El arma del testimonio

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted al llegar al final de otra semana.
En mis charlas previas de esta semana he tratado con tres armas principales de ataque: La oración, la alabanza y la predicación. Hoy voy a hablar de lo que considero es el arma principal de ataque “El testimonio”.
Tenemos que empezar por diferenciar entre el testimonio y la predicación. La predicación es presentar directamente las verdades de la palabra de Dios, pero dar testimonio es hablar de experiencias personales relacionadas con la Palabra de Dios que confirman su veracidad. Por ejemplo, si estamos predicando un mensaje sobre la sanidad, predicamos los principios por los cuales Dios sana. Ofrecemos sus promesas de sanidad. Sin embargo, al testificar de la sanidad hablamos de alguna experiencia que Dios nos sanó. Por lo tanto, la predicación y el testimonio se relacionan con la Palabra de Dios, pero el enfoque es diferente en los dos casos.
El testimonio fue una parte fundamental de la estrategia de Jesús para alcanzar a todo el mundo con el Evangelio. El reveló esta estrategia estando con sus discípulos en el Monte de los Olivos, momentos antes de dejarlos. En Hechos, capítulo 1:8, encontramos las últimas palabras pronunciadas por Jesús mientras estaba en la tierra:
“Pero, cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”
Primero, vemos que, para ser testigos eficaces de Jesús, necesitamos poder sobrenatural. Nuestro testimonio es sobrenatural. Necesita ser reforzado y respaldado por un poder sobrenatural, el poder del Espíritu Santo. Jesús no permitió que sus discípulos salieran a testificar hasta que fueran dotados con ese poder en el día de Pentecostés.
Segundo, Jesús no les dijo: “testificarán” que es lo que muchas personas religiosas dicen hoy día, El dijo “me seréis testigos”. En otras palabras, no se trata de las palabras que decimos, ni de los tratados que repartimos, sino que toda nuestra vida debe ser testigo de Jesús y de la verdad del Evangelio.
Luego, Jesús se imaginaba la propagación del Evangelio como un círculo que siempre está extendiéndose. Él dijo que comiencen donde estaban, en Jerusalén. Vayan a compartir las buenas nuevas con los demás para que crean y sean llenos del Espíritu Santo. Entonces que otros continúen compartiendo con otros y enseñen del Espíritu Santo. Y él dijo que todo empezaría en Jerusalén, que se extendiera a Judea, luego a Samaria y no cesaría hasta lo último de la tierra. Estas fueron las últimas palabras que pronunció Jesús estando en la tierra. Lo que consumía su mente y su corazón fue que el evangelio llegara hasta los confines de la tierra. El nunca estaría satisfecho hasta que esto se logre. Su estrategia básica es que todo el pueblo de Dios sean sus testigos; a fin de testificar a otros y ganarlos para Cristo. Esto es como tirar una piedra en una laguna y luego ver el efecto dominó de las ondas que se están moviendo desde el lugar donde cayó la piedra, extendiéndose más y más en todas las direcciones hasta alcanzar lo último de la tierra.
Al estudiar la historia podemos ver que cuando el pueblo de Dios puso en práctica esta estrategia, todo funcionó. Al cabo de trescientos años había conquistado al Imperio Romano. Creo que esa gran fuerza espiritual que derribó al Imperio Romano idolatra fue el testimonio de miles, y miles de creyentes en Cristo que provenían de diferentes trasfondos, razas, niveles sociales, y diferentes religiosas. Todos ellos dijeron “Jesús cambió mi vida”. El impacto de esto finalmente fue que se derribara ese imperio de Roma implacable, fuerte y cruel. La Biblia indica que esta misma arma terminara derribando el reino de Satanás en los lugares celestiales. Podemos ver lo que sucederá al leer la profecía en Apocalipsis 12, versículos del 7 al 11. Estos versículos describen un gran conflicto entre ángeles y hombres que abarcará tanto el cielo como la tierra al final de los tiempos. Este es el relato de Juan:
“7 Se desató entonces una guerra en el cielo [Yo creo que eso está en el futuro]: Miguel y sus ángeles combatieron al dragón; este y sus ángeles, a su vez, les hicieron frente, 8 pero no pudieron vencer, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. 9 Así fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña al mundo entero. Junto con sus ángeles, fue arrojado a la tierra.”
Luego oí en el cielo un gran clamor:
“Han llegado ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios; ha llegado ya la autoridad de su Cristo. Porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.”
El “acusador de nuestros hermanos” es Satanás. Este pasaje habla de cómo su reino será echado de los lugares celestiales. Luego habla de cómo los creyentes lo vencerán. Note que se trata de un conflicto directo de persona a persona.
“11 Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte.”
El arma principal es el “testimonio”. Fue su testimonio que al final derriba el reino de Satanás o bien porque esto es una visión que aún no se ha cumplido que al final derribará todo el reino de Satanás. Me parece que su testimonio se concentra en dos cosas: La palabra de Dios y la sangre del Cordero. Su testimonio liberó el poder que está en la palabra y en la sangre, creo que podemos aplicar esto de una manera simple y práctica a nosotros mismos. Podemos ponerlo así: Vencemos a Satanás cuando testificamos personalmente lo que la palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hace para nosotros. Esto es lo que podemos aplicar a nuestra vida de una manera sencilla y practica: Vencemos a Satanás cuando damos testimonio de lo que la Palabra de Dios dice que la sangre de Jesús hace para nosotros. Note lo importante que es testificar de la Palabra y de la sangre.
Hay varias maneras en que podemos hacer esto. Una manera designada es por la Santa Cena del Señor o la Eucaristía. Algunas veces no lo vemos de esta manera pero es un testimonio continuo de nuestra fe en la Palabra y en la sangre. Pablo dijo lo siguiente de la cena del Señor en 1 Corintios 11:26:
“26 Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga.”
Sabemos que la copa representa la sangre del Señor, así que al tomar la sangre del Señor estamos testificando continuamente, proclamando la muerte y resurrección de Jesucristo.
Hay un requisito simple y obvio para poder testificar efectivamente de lo que la Palabra de Dios dice acerca de la sangre de Cristo, tenemos que saber lo que en realidad la Palabra de Dios nos dice acerca de la sangre de Jesús. La biblia nos revela cinco provisiones sumamente importantes que vienen a través de la sangre de Jesús.
Primero; Pablo dice en Efesios 1:7
“En él [Cristo] tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia”
Ese pasaje nos habla de dos cosas que se nos dan por la sangre de Jesús; primero, la redención, somos redimidos; segundo, el perdón, somos perdonados.
Luego en 1 Juan capítulo 1, versículo 7 leemos esto:
“7 Pero, si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.”
Note, la sangre nos limpia continuamente. Por medio de la sangre podemos ser purificados espiritualmente en todo momento.
Luego, Romanos capítulo 5, versículo 9, Pablo dice:
“Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él”
Ese versículo nos dice que somos justificados, lo que significa ser hechos justos. la mejor definición de ser justificado es: “como si nunca hubiera pecado porque”, he sido justo con la justicia que no conoció pecado, la justicia de Cristo, así que a través de la sangre de Jesús hemos sido justificados.
Y por último Hebreos 13:12:
“Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por[g] su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él”
Allí, la Biblia nos dice que podemos ser santificados por medio de la sangre de Cristo santificar significa “ser santos” o “aparatados para Dios”.
Hay cinco grandes provisiones de la sangre de Cristo reveladas en la Palabra de Dios:
Primero, somos redimidos.
Segundo, somos perdonados.
Tercero, somos limpiados.
Cuarto, somos justificados, hechos justos.
Y quinto, somos santificados, hechos santos
Lo que Dios ha provisto solo puede obrar plenamente en nuestras vidas cuando testificamos de ellas personalmente. Debemos ser lo suficientemente valientes para declarar nuestras convicciones. Tenemos que declarar lo siguiente: Por la sangre de Jesús soy redimido de la mano de Satanás, por la sangre de Jesús todos mis pecados me son perdonados. La sangre de Jesús me limpia de todo pecado. Por la sangre de Jesús soy justificado como si nunca hubiera pecado. Por la sangre de Jesús soy santificado, fui hecho santo, apartado para Dios. Ya no estoy más en el territorio de Satanás.
Medite en esas cinco provisiones de la sangre de Cristo; la redención, el perdón, limpieza, la justificación y la santificación. Luego, aprópiese de ella y será una realidad en su vida cuando testifica personalmente. Al testificar personalmente de ellas vencemos a Satanás por la sangre del cordero y la palabra de nuestro testimonio.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré la próxima semana a la misma hora, de lunes a viernes, para compartir con usted otro tema rico y emocionante de la palabra de Dios.
Código: RP-R038-105-SPA