Me alegro de estar nuevamente con usted al llegar al final de otra semana. Hoy voy a concluir el tema de la semana, la armadura defensiva que Dios nos ha dado para nuestra guerra espiritual contra Satanás y su reino.

En mis charlas previas de esta semana, he hablado de las cinco piezas de las armaduras defensivas que Pablo menciona en Efesios 6:13 al 17, el cinturón de la verdad, la coraza de la justicia, el calzado del apresto del evangelio, el escudo de la fe y el yelmo de la salvación. Hoy voy a hablar de la sexta y última pieza: la espada del Espíritu.

Hay una cosa que distingue a la espada de las otras cinco partes que hemos examinado: la espada es la primera de éstas que no es solamente para defenderse. Sin ella, no tenemosmanera de echar al diablo. Al ponernos todas las demás partes de la armadura, posiblemente logremos impedir que el diablo nos hiera, pero no podremos echarlo de nuestra presencia. La única cosa en la lista de la armadura que puede lograr esto es laespada, cuyo nombre es “la Palabra de Dios”.

La Biblia compara la Palabra de Dios a una espada porque corta y penetra. Hebreos 4:12 dice lo siguiente:

“12 Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.” (NVI)

La Palabra de Dios penetra cada área de la personalidad humana. Penetra hasta los tuétanos, la parte más oculta del cuerpo. También penetra hasta partir el alma y el espíritu, la parte más íntima de la personalidad humana. Es más cortante que toda espada de dos filos.

En Apocalipsis 1:16, donde Juan tuvo una visión de Jesús en Su gloria como el Señor de la Iglesia, una de las cosas que vio fue una espada que salía de la boca de Jesús.

“16 En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.”

Aquella espada aguda de dos filos es la Palabra de Dios que sale de la boca de Jesús. Ya que las Escrituras nos muestran que Jesús mismo usa la espada de la Palabra de Dios, haríamos bien en averiguar exactamente cómo Él la usó durante su vida terrenal. El cuadro más descriptivo de esto se encuentra en Mateo 4:1–11, donde se relata la tentación de Jesús por Satanás en el desierto. Permítame señalar que cada vez que Jesús se enfrentó con Satanás personalmente, la única arma que usó contra él fue la espada del Espíritu, es decir, la Palabra de Dios. Escuche el relato de lo que sucedió,

“1 Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación.2 Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.3 El tentador se le acercó y le propuso:—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.4 Jesús le respondió:—Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.5 Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:6 —Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:»“Ordenará que sus ángeles    te sostengan en sus manos,para que no tropieces con piedra alguna”».7 —También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios”—le contestó Jesús.8 De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.9 —Todo esto te daré si te postras y me adoras.10 —¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”.11 Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.”

Quisiera señalar ciertos puntos de interés en este pasaje. Primeramente, ni Jesús ni Satanás pusieron en duda la autoridad de las Escrituras. Es curioso, ¿no? Es más, cada vez que habló, Jesús citó pasajes tomadas del libro de Deuteronomio, el libroque más ha sido atacado por los teólogos y críticos modernos. Personalmente, creo que Jesús y Satanás eran más sabios que los teólogos modernos. Ambos sabían la autoridad que tenían esas palabras.

En segundo lugar, en cada tentación, la base de Satanás fue tentar a que Jesús a la duda. Cada vez que Satanás usaba la palabra “si”, estaba cuestionando una verdad.

En tercer lugar, como ya he indicado anteriormente, Jesús no varió su manera de tratar con Satanás, sino que en cada oportunidad usó contra él la misma arma: la Palabra de Dios. Dijo vez tras vez: “Está escrito . . .”, “Está escrito . . .”, “Está escrito”.Es importante notar que el diablo sabe citar las Escrituras, pero las interpreta de manera equivocada. Citó el salmo 91, pero Jesús volvió a citar un pasaje de Deuteronomio. El diablo trató de usar las Escrituras en contra del Hijo de Dios. Si lo hizo con Jesús, puede ser que lo haga con nosotros. Para poder salir victorioso de nuestra lucha contra Satanás, tenemos que conocer a fondo las Escrituras y saber cómo interpretarlas.Debemos cuidarnos de personas que interpretan mal las Escrituras y tratan de tentarnos a hacer cosas indebidas.

Jesús no le respondió al diablo con teología ni afiliación religiosa. No le dijo a qué sinagoga asistía ni qué rabino le había enseñado. En cada ocasión, fue directamente a lasEscrituras, diciendo: “Está escrito. . .”. Después de haber sido agredido tres veces con aquella espada aguda de dos filos, Satanás se retrocedió; ya estaba cansado. A nosotros se nos concede el privilegio de usar la misma arma.

Regresemos por un momento a Efesios 6-17, donde Pablo habla de la espada delEspíritu, la cual es la Palabra de Dios, la palabra griega que allí usa para “palabra” es rhema, la cual siempre indica ante todo una palabra hablada. Es importante notar que la espada del Espíritu no es la Biblia que se encuentra en el estante o en la mesita de luz. Ésta no atemoriza a Satanás. Pero cuando usted toma las Escrituras y las cita en voz alta, se convierten en la espada del Espíritu.

Note lo que implica también la frase: “la espada del Espíritu”. Esto indica la cooperación que existe entre el creyente y el Espíritu Santo. Es necesario que tomemos la espada. El Espíritu Santo no lo hará por nosotros. Pero cuando tomamos la espada en fe, entonces el Espíritu Santo nos da el poder y la sabiduría para usarla.

En mi charla de esta semana he hablado de las seis partes de la armadura que nosprotegen. Éstas son: el cinto de la verdad, la coraza de justicia, el apresto del evangelio de la paz, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es La Palabra de Dios. Si nos vestimos de toda esta armadura que Dios nos ha provisto, y la usamos, estaremos protegidos desde los pies hasta la cabeza, con la excepción de un área: la espalda.

El área que queda desprotegida es nuestra espalda. A mi juicio, es una verdad muy importante que tiene dos aplicaciones. En primer lugar, nunca le dé la espalda al diablo, porque si lo hace, le está dando una oportunidad de herirlo en un lugar desprotegido.En otras palabras, nunca se rinda. Nunca dé la vuelta y diga: “Ya basta. No lo puedo soportar. Ya no puedo más”. Decir esto es darle su espalda desprotegida al diablo, y puede tener la certeza de que él se aprovechará de esta oportunidad para herirlo.

En segundo lugar, a veces no podemos proteger nuestra propia espalda. En las legiones de Roma, los soldados se ponían en filas muy estrechas y luchaban de a pie. La palabra griega para esta clase de fila es falange. Los soldados estaban entrenados para luchar de esta manera y nunca romper sus filas. Cada soldado conocía al que tenía a su derecha y a su izquierda, de modo que, si lo atacaban y no podía proteger su propia espalda, habría alguien allí para ayudarlo.

Me parece que esto se aplica a nosotros como creyentes. No podemos luchar contra el reino satánico como individuos aislados. Debemos someternos a la disciplina, encontrar nuestro lugar en el cuerpo de Cristo (el cual es el ejército de Cristo), y saber quién está a nuestra derecha y a nuestra izquierda. Es imprescindible que podamos confiar en los demás soldados. De esta manera, cuando estamos bajo presión, sabremos quiénestá allí para proteger nuestra espalda cuando nosotros no podemos hacerlo por nosotros mismos.

Para terminar diré algo que creo es cierto, llevo muchos años en el ministerio y he visto muchas cosas. La verdadera tragedia de la vida cristiana es que, a veces, la persona que nos protege la espalda es la que nos hiere. Muy a menudo somos heridos en la espalda por otros creyentes. Esto es algo que nunca debería suceder. Decidamosjuntos protegernos la espalda mutuamente y no herirnos.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado regresaré la próxima semana a la misma hora: de lunes a viernes.

Continuaremos la proxima semana con este mismo tema de la guerra espiritual, explicaré como usar las armas de ataque.

Como
Compartir