Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar nuestro tema: Dios Revelado en sus Nombres, lo que podemos conocer de Dios a través de los diferentes nombres en la Escritura.

En mis charlas anteriores he hablado de los siete nombres del pacto del Señor, nombres que reflejan varios aspectos de la fidelidad del pacto de Dios en su trato con el hombre. Voy a leer los cinco nombres del pacto que ya hemos estudiado. Si ustedes están siguiendo estas charlas, sugiero que lo memoricen: El 1ro. Dios, El que provee, 2do.Dios, El que sana, 3ro. Dios es nuestro Estandarte y 4to. Dios es nuestra Paz, 5to Dios es nuestro pastor. Hoy voy a hablar del 6to. de esos nombres de pacto: El que Dios es nuestra Justicia.

Ese nombre se encuentra en una de las muchas promesas de restauración dada a Israel por medio de los profetas, las cuales se centran en el Mesías. Esa promesa en particular se encuentra en Jeremías 23:5- 6.

5 «Vienen días», declara el Señor, «En que levantaré a David un Renuevo justo; Renuevo es uno de los títulos comunes que le dan en el Antiguo Testamento al MesíasY Él reinará como rey, actuará sabiamente, Y practicará el derecho y la justicia en la tierra. 6 En sus días Judá será salvada, E Israel morará seguro; Y este es Su nombre por el cual será llamado: “El Señor, justicia nuestra”.

Este es el 6to. nombre de pacto: Dios, el Señor es nuestra Justicia. La restauración incluye la justicia. De hecho, sin ella las otras formas de restauración serían imposibles y sin valor. Dios va a restaurar la justicia de su pueblo; pero esa justicia será restaurada a través de una persona, note que dice: “Dios es nuestra justicia”. Nuestra justicia no está en un sistema de leyes o en una religión; sino en una persona y esa persona es el Mesías prometido.

Hay dos clases de justicia. Es importante verlas: una es nuestra propia justicia y esa no es aceptada por Dios. Dice en Isaías 64 versículo 6:

6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia;

Note que dice: “todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia”. Podríamos entender fácilmente si Isaías hubiera dicho todos nuestros pecados son como trapos de inmundicia; pero dice que “todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia”. En otras palabras, lo mejor que podamos hacer con nuestra propia justicia aún sigue siendo totalmente inaceptable para Dios. Está muy por debajo del modelo de justicia que Dios requiere.

Así que tenemos una alternativa, la clase de justicia que recibimos en una persona que es Jesús, el Mesías o la otra justicia que podemos alcanzar por nuestros propios esfuerzos. Ambas se excluyen mutuamente; no podemos ofrecerle a Dios las dos.

Pablo determina en Filipenses 3:9

y ser hallado en Él (Jesús, Cristo el mesías), no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe

Observe que para poder obtener la justicia que viene por la fe en Jesús, el Cristo, el mesías, Pablo tuvo que renunciar a la clase de justicia que provenía de su propio esfuerzo. El error grave que Israel cometió en su historia fue que buscó la justicia equivocada y durante 2,000 años esto trajo a su destino consecuencias tan negativas. Pablo nos habla de Israel en Romanos 10:3 y 4:

3 Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. 4 Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree.

Es importante que entendamos eso, la muerte de Jesús en la cruz expió los pecados y las faltas de todos los que fracasaron en observar la ley y proveyó otro tipo de justicia, que es por la fe en Jesucristo. Pero los que buscan establecer su propia justicia, no se someten a la justicia de Dios, la cual es por medio de Jesús. Y la frase: “no se sometieron” nos indica que tenemos que pasar por un proceso de humillación. Primero tenemos que renunciar a nuestra propia justicia, reconociendo que con nuestros propios esfuerzos no se logra lo que Dios requiere y luego aceptar la misericordia y justicia que Dios nos ofrece por la fe en la muerte redentora de Jesucristo Esto es lo que Pablo nos escribe de la justicia que nos da la fe en Cristo en 2 Corintios 5:21:

21 Al que no conoció pecado [es Jesús], lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él

Hubo un intercambio en la cruz, Jesús fue hecho pecado sin pecar. Él se convirtió en la gran ofrenda por el pecado que fue prometida en Isaías 53:10, su alma fue el sacrificio de pecado. Él se hizo pecado para que nosotros obtuviésemos la otra parte del intercambio, para que pudiésemos ser la justicia de Dios en El.

Que ridículo es aferrarnos a nuestra propia justicia, cuando podemos tener por fe la justicia de Dios en Cristo. Entonces este nombre de pacto: Dios, El Señor nuestra Justicia, nos señala a Jesús y a la cruz así como todos los nombres de pacto del Antiguo Testamento. Allí fue donde se llevó a cabo el intercambio, allí fue donde se hizo posible que Él fuese nuestra justicia. Después de que Él haya hecho expiación por los pecados de aquellos que fracasaron en observar la ley, se hizo accesible a nosotros como nuestra justicia, una persona que es nuestra justicia: El Señor es nuestra justicia.

La restauración del favor de Dios para Israel está también representada por la restauración de una relación de matrimonio. Es como si Israel por medio del pacto hecho en el monte Sinaí se hubiese casado con el Señor. Luego la infidelidad e idolatría de Israel quebraron esa relación de matrimonio; pero la restauración está representada en términos de una relación matrimonial restaurada. Esto lo encontramos en muchos de los profetas, voy a leer solo algunos de los pasajes y luego resaltaré una hermosa verdad como resultado. Dios le dice a Israel en Oseas 2:19 y 20:

19 Te desposaré conmigo para siempre; Sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, En misericordia y en compasión; 20 Te desposaré conmigo en fidelidad, Y tú conocerás al Señor.

La palabra desposar indica la restauración de la relación matrimonial entre Dios y su pueblo. Leamos ahora ese hermoso pasaje en Isaías 61:10

En gran manera me gozaré en el Señor, Mi alma se regocijará en mi Dios. Porque Él me ha vestido de ropas de salvación, Me ha envuelto en manto de justicia Note este manto de justicia que nos cubre completamente, Como el novio se engalana con una corona, Como la novia se adorna con sus joyas.

Y luego hay una promesa a la tierra y a Israel como pueblo, en Isaías 62:4 y 5:

Nunca más se dirá de ti: «Abandonada Ni de tu tierra se dirá jamás: «Desolada»; Sino que se te llamará: «Mi deleite está en ella», Y a tu tierra: «Prometida». Porque en ti se deleita el Señor, Y tu tierra tendrá esposo. 5 Porque como el joven se desposa con una virgen, Se desposarán contigo tus hijos; Y como se regocija el esposo por la esposa, Tu Dios se regocijará por ti.

La restauración de la justicia trae la restauración a esa relación matrimonial, El Señor podrá desposarse una vez más con su pueblo; porque sus pecados fueron limpiados y cubiertos con el manto de su justicia.

El profeta Jeremías resalta eso también de una forma muy hermosa, en Jeremías 23:6, leemos el pasaje que dice: Y este es Su nombre por el cual será llamado: “El Señor, justicia nuestra”. Ahora verán lo que llamo la otra cara de la moneda, leeré el pasaje correspondiente a Jeremías 33:15 y 16:

15 En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar de David un Renuevo justo [señalé que renuevo justo se refiere siempre al Mesías], y Él hará juicio y justicia en la tierra.

Señalé que la Rama justa siempre es el Mesías.

16 En aquellos días Judá estará a salvo y Jerusalén morará segura, y este es el nombre con el cual será llamada: el Señor es nuestra justicia”.

¿No es ese un cuadro hermoso, puede ver usted el significado de esto?, primero ése será el nombre por el cual será llamado: El Señor nuestra justicia. Él es nuestra justicia, estamos vestidos de su justicia, estamos identificados con El, El mismo se convierte en nuestra justicia. No dependemos más de nosotros mismos, ya no dependemos más de nuestros propios esfuerzos o luchas, ya no estamos limitados por nuestras fallas, o pecados, debemos entrar a una nueva relación con Dios; una relación de persona a persona en la cual el Señor es nuestra justicia y estamos tan identificados con él, que así como la novia adopta el nombre del novio, también nosotros tomamos el nombre del Señor nuestra justicia.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, mañana estaré hablando sobre el séptimo nombre del pacto de Dios: El que está ahí o el que está siempre presente.

Como
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