Dios, El Señor está allí

Derek Prince
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted en la conclusión de esta semana, hoy voy a continuar y concluir el tema que he tratado en las últimas dos semanas: “Dios Revelado en sus Nombres”; lo que podemos conocer de Dios a través de los diferentes nombres en la Escritura.
Desde el final de la semana pasada y a través de esta he hablado de los siete nombres del pacto de Jehová, nombres que reflejan la fidelidad del pacto de Dios en su trato con el hombre. Le sugerí que sería de mucha bendición memorizar estos nombres.
Hasta ahora hemos estudiado juntos seis de esos nombres del pacto: 1ro. Dios provee, 2do. Dios sana, 3ro. Dios es nuestro Estandarte, 4to. Dios es nuestra Paz, 5to. Dios es nuestro Pastor y 6to. Dios es nuestra Justicia. Hoy hablaré del 7mo. y último de esos nombres del pacto: Dios, El Señor está allí, o el que está siempre presente.
Esos nombres se encuentran en Ezequiel 48:35 dice así:
35 La ciudad tendrá dieciocho mil codos en derredor; y el nombre de la ciudad desde ese día será: el Señor está allí (Jehová-sama)
Ese es el nombre: Dios, el Señor está allí. Los últimos ocho o nueve capítulos de Ezequiel están relacionados con la restauración de Israel y describen la reconstrucción de una ciudad y la construcción de un templo. Allí se encuentran detalles tremendos acerca de la construcción de ese templo, detalles de los materiales que serían usados, etc Luego, cuando el templo y la ciudad fueron terminados un nombre le será dado: Dios, el Señor está allí. Esto resalta por supuesto la verdadera razón para construir la ciudad y el templo, que fuese un lugar de morada para el Señor. Es como si el Señor esperara hasta que todo estuviera completo y hasta que todo estuviera exactamente de la manea que Él lo quiere y luego dijera: “bueno ahora este será mi lugar donde habite, y yo estaré allí”.
Debemos buscar por un momento las circunstancias previas de toda esta situación. Uno de los mayores temas de Ezequiel es la gloria de Dios, su presencia manifiesta en medio de su pueblo, la presencia del Señor de una manera que pueda ser percibida por los sentidos humanos, con los ojos y los demás sentidos. La palabra hebrea para ese tipo de gloria es Shekiná o Shakiná que deriva de una palabra que significa morar. Este es Dios morando en medio de su pueblo, Su presencia manifestada en ellos.
En el comienzo de la profecía de Ezequiel la gloria de Dios estaba aún en el templo de Jerusalén. Pero por el pecado y la rebelión continua de Israel, Dios tuvo que quitar su presencia personal. Su gloria partió del templo y de la ciudad. Eso lo describe Ezequiel en el capítulo 11:22- 23:
22 Entonces los querubines alzaron sus alas con las ruedas a su lado, y la gloria del Dios de Israel estaba por encima, sobre ellos. 23 La gloria del Señor se elevó de en medio de la ciudad, y se detuvo sobre el monte que está al oriente de la ciudad (ese es el monte de los olivos)”.
En ese punto Dios lamentaba el pecado de su pueblo que luego quitó su presencia de la ciudad y del templo. La gloria del Señor partió de en medio de la ciudad y se fue hacia el este y por un tiempo reposó sobre el monte de los Olivos. Después que la gloria del Señor fue quitada las profecías que siguen predicen juicios terribles; pero con estos juicios están intercaladas las promesas de restauración.
Luego llegamos a los últimos capítulos de Ezequiel que describen la restauración. La restauración de la gloria del Señor es el enfoque, es el centro, es la parte más importante que todo, es la Shekina, la presencia de Dios en el templo. La esencia de esta restauración se describe en Ezequiel 43 del 1 al 7:
Entonces me llevó a la puerta, la puerta que mira hacia el oriente;
La gloria del Señor había partido a esa dirección, hacia el oriente.
Su voz era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía de su gloria.
Desde la misma dirección en la que partió, regresaba.
3 Y tenía el aspecto de la visión que vi, como la visión que había visto cuando Él vino a destruir la ciudad; y las visiones eran como la visión que yo había visto junto al río Quebar. Entonces me postré sobre mi rostro. 4 La gloria del Señor entró en el templo por el camino de la puerta que da hacia el oriente. 5 Y el Espíritu me levantó y me llevó al atrio interior, y he aquí, la gloria del Señor llenó el templo.
El Señor regresó al atrio interior del templo.
6 Y oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras el hombre estaba de pie junto a mí, 7 y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar de las plantas de mis pies, donde habitaré entre los hijos de Israel para siempre…
¿Puede notar allí la esencia en esto? Se trata de la presencia visible y manifiesta del Señor para habitar nuevamente con su pueblo por siempre. Esto declara el propósito máximo de Dios en su trato con el hombre.
A veces tenemos una impresión incorrecta. Pensamos que el propósito final de Dios es llevar al hombre al cielo; pero no es así realmente. Su propósito es traer el cielo a la tierra y sobre todo que su presencia personal more con el hombre. Eso es verdad con cada estructura que el Señor se ha edificado. Fue el propósito del tabernáculo de Moisés. Fue el propósito del templo de Salomón. Este siempre iba a ser una morada donde el Señor pueda habitar en medio de su pueblo y nunca dejarlo. Pero a través de la historia del pueblo de Dios y hasta este tiempo su comportamiento fue desagradable a Dios que lo llevó a quitar su gloria. Sin embargo, el Señor persistió en su propósito. Continuemos por un momento hasta el fin de la Biblia donde vemos que el propósito se mantiene inmutable. Apocalipsis 21:1-3 dice:
1Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. 2 Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. 3 Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo.
Este es el clímax, es la culminación del propósito divino en la historia de la humanidad. No solo que el ser humano llegue al cielo; sino que Dios trate con el hombre de tal manera que sea apto y reciba su presencia para que El more en la tierra. Voy a leer nuevamente esas últimas palabras:
He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo.
Ahora regresemos al clímax del propósito de Dios, según lo revelado en Ezequiel. Leeré nuevamente Ezequiel 48:35:
"La ciudad tendrá 18,000 codos de perímetro; y el nombre de la ciudad desde ese día será: El Señor está allí."
Esa es la culminación del propósito divino. Este es también el séptimo y el último nombre del pacto de Jehová o Yawe, el Señor.
Ahora volvamos a meditar en estos siete nombres completos y reflexionemos por un momento en sus significados: 1ro. Dios, el que provee, 2do. Dios, El que sana, 3ro. Dios, nuestro estandarte, 4to. Dios nuestra Paz, 5to. Dios, Nuestro Pastor, 6to. Dios, Nuestra Justicia y 7mo. Dios, El Señor está allí o El que está siempre presente, siempre en el lugar donde lo necesita, Él está a su lado en todo momento. El que provee, el que sana, El es nuestro Estandarte, nuestra Paz, nuestro Pastor, nuestra Justicia, El que está allí. Ese es su propósito, morar por siempre con su pueblo, y ese es su propósito para cada uno de nosotros como individuo. Que cada uno de nosotros lo podamos conocer, como el Señor que mora permanentemente en nosotros. El Señor que siempre está allí en nuestros corazones, en el centro de nuestras vidas.
Me pregunto si usted conoce al Señor de esa manera, ¿Lo ha invitado alguna vez al Señor para que more permanentemente en su corazón y en su vida? Dios quiere hacerlo. Escuche lo que dice Apocalipsis 3:20:
20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.
Ese es el deseo del Señor, ese es su propósito: venir a su corazón. Que su vida sea su morada permanente, que sea su hogar en toda su plenitud del pacto. En cada uno de esos aspectos de su naturaleza del pacto, Él quiere morar en su corazón y en su vida. Él es un caballero, no forzará su entrada. Tiene que abrir la puerta. Tiene que invitarlo a venir ¿Le gustaría hacerlo? Podría hacerlo ahora mismo. Repita esta oración conmigo:
“Señor Jesús te doy gracias porque tu moriste por mis pecados y resucitaste de los muertos y ahora te invito a que vengas a morar en mi corazón y que seas mi Salvador y Señor”.
Ahora comience a dar gracias. Él ha estado esperando la oportunidad para entrar. En el momento en que usted abre la puerta, el vino y ahora su vida será diferente. Este Dios grande y maravilloso que guarda su pacto, no es alguien de quien usted ha oído hablar, es alguien que está allí para siempre.
Nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré la próxima semana a la misma hora de lunes a viernes. La próxima semana seguiré más adelante con otro tema rico y estimulante.
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