Dios, El que sana

Derek Prince
*Last Updated: marzo de 2026
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Transcript
Me alegro de estar con ustedes otra vez en la conclusión de otra semana. Hoy continuaré con el tema: Dios Revelado en sus Nombres; es decir, lo que podemos conocer de Dios a través de los varios nombres encontrados en la Escritura.
En mis dos charlas anteriores hablé de dos importantes nombres para Dios en hebreo. Expliqué que el nombre que se traduce como Jehová, Yawe, o simplemente Señor, en mayúscula, tiene dos aspectos esenciales.
Los dos aspectos principales son: 1ro. Que es un nombre personal, es Dios la persona relacionándose con el hombre, de persona a persona. 2do. Su derivación del verbo “ser”, indica la naturaleza eterna e inmutable del que lleva ese nombre. Recuerde que primero es personal y segundo que es eterno es inmutable, por esas razones el nombre Jehová o Yawee se relaciona particularmente con los pactos de Dios con el hombre. Porque el pacto proviene de una relación de persona a persona, también es inmutable y permanente. Estos factores en los pactos corresponden a los dos aspectos principales del nombre “Jehová” Dios. Saca a la luz la característica de Jehová como un Dios que guarda su pacto.
Jehová está relacionado a los siete nombres en particular o siete títulos específicos que representan los siete aspectos de la fidelidad del pacto que tiene Dios en su trato con el hombre. En el orden que aparece en la Biblia, estos siete nombres revelan a Jehová en los siguientes aspectos: 1ro. El que provee, 2do. El que sana, 3ro. Nuestro estandarte, 4to. Él es nuestra Paz, 5to. Él es nuestro Pastor, 6to. Él es nuestra Justicia y 7mo. El que está ahí o El que está siempre presente.
En mi charla de ayer hablé del primero de esos nombres: El que Provee. Dije que el primer compromiso de Dios con su pueblo es el de proveer. Hoy le hablaré del segundo nombre del pacto: El que Sana. Ese nombre aparece por primera vez en Éxodo 15, versículos del 22 al 26. Aquí se relata la experiencia del pueblo de Israel después de haber cruzado el Mar Rojo en su liberación de Egipto y su viaje a través del desierto, dice así:
22 Moisés hizo partir a Israel del Mar Rojo, y salieron hacia el desierto de Shur. Anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua. 23 Cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas. Por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara. 24 El pueblo murmuró contra Moisés diciendo: «¿Qué beberemos?».25 Entonces Moisés clamó al Señor [Jehová], y el Señor le mostró un árbol. Él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces. Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba. 26 Y Dios les dijo: «Si escuchas atentamente la voz del Señor tu Dios, y haces lo que es recto ante Sus ojos, y escuchas Sus mandamientos, y guardas todos Sus estatutos, no te enviaré ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios. Porque Yo, el Señor, soy tu sanador»
El Señor Jehová o Yawe está directamente relacionado con la palabra que se traduce como “El que sana”. Podemos decir alternativamente: “El Señor quien Sana”.
Ahora quiero resaltar ciertos puntos del pasaje que acabo de leer. Lo primero que siempre me asombra es que en esa crisis, aproximadamente 3 millones de personas murmuraron y solo un hombre, Moisés, oró y obtuvo la solución al problema. Eso enseña que es más sabio orar que murmurar.
Segundo, la iniciativa en esta revelación vino de Dios, hay tanto escepticismo sobre el poder de Dios y su voluntad sanadora. Necesitamos ver esto. Fue Dios quien estableció la situación. Llevó a su pueblo al punto de la desesperación y luego, de acuerdo con Su voluntad y consejo, se rebeló como su sanador. No fue algo que el pueblo hubiera pedido, fue la decisión de Dios, el decidió ser el Sanador de su pueblo.
La palabra hebrea que se usa aquí para sanar se aplica principalmente para la sanidad física, de donde viene la palabra “doctor” en el hebreo moderno. En verdad estaría perfectamente correcto traducir esta palabra como: “Yo soy Jehová, [Yawe], tu doctor”. De esa manera se traduciría en el hebreo moderno.
Necesitamos ver que se requirió un acto de Fe para desatar el poder milagroso de Dios, como sucede generalmente. Dios le mostró a Moisés cierto árbol. Él tuvo que levantar el árbol o el pedazo de madera y tirarlo al agua y ese acto de Fe desencadenó el poder milagroso de Dios en las aguas. Moisés pudo haberse parado a la orilla del agua y creer sin hacer nada; pero el milagro no hubiese sucedido. Esto resalta el principio de que la fe sin obra está muerta. Dios espera siempre cierta acción de parte nuestra para demostrar nuestra Fe.
Luego necesitamos ver que la sanidad se efectuó por medio de un árbol. En hebreo la palabra árbol se usa indistintamente para designar un árbol que está creciendo como para uno que este caído o haya sido cortado. Esa es la palabra que se usa en el Nuevo Testamento para designar la cruz. Nuevamente somos dirigidos a la cruz de Jesús como el lugar donde este pacto de sanidad se logra en su gran cumplimiento. Un árbol fue el instrumento para sanar las aguas amargas.
Otra cosa que siempre me ha impresionado es que nunca sabremos porque las aguas estaban amargas; pero a Moisés se le mostró como endulzarla. A veces gastamos energía en la vida haciendo pregunta que no dan fruto, ¿por qué sucedió esto? o ¿aquello? Pienso que deberíamos dejar de lado esas preguntas y pedir a Dios que nos enseñe lo que debemos hacer y Dios lo hará. Creo que, si llegáramos a saber el porqué de las cosas, pondría una carga demasiado pesada en nuestra mente; pero si queremos saber qué hacer, Dios siempre nos dará una respuesta práctica.
El requerimiento básico para la sanidad esta expresado claramente en este incidente: Si escuchas atentamente la voz del Señor tu Dios, así dice en el hebreo “si escuchando, escucha la voz de Dios”, la palabra “escuchar” se repite dos veces.
Recuerdo cuando estaba enfermo en un hospital necesitando sanidad desesperadamente. Me dediqué a buscar a Dios en las escrituras para que me sanara y ese versículo vino a mi mente. Entonces me pregunté qué significaría “escuchar, escuchando” y Dios me dio esta respuesta: “Te di dos oídos, uno derecho y otro izquierdo, “escuchar”, “escuchando” es cuando escuchas con los dos oídos; pero si me escuchas con uno solo y con el otro a otra persona, vas a tener confusión y no Fe”. Así que dejé de escuchar el susurro siniestro del diablo y comencé a escuchar a Dios con mis dos oídos y con seguridad recibí mi sanidad.
Ayer dijimos que, el compromiso de provisión de Dios se cumplió en Jesús, el cordero de Dios; lo mismo es verdad con el compromiso de Dios para sanar, también logró su último complimiento en Jesús. Dice el nuevo testamento en Mateo 8 versículo 16 y 17
16 Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con Su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos, 17 para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: «Él tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades»
Jesús fue el cumplimiento máximo de ese pacto de sanidad que Dios hizo con su pueblo. En la cruz llevó nuestros pecados, nuestra carga y tomó nuestras enfermedades. El no solo nos proveyó perdón sino también sanidad. Su provisión no fue solo en lo espiritual sino también en lo físico. Ese fue el compromiso de pacto que Dios había hecho con Israel. Esa es la razón por la ningún israelita era rechazado cuando venía a buscar sanidad.
Por ejemplo, eso es lo que dice Mateo 14:35-36:
35 Y cuando los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús, enviaron a decirlo por toda aquella región de alrededor y le trajeron todos los que tenían algún mal. 36 Y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de Su manto; y todos los que lo tocaban quedaban curados.
Solo tenían que tocar y eran sanados.
Sin embargo, su actitud hacia los gentiles, hacia lo que no eran judíos fue diferente. En Mateo 15:22-28 leemos de una mujer cananea, no judía, quien le rogaba que tuviera misericordia de su hija y dice así:
22 Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región, comenzó a gritar: «Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada». 23 Pero Él no le contestó nada. Y acercándose Sus discípulos, le rogaban: «Atiéndela, pues viene gritando tras nosotros». 24 Y Jesús respondió: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel»
En otras palabras, mi obligación de pacto no es con aquellos que no son de la casa de Israel.
25 Pero acercándose ella, se postró ante Él, diciendo: «¡Señor, ayúdame!». 26 Y Él le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos».
A menos que entienda la naturaleza y el compromiso de un pacto, será difícil entender esto. Jesús tenía un pacto con Israel. Él se comprometía a ser su sanador. La sanidad era el pan de los hijos. Esta mujer no estaba en el pacto. No lo podía reclamar, pero ¡ella tenía Fe! La respuesta es una de las más hermosas en la Biblia:
27 Ella respondió: «Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos».
Piensa en el significado de eso, ella dijo “Señor no necesito una rebanada, solo necesito una migaja de pan, todo lo que mi hija necesita es una migaja pequeña”.
28 Entonces Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y su hija quedó sana desde aquel momento.
La fe de esta mujer hizo que Jesús tenga compasión. Pero no había ningún compromiso de pacto. Para terminar, déjeme recordarle que Dios aún sigue siendo el sanador de su pueblo. Malaquías 3:6 dice:
Porque Yo, el Señor, no cambio;
Hebreos 13:8 dice:
8 Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.
Nuestro tiempo de hoy ha terminado, regresaré nuevamente la próxima semana de lunes a viernes, para continuar con este tema: “Dios Revelado en sus Nombres”, aun me falta por cubrir cinco de los nombres del pacto de Dios.
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