor está declarada en Proverbios 10:22:
La bendición del Señor es la que enriquece,Y Él no añade tristeza con ella. (NBLA)
De manera que la primera condición para obtener verdaderas riquezas sea espiritual y de otra clase es la bendición del Señor. En realidad, no podemos contar con otra cosa realmente buena a parte de la bendición del Señor. Pero por el otro lado la bendición del Señor por sí sola no es suficiente, porque Proverbios 10:4 dice esto:
Pobre es el que trabaja con mano negligente,Pero la mano de los diligentes enriquece. (NBLA)
Antes que nada, la bendición del Señor enriquece y segundo la mano diligente enriquece. Se requiere de la bendición del Señor y de nuestra diligencia para obtener la verdadera riqueza, no es suficiente esperar la bendición del Señor, ni siquiera recibir su bendición. No logrará su propósito en su vida a menos que usted agregue su esfuerzo personal o es diligente. Recuerde que dijimos que ser diligente es lo opuesto a la pereza.
Quiero decir que esa es una verdad que ha sido bien probada en mi experiencia personal a lo largo de casi cuarenta años de vida cristiana. Me he encontrado en muchas situaciones diferentes, en muchas formas diferentes de ministerio, en muchas tierras y continentes diferentes y puedo decir por la gracia de Dios que siempre he sido diligente en las cosas pequeñas y en las grandes. En cada situación que requería de mi responsabilidad, las he dejado en mejores condiciones espiritual y económica que cuando estaban cuando las encontré. Ahora, lo primero y más importante es que agradezco la bendición del Señor, pero solo la bendición del Señor no la hubiera logrado si yo no hubiese agregado mi propia diligencia. Voy a dejarlo con esas dos palabras “La bendición del Señor es la que enriquece, y además la mano de los diligentes enriquece”. Añada estas dos juntas y usted tendrá verdaderas riquezas espirituales.
Bueno, nuestro tiempo de hoy terminó. Regresaré mañana a la misma hora, para continuar con nuestro tema “Doce pasos para un buen año”. Mañana daremos el tercer paso.
Código: RP-R048-104-SPA