Me alegro de estar nuevamente con usted en la continuación de nuestro extraño pero emocionante tema de esta semana “El Dios velado”.

En mis charlas anteriores vimos algunas razones por las que Dios a veces se nos acerca encubierto. Hay tres cosas que él no quiere hacer cuando EL viene a nosotrosPrimero; no nos quiere impresionar con su poder.Segundo; no quiere cautivarnos con sus bendiciones.Tercero; no quiere satisfacer solamente la curiosidad intelectual de nadie.

Ya mencioné también dos formas específicas en las que Dios se nos presenta sin ser reconocidoLa primera es la más importante de todas, pero una forma que Dios usó solamente una vez; la del hijo del carpintero, Jesús de Nazaret, quien terminó su vida ejecutado en un madero romano.

La segunda forma que Dios ha utilizado muchas veces y aun hoy continúa haciéndolo es manifestarse a través de sus mensajeros. Expliqué que Dios se identifica totalmente con sus mensajeros fieles a quien Él envía para entregar sus declaraciones. La forma en que respondemos a sus mensajeros es tomada en cuenta como nuestra respuesta a Dios mismo. Usé dos ejemplos, uno del Antiguo Testamento y otro del Nuevo; el del Antiguo Testamento fue el de Barac, quien fue llamado por Dios para liberar a Israel de un ejército invasor. Cuando se libró la batalla y él ganó, se hizo un reconocimiento de los que habían respondido para ayudar a Barac, hubo un pueblo llamado Meroz que se rehusó a ayudarlo y Dios lo maldijo porque no había venido al socorro del Señor. La Biblia no dice que no vinieron para socorrer a Barac, sino que: “no vinieron en ayuda del Señor”. El Señor se había identificado totalmente con su siervo, la forma en que respondieron a Barac fue su respuesta a Dios.

El otro ejemplo fue de Juan el Bautista, en el Nuevo Testamento. Herodes había rechazado a Juan y terminó matándolo. Mas adelante cuando Jesús compareció ante Herodes este esperaba ver algún milagro u oír alguna esperanza maravillosa, pero Jesús no le dijo una palabra. El principio es que Herodes rechazó al precursor y representante de Jesús. Él no tenía derecho para reclamar que Jesús lo complaciera.

Hoy voy a hablar de otra forma que Dios usa a menudo para manifestarse, la de un niño. Muchas veces Dios viene a nosotros en la forma de un niño. Escuche lo que dice Jesús en Mateo capítulo 18: 1 al 6:

En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». 2 Él, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos, 3 y dijo: «En verdad les digo que si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4 Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y el que reciba a un niño como este en Mi nombre, me recibe a Mí.6 »Pero al que haga pecar a uno de estos pequeñitos que creen en Mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.»

Luego en el versículo 10 dice:

«Miren que no desprecien a uno de estos pequeñitos, porque les digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de Mi Padre que está en los cielos.»

Dios pone mucho valor en los niños. Si lo entiendo bien a esta Escritura, cada niño tiene un ángel para cuidarlo, que este tiene acceso a la presencia del Dios Todopoderoso y debe rendirle cuentas de todo lo que le sucede.Jesús dice: Si Dios pone a un niño en su camino y usted lo recibe, lo está recibiendo a él. Pero si usted rechaza a ese niño, si no lo ayuda, realmente está rechazando a Dios. También dice que si hiciese algo peor y hace que el niño peque; recuerde que nuestra sociedad contemporánea está llena de personas que están haciendo precisamente eso. Jesús dice que sería mejor que tal persona se cuelgue una piedra de molino al cuello y se tire al mar antes de que haga pecar a un niño.

Cuando Jesús pone a un niño frente a nosotros, él se identifica con ese niño. Como tratamos al niño es nuestra respuesta a Jesús. El ángel de Dios cuida a este niño y se fija en la forma en que nosotros lo tratamos. Es el mismo principio que hemos venido observando. Dios a menudo esta encubierto detrás del débil, los necesitados, lo raro y lo inusual. No dé por sentado que usted va a conocer a Dios cuando El viene a su vida, podría ser que él venga encubierto y si su corazón no está abierto, quizás usted no lo reconozca. Es posible también que usted sea culpable de rechazar a Dios y ni siquiera darse cuenta de que lo hizo.El principio que Dios requiere de nosotros que cuidemos de los niños está muy claro en la Escritura.

Leamos lo que dice Santiago en el capítulo 1:26 y 27 donde habla acerca de la verdadera religión:

26 Si alguien se cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana.

El primer versículo dice lo que la religión no es. Una persona que no controla su lengua, Dios no aceptará su religión. Eso significa que Dios no acepta la religión de las personas que son chismosas o levantan falsos testimonios, o que critican o exageran.

El segundo dice lo que Dios espera de la religión.

27 La religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.

Hay dos aspectos de esta religión aceptable, uno es positivo y el otro negativo. El positivo es visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones. Lamentablemente el cristianismo de hoy pone mucho énfasis en lo negativo, en no involucrarse con el mundo, no contaminarse con el mundo, mantenerse separados, no ir aquí o allá, no hacer esto o aquello, mucho de lo cual es solo reglamento humano, y a menudo se olvida lo positivo, visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones. Como usted responde a las necesidades de los niños, es la manera en que responde a Dios.

Ahora yo quisiera decir algo personal, y puedo hablar del tema por experiencia personal. Mi primera esposa, Lidia y yo, criamos nueve hijas adoptivas en nuestra familia. Seis son judías, una inglesa, una árabe y la más joven africana. Después de la muerte de mi primera esposa, me volví a casar. Mi segunda esposa trajo a sus tres hijos adoptivos, así que entre nosotros dos somos responsables por doce hijos adoptivos.

Me gustaría contarle la historia de cómo, Lidia y yo adoptamos a la niña africana. Éramos misioneros en Kenia, África Oriental. Estábamos muy ocupados en una escuela bíblica. Una noche, vino a nuestra casa una señora blanca con una pareja negra, y trajo una niña de seis meses, muy enfermiza y envuelta en una toalla sucia. Ellos dijeron: “Escuchamos que ustedes reciben niños” bueno - dijimos mi esposa y yo: “Eso fue hace años atrás, ahora estamos viejos para eso y estamos muy ocupados con otras cosas”. Ellos contestaron “Por tres días hemos buscado entre todas las familias blancas, negras y asiáticas, para ver quien toma a esta beba, y estamos cansados, ¿nos permitiría sentarnos por media hora para descansar?”. Nosotros dijimos que “si”.

Después de treinta minutos ellos se levantaron para marcharse y cuando pasaron junto a mí, la niña estiró su brazo hacia mí como diciendo “¿qué vas a hacer conmigo?”. Me volví a mi esposa y dije: “Creo que cambiamos de parecer”, mi esposa dijo: “Deme una semana para conseguir una cuna y ropa para la niña y tráiganmela”. Así fue como la adoptamos y les aseguro que mi vida ha sido enriquecida con ella, hoy ella es una mujer cristiana que sirve a Dios y a Israel, trabaja como voluntaria en un “Kibut” en Israel. Pienso lo que hubiéramos perdido al dejar de lado esta oportunidad cuando Jesús vino a mí en la persona de esta niña africana y enfermiza.

Amigo, quiero decirle que este mundo está lleno de niños necesitados. En este mismo país, en todas partes, y nosotros podemos ayudarlos directa o indirectamente.

Llevo muchos años apoyando a dos huérfanos, uno en la India y otro en Corea. No digo esto para jactarme, pero de qué sirve predicar sino practicamos lo que se predica. No es un gran sacrificio para mí y estoy ayudando a tres niños a seguir vivos y dándoles la oportunidad de que tengan una educación cristiana.

Voy a terminar leyendo otro pasaje en Santiago capítulo 4:17

A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.

Puede ver que los pecados no solo se cometen, sino también se omiten. Tal vez Dios se le ha acercado en la forma de un niño, o tal vez lo hará. ¿Cuál será su respuesta?

Bien, nuestro tiempo de hoy terminó. Regresaré mañana a la misma hora, para ver otras formas en la que Dios se presenta.

Como
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