El hijo del carpintero

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir los principios de la vida espiritual que Dios me ha dado a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano.
El tema para esta semana es “El Dios velado”. Al principio podría parecerle extraño que Dios se presente encubierto. En mi charla de ayer mencioné tres razones por las cuales Dios muy a menudo se nos acerca de tal manera que encubre su divinidad.Dije que existen tres cosas que Dios no quiere hacer cuando se acerca a nosotrosPrimero; no nos quiere impresionar con su poder.Segundo; no quiere cautivarnos con sus bendiciones.Tercero; no quiere satisfacer solamente la curiosidad intelectual. Él no se acerca como una pieza en el rompecabezas que se llama Dios, la cual nosotros tenemos que poner en su lugar. Estas tres cosas Dios repudia y para que no nos acerquemos a El de esa manera, muy a menudo y se nos presenta encubierto y de improvisto. Entonces, si realmente estamos buscando a Dios por quien es El, y no por sus atributos, sus bendiciones o su provisión, solamente así y con esa actitud discerniremos quien es El a través de ese velo.
¿Qué es lo que Dios quiere realmente? Él quiere que lo busquemos por quien es Él, más allá de su poder, sus bendiciones o beneficios.
Hoy voy a hablar de la manifestación más importante y maravillosa de Dios dentro de la historia que fue encubierto dentro de la humanidad, me refiero a Dios encarnado en el hijo del carpintero, conocido en la historia como Jesús de Nazaret. Dios ya había advertido a Israel mediante profecía que vendría de una manera inusual. En Isaías 9:6, el profeta declara lo siguiente:
“Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado,Y la soberanía reposará sobre Sus hombros.Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso,Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
Aquí tenemos a un niño que se convertirá en alguien tremendo, Dios poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Extraño que el Dios Todopoderoso viniese encubierto como un niño.
La Escritura es exacta. Dice dos cosas de este niño. Dice: Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado. Jesús no se convirtió en el hijo de Dios en la encarnación, Él es eternamente el hijo de Dios. Él es el hijo que ha nacido a través de la encarnación se convirtió en un niño.Su naturaleza eterna está descrita en otros pasajes, por ejemplo, en Hebreos capítulo 1, versículos 1 al 3:
“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, el Hijo se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,”
Aquí nos habla de siete verdades maravillosas con respecto al hijo de DiosPrimero; él es heredero de todo, la creación entera, el universo completo va a encontrar su culminación y cumplimiento en Él.Segundo; Dios creó el universo por medio de Él. Él es la fuente creativa de todo.Tercero; él es el resplandor de la gloria de Dios. Él es la expresión de lo que no podemos ver en el Dios invisible.Cuarto: Él es la representación exacta del ser de Dios. Él lo representa de una forma que podamos apreciar la naturaleza exacta del Dios eterno e invisible.Quinto; El sustenta todo con su palabra. Él es la fuerza que sostiene el universo entero.Sexto; él provee la purificación de nuestros pecados mediante su muerte en la cruz.Y séptimo; después de llevar a cabo eso, se sentó a la diestra de Dios. Ocupó el lugar de toda autoridad y gloria en el universo. Este es Jesús realmente. Pero en la historia vino encubierto de una manera inusual, ese niño llegó a ser conocido como el hijo del carpintero.
Dios le había advertido a Israel que estaban en peligro de no reconocerlo. Por ejemplo en ese pasaje muy conocido de Isaías 53 que describe a Jesús como varón de dolores. Ese pasaje comienza con una advertencia a la incredulidad. Leemos Isaias 53:1-5
“¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del Señor?Creció delante de Él como renuevo tierno, Como raíz de tierra seca. No tiene aspecto hermoso ni majestad Para que lo miremos, Ni apariencia para que lo deseemos.Fue despreciado y desechado de los hombres, Varón de dolores y experimentado en aflicción; Y como uno de quien los hombres esconden el rostro, Fue despreciado, y no lo estimamos.Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, Y cargó con nuestros dolores. Con todo, nosotros lo tuvimos por azotado,Por herido de Dios y afligido.Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, Molido por nuestras iniquidades. Él castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él,Y por Sus heridas hemos sido sanados.”
Imagíneselo a Jesús molido, desgarrado y golpeado en la cruz, muriendo allí, cada respiro una agonía, derramando su vida en sangre. ¿No fue eso algo inusual para el Dios Todopoderoso? El pasaje continúa diciendo
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,Nos apartamos cada cual por su camino;Pero el Señor hizo que cayera sobre ÉlLa iniquidad de todos nosotros.”
De todas, esta es la más grande e inusual de todas las manifestaciones de Dios.
Veamos ahora cuatro cosas que Jesús no era. No era de la casta sacerdotal. No cursó estudios universitarios. No era un líder político. No era un comandante militar. Todas las cosas que haría para que el mundo lo admire, respete y reciba, Él no las tenía. ¿Por qué? … porque él no quería ser recibido de esa maneraSolo los de corazón contrito y humillado lo reconocerían, aquellos que estaban anhelando a Dios mismo y no por lo que Él les pueda ofrecer.
Ciertamente Jesús descendía de una tribu de reyes, de la única tribu de donde podía venir un rey para el pueblo de Israel, de la tribu de Judá. Pero la gloria de los reyes se había eclipsado hacía mucho tiempo, y cuando vino era solo “como raíz de tierra seca”. Así fue como se apareció Dios hace dos mil años atrás. Pocos han logrado penetrar ese velo.
Hubo dos reacciones opuestas cuando Dios vino a la tierra como Jesús el hijo del carpintero, quien terminó su vida colgada en una cruz. Una reacción fue desestimarlo, con desprecio, viendo solo al hijo del carpintero. La otra fue recibirlo con adoración, como al hijo de Dios.Veamos estas dos reacciones opuestas por un momentoLa primera; la reacción de rechazo y desprecio está en Mateo 13:54 al 57, que describe muy apropiadamente la reacción de sus vecinos de Nazaret
“Y llegando a Su pueblo, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban y decían: «¿Dónde obtuvo Este tal sabiduría y estos poderes milagrosos? ¿No es Este el Hijo del carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas Sus hermanas con nosotros? ¿Dónde, pues, obtuvo Este todas estas cosas?».Y se escandalizaban a causa de Él. Pero Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa».”
Estos no pudieron penetrar el velo. Lo habían conocido por mucho tiempo. En cierto sentido se habían familiarizado demasiado con él. Hay un dicho que dice “Lo que se tiene no se aprecia”. Esto fue cierto en Jesús. Los que pudieron acercarse fallaron en reconocerlo y Jesús tuvo que irse a otro lado donde lo recibieran.
Veamos ahora la otra reacción, aquellos que lo recibieron habiendo penetrado el velo y descubierto quién fue El en realidad. Mateo 16:13 -17:
“Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?». Y ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?», les preguntó Jesús. Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos.”
Aquí estaba un hombre que había recibido la revelación del padre concerniente a Jesús. Alguien que penetró lo superficial y se fijó en lo que era realmente importante y que por la gracia y el Espíritu de Dios discernió quién era Jesús. Jesús era el eterno hijo de Dios, el Mesías, a quien esperaba todo Israel, pero no lo reconocieron. Todavía hoy tenemos la misma alternativa. Podemos reaccionar de una manera o de otra como ellos lo hicieron. Escuche estas palabras en Juan capítulo 1, versículos 11 al 13:
“A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.”
¿Qué piensa hacer usted con Jesús?, ¿lo va a rechazar?, ¿lo va a recibir?, ¿Va a penetrar el velo y descubrir al hijo eterno de Dios, adorarlo y recibirlo? … Pido a Dios que así lo haga.
Nuestro tiempo de hoy se terminó. Volveré mañana a la misma hora, para que veamos otras formas veladas en las que Dios se apareció en este mundo.
Código: RP-R045-102-SPA