Me alegro de estar nuevamente con usted para concluir una semana más.

Hoy voy a continuar y concluir con el tema de “El Dios velado”. En mis charlas anteriores hablé de tres maneras distintas en que Dios se ha manifestado. La primera, en la forma del hijo del carpintero, Jesús de Nazaret. La segunda, por medio de sus mensajeros. La tercera, a través de los niños.

Hoy, en mi última charla sobre este tema, veremos una forma en que Dios se encubre de los hombres: “Su pueblo perseguido”. Dios sufre con su pueblo perseguido. Él se identifica con ellos y la manera en que tratamos a su pueblo, así lo tratamos a Él.

Esto está demostrado con toda claridad en el ejemplo de Saulo de Tarso, Saulo es presentado en el Nuevo Testamento como el perseguidor número uno de una secta nueva y extraña que apareció en Jerusalén y conocida como “los nazarenos” o “los seguidores del camino”, a los que nosotros hoy llamamos cristianos. Pablo no solo se contentaba con perseguir a los cristianos en Jerusalén sino que estaba decidido a terminar con ellos en todas las ciudades donde se aparecieran, obtuvo la autorización del Sumo sacerdote en Jerusalén para ir a Damasco, para arrestar y procesar a los seguidores de Jesús. Sin embargo, camino a Damasco, usted recordará, tuvo un encuentro inesperado con el mismo Jesús. La siguiente es una descripción de ese encuentro y quiero que usted note particularmente la manera en que Jesús le habló a Saulo de Tarso, por supuesto que Saulo de Tarso llegó a convertirse en el gran apóstol Pablo. Leemos en Hechos 9, versículos del 1 al 6:

Saulo , respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos que pertenecieran al Camino, tanto hombres como mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén.3 Y mientras viajaba, al acercarse a Damasco, de repente resplandeció a su alrededor una luz del cielo. 4 Al caer a tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».5 «¿Quién eres, Señor?», preguntó Saulo. El Señor respondió: «Yo soy Jesús a quien tú persigues; 6 levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer».

Note usted lo que Jesús le pregunta a Saulo, él no preguntó ¿Por qué persigues a mi pueblo, a mis seguidores o a mis discípulos?, sino ¿Por qué me persigues?; y cuando Saulo pregunta quien le habla, él Señor le contesta “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Puede ver, que el pueblo de Dios no sufre solo. El sufrimiento puede ser terrible, pero Dios está siempre en medio de sus sufrimientos, él se identifica con su pueblo si está sufriendo por su causa, por su obra o por obedecerle. Y la manera en que tratamos al pueblo de Dios, es la manera en que tratamos a Dios mismo. Ese es un velo a través del cual muchos gobernantes y líderes de la sociedad no penetraron, ni han penetrado, pero muchos han perseguido al humilde y pobre pueblo de Dios, sin darse cuenta de que estaban tratando con Dios mismo, su pueblo perseguido. Así que, necesitamos entender que Jesús se identifica con su pueblo perseguido.

Es de particular importancia reconocer esto, ahora que estamos en los últimos tiempos porque Jesús mismo advirtió a sus seguidores que cuando llegaran estos días habría una persecución mundial de los cristianos.

Esto es lo que dice en Mateo 24, versículos 4 al 9:

4 Jesús les respondió: «Tengan cuidado de que nadie los engañe. 5 Porque muchos vendrán en Mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos. 6 Ustedes van a oír de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No se alarmen, porque es necesario que todo esto suceda; pero todavía no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos.»

Estas son las cosas que hoy estamos viendo alrededor del mundo. Luego continua:

8 Pero todo esto es solo el comienzo de dolores.

Es el comienzo de dolores de una nueva era. Él agrega algo referente a ese tiempo:

9 »Entonces los entregarán a tribulación, y los matarán, y serán odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.

Como usted puede ver habrá una persecución mundial de los seguidores de Jesús, debemos ser advertidos de eso. Cuidémonos de nunca tomar el lado equivocado, que nunca, de ninguna manera nos identifiquemos con los perseguidores del pueblo de Jesús. Porque si lo hacemos tendremos que responder a Dios como si de la misma manera hubiésemos perseguido a Dios.

Por otro lado, los que reciben al pueblo de Dios y le demuestran misericordia, están calificados para recibir la misericordia de Dios. Así lo dice Jesús en Mateo 10: 41–42:

41 El que recibe a un profeta como profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo como justo, recibirá recompensa de justo

Al penetrar el velo y nos demos cuenta con quien estamos tratando y aceptemos a las personas por quienes son en Dios y como Dios las ve. Entonces podemos recibir la misma recompensa de esa persona. Si es un profeta recibimos la recompensa de profeta. Si la persona es justa recibimos la recompensa de los justos.

En el versículo 42 el Señor continúa diciendo:

Y cualquiera que como discípulo dé a beber aunque solo sea un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, en verdad les digo que no perderá su recompensa»

En otras palabras, seremos juzgados por Dios conforme a nuestro trato con el pueblo de Dios, especialmente cuando son perseguidos o cuando están en necesidad, especialmente cuando es más fácil darles la espalda y decir: “se lo merecen”. En los últimos tiempos, habrá mucha presión para estar en contra del pueblo de Dios, pero recordemos que si lo hacemos estaremos rechazando a Dios mismo. Dije que Jesús se identifica con su pueblo perseguido.

Quiero agregar y enfatizar que esto incluye a sus hermanos naturales, el pueblo judío. En Apocalipsis 5, a Jesús se le llama el león de la tribu de Judá. Judá es el nombre de donde sacamos la palabra “judío”. De manera que Jesús en cierto sentido está identificado con el pueblo judío. La manera en que tratemos a los judíos será como si hubiésemos tratado al hermano mayor, a Jesucristo su rey que todavía no han reconocido.

Cada día más, Israel se vuelve el centro de atención de los líderes y gobiernos del mundo. Todos los días hay noticias en los periódicos sobre Israel. Esta diminuta nación de tres millones y medio de habitantes es el foco de las noticias y de la tensión mundial. Esto no sucede por accidente. Dios va a juzgar a las naciones según su relación con Israel.

Quiero leer un pasaje bastante largo en Mateo 25, que expresa esto con toda claridad. Mateo 25, versículos 31 al 46, Jesús habla:

31 »Pero cuando el Hijo del Hombre venga en Su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces Él se sentará en el trono de Su gloria; 32 y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a Su derecha y los cabritos a la izquierda.34 »Entonces el Rey dirá a los de Su derecha: “Vengan, benditos de Mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui extranjero, y me recibieron; 36 estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a Mí”. 37 Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos como extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a Ti?”. 40 El Rey les responderá: “En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron”.

Puede ver que Jesús se identificó con sus hermanos. Entonces dirá también a los de Su izquierda:

41 »Entonces dirá también a los de Su izquierda: “Apártense de Mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; 43 fui extranjero, y no me recibieron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo, y en la cárcel, y no me visitaron”. 44 Entonces ellos también responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como extranjero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?”. 45 Él entonces les responderá: “En verdad les digo que en cuanto ustedes no lo hicieron a uno de los más pequeños de estos, tampoco a Mí lo hicieron”.

Como hemos tratado a sus hermanos así lo hemos tratado a ÉL.

46 Estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna».

El castigo fue que no reconocieron a Jesús en el pueblo perseguido. Ellos persiguieron y aprobaron a quienes perseguían al Dios todopoderoso. Esto es serio sea que se aplique a los seguidores de Jesús o al pueblo judío. Hay otra cita en Zacarías 2:8 que habla del pueblo judío y dice “…porque el que los toca, toca la niña de Su ojo:

porque el que los toca, toca la niña de Su ojo:

Recuerde eso al hablar de los judíos o pensar en ellos. Cuando usted adopta una posición o una actitud concerniente a los judíos, está tocando la parte más sensible de Dios “la niña de su ojo”. ¡Debemos estar vigilantes!

Se terminó nuestro tiempo de hoy. Regresaré la próxima semana a la misma hora, con otra serie de mensajes de la palabra de Dios.

Como
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