El arma de la oración

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar el tema de “la guerra espiritual”. Esta semana estudiaremos específicamente las armas de ataque, armas que nos permitirán asaltar y destruir las fortalezas de Satanás.
En mi charla introductoria de ayer dije que de alguna manera tendemos a formar una imagen equivocada del propósito de Jesús para la iglesia. La primera vez en el evangelio que Jesús habló de su iglesia, nos dio la promesa que las puertas del infierno o del Hades no prevalecerán contra ella o que no serán tan fuertes para ella. Mencioné que el Hades es la palabra para el reino invisible de Satanás en el mundo espiritual. Algunos se basan tradicionalmente en las palabras de Jesús para crearse una imagen de una iglesia a la defensiva, han interpretado la promesa de Jesús de que Satanás no derribará las puertas hasta que Jesús venga a buscar a su iglesia. Este concepto de una iglesia completamente a la defensiva es totalmente erróneo.
Jesús se imagina a una iglesia a la ofensiva, que ataca las puertas y las fortalezas de Satanás. Él promete que éstas no podrán contra la iglesia, y que Satanás no logrará impedir que la iglesia invada el reino satánico. Jesús nos promete que si lo obedecemos como comandante, podremos avanzar, asaltar las fortificaciones de Satanás, derribar y atravesar sus puertas, liberar a los que tiene cautivos y llevarnos su botín. Ésta es la labor de la iglesia, se trata fundamentalmente de una misión ofensiva y no defensiva. Ese es el propósito de Jesús.
Dios nos ha provisto armas espirituales apropiadas a fin de que podamos asaltar y derribar las fortalezas de Satanás 2 Corintios 10:4 dice lo siguiente:
porque las armas de nuestra contienda no son carnales, No son de la carne, no son físicas, no son materiales, no son bombas, balas, tanques o aviones de combate: …sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas
¿Las fortalezas de quién? Por supuesto que esto se refiere a las fortalezas de Satanás. En otras palabras, Dios nos ha provisto con armas espirituales. En base a mucho estudio y también a las experiencias que he tenido, entiendo que las Escrituras revelan que hay cuatro armas espirituales importantes que sirven para atacar al enemigo. Estas son: La oración La alabanza La predicación Y el testimonio Repetiré esta lista La oración La alabanza La predicación Y el testimonio. Hoy voy a hablar sobre el arma de la oración.
por supuesto que debo calificar a la oración como algo que es mucho más que un arma. Hay varios aspectos de la oración, y uno de ellos es que la oración es un arma de batalla espiritual. A mi juicio, es la más poderosa de todas las armas que Dios nos ha entregado.
En Efesios 6:18, después de mencionar las seis partes de la armadura defensiva, Pablo dice:
Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos
En ese momento, él dejó de hablar de las armas defensivas para hablar de las ofensivas. No es casualidad que esta Escritura esté justamente después de la lista de la armadura defensiva. Aquí Pablo menciona la más grande de todas las armas de ataque: la oración. Piense en la oración como un proyectil balístico intercontinental. ¿Sabe lo que es eso? Es ese tipo de proyectil que se lanza como un cohete desde un continente, y puede ser dirigido electrónicamente por un radar hacia un objetivo en otro continente y destruirlo totalmente.
En la oración no existe ninguna limitación de tiempo ni de distancia. La oración es como aquel proyectil balístico intercontinental. Con ella, podemos atacar las fortalezas de Satanás en cualquier sitio, llegando hasta los lugares celestiales.
En el libro de Hechos encontramos un ejemplo de la oración como arma ofensiva. Al leer Hechos capítulo 12, versículos del 1 al 6; vemos que la iglesia había sufrido persecución bajo el rey Herodes. Él ya había ejecutado a Jacobo, uno de los líderes. Ahora, Pedro había sido arrestado y sentenciado a muerte. La situación era la siguiente:
En ese tiempo el rey Herodes hizo arrestar a algunos de la iglesia con el fin de maltratarlos. 2 A Jacobo, hermano de Juan, lo mandó matar a espada. 3 Al ver que esto agradaba a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Esto sucedió durante la fiesta de los Panes sin levadura. 4 Después de arrestarlo, lo metió en la cárcel y lo puso bajo la vigilancia de cuatro grupos de cuatro soldados cada uno. Tenía la intención de hacerlo comparecer en juicio público después de la Pascua. [No lo hizo durante la Pascua porque se hubiese considerado un sacrilegio a un periodo santo en el calendario judío] 5 Pero, mientras mantenían a Pedro en la cárcel, la iglesia oraba constante y fervientemente a Dios por él. [Observe esa frase “la Iglesia oraba constante”] 6 La misma noche en que Herodes estaba a punto de sacar a Pedro para someterlo a juicio, este dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas. Unos guardias vigilaban la entrada de la cárcel.
Imagínese esta escena en la cárcel de máxima seguridad. Herodes estaba tan decidido de que nadie rescatara a Pedro que mandó a cuatro escuadrones de cuatro soldados cada uno, que lo custodiaban día y noche y cada cuatro horas tenían relevo. Se deduce que uno de los soldados estaba encadenado de las manos o los pies de Pedro, así que estaba bajo absoluta seguridad. En lo natural, cualquier tipo de rescate era totalmente imposible. Sin embargo, la iglesia oraba constante y fervientemente. Debo comentar esto, cuando surge una crisis se ajustan nuestras prioridades. No sé cuan fervientemente había estado orando la iglesia y de pronto Jacobo les fue arrebatado, ahora corrían el peligro de perder también a Pedro, su líder verdadero. Eso fue motivo para orar constantemente. No solo oraban de día sino que en el relato indica que también oraban de noche. Es importante notar que hay momentos en que simplemente orar de día no es suficiente. Jesús dijo en Lucas 18 que Dios hará justicia a sus escogidos que clamaran a él día y noche. A veces se necesita cierta intensidad en la oración cuando queremos que Dios obre.
También quiero recordarle una promesa que Jesús le dio a Pedro. Esta se encuentra en Juan 21:18-19:
18 De veras te aseguro que cuando eras más joven te vestías tú mismo e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras ir. 19 Esto dijo Jesús para dar a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Después de eso añadió: —¡Sígueme!
Me pregunto si en la cárcel Pedro estaba meditando en esa promesa. Jesús dijo: “…pero, cuando seas viejo…”. En ese tiempo Pedro aún no era viejo. Supongo que de alguna manera había razonado que algo sucedería para que se cumpliera lo que Jesús había dicho y así sucedió. Sin embargo, fue necesario que la iglesia orara para hacerla eficaz.
Dios contestó la oración de la iglesia al enviar a un ángel para liberar a Pedro. Hechos, capítulo 12:8 al 11 dice lo siguiente:
8 Le dijo además el ángel: «Vístete y cálzate las sandalias». Así lo hizo, y el ángel añadió: «Échate la capa encima y sígueme». 9 Pedro salió tras él, pero no sabía si realmente estaba sucediendo lo que el ángel hacía. Le parecía que se trataba de una visión. 10 Pasaron por la primera y la segunda guardia, y llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad. El portón se les abrió por sí solo, y salieron. Caminaron unas cuadras, y de repente el ángel lo dejó solo. 11 Entonces Pedro volvió en sí y se dijo: «Ahora estoy completamente seguro de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme del poder de Herodes y de todo lo que el pueblo judío esperaba»
Dios contestó la oración de la iglesia enviando a un ángel para liberar a Pedro de manera sobrenatural. Por lo tanto, la liberación fue solo la primera parte de la respuesta a su oración. Además, tenemos que ver la segunda parte, Dios juzgó al rey Herodes, a través de un ángel, quien había perseguido a la iglesia. Necesitamos ver esto, los versículos finales de Hechos 12 dicen:
19 Herodes hizo averiguaciones, pero, al no encontrarlo, les tomó declaración a los guardias y mandó matarlos. Después viajó de Judea a Cesarea y se quedó allí. 20 Herodes estaba furioso con los de Tiro y de Sidón, pero ellos se pusieron de acuerdo y se presentaron ante él. Habiéndose ganado el favor de Blasto, camarero del rey, pidieron paz, porque su región dependía del país del rey para obtener sus provisiones. 21 El día señalado, Herodes, ataviado con su ropaje real y sentado en su trono, le dirigió un discurso al pueblo. 22 La gente gritaba: «¡Voz de un dios, no de hombre!» [En otras palabras lisonjearon a Herodes llamándolo un dios y note el resultado] 23 Al instante un ángel del Señor lo hirió, porque no le había dado la gloria a Dios; y Herodes murió comido de gusanos. (NVI)
Veamos que en esa situación, la oración opera como un arma de ataque. yo lo expresaría de esta manera: La oración penetró los lugares celestiales e hizo que Dios enviara a los ángeles para intervenir a favor de los suyos. Podemos comparar esto con Daniel, capitulo 10, el tiempo en que él oró y vino un ángel del cielo con la respuesta.
El relato termina con el siguiente en Hechos 12:24:
24 Pero la palabra de Dios seguía extendiéndose y difundiéndose. (NVI)
Este versículo nos muestra el progreso inevitable de la Palabra de Dios. En especial, la promesa que Jesús le dio a Pedro de que moriría cuando ya sea anciano. Sin embargo, se requirió de la oración para que se cumpliera las promesas de la Palabra de Dios. Tenemos que entender esto, las promesas de la Palabra de Dios no son un sustituto a nuestra oración, sino que nos motiva a la oración. Se necesita de nuestra oración para que las promesas de la Palabra de Dios cobren vida en nuestro espíritu. También la oración es indispensable para que los ángeles intervengan a nuestro favor.
Las Escrituras dicen que los ángeles son espíritus ministradores, enviados por Dios para nuestro beneficio, pero por lo general no vienen a menos que hayamos orado fervientemente y esa intervención angelical es la repuesta de Dios. Recuerde que la oración traspasa del reino de Satanás en los lugares celestiales y hace que Dios intervenga sobrenaturalmente a nuestro favor.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para hablar de nuestra segunda gran arma de ataque, el arma de la alabanza.
Código: RP-R038-102-SPA