El arma defensiva: el yelmo de la salvación

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted, para continuar con nuestro tema de esta semana, la armadura defensiva que Dios nos ha dado para usar en nuestra guerra contra Satanás y su reino.
En mis charlas de esta semana he estado tratando sobre cuatro piezas de esta armadura, el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, el calzado del apresto del evangelio y el escudo de la fe. Hoy voy hablar de la quinta pieza de la armadura: el yelmo de la salvación. Estaré compartiendo algunas verdades preciosas que aprendí de algunos de mis propios conflictos.
Al recordar estos conflictos me viene a la mente la palabra de Pablo en Romanos 8-37:
37 Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
¿Qué significa ser más que vencedores? Significa que no solamente ganamos la batalla, sino que al finalizar la batalla, tenemos más de lo que teníamos cuando empezamos. Así me ha pasado muchas veces.
Al hablar de la coraza, vimos que protege el corazón. Ahora veremos que el yelmo protege la cabeza, y que la cabeza representa la mente. En efecto, estamos hablando de un yelmo que protege nuestra mente.
En charlas anteriores vimos que la mente de los seres humanos es el campo de batalla donde se libra toda esta guerra espiritual. En vista de esto, es evidente que tenemos que tomar muchas precauciones a fin de proteger nuestra mente.
Las experiencias que tuve como ayudante médico durante la Segunda Guerra Mundial me ayudaron a entender esto. En lo natural, una persona que recibe una herida en la cabeza ya no puede usar eficazmente el resto de su equipo. Podrá ser un soldado muy valiente, capacitado y disponer de un excelente equipo, pero cuando fue herido en la cabeza, se le dificulta mucho usar su equipo con destreza.
Espiritualmente, esto les pasa a muchos obreros cristianos. En diferentes lugares y momentos de mi vida, he tenido el privilegio de asociarme en el ministerio con muchos magníficos siervos de Dios, tanto hombres como mujeres. En particular, me vienen a la mente los misioneros, quienes generalmente están bajo una presión espiritual muy intensa. Algunos de los misioneros con quienes trabajé eran hombres y mujeres de Diosdedicados y capacitados, con grandes aptitudes y un verdadero llamado. Sin embargo, muchas veces permitieron que Satanás los hiriera en la cabeza. Quiero decir con esto que se dejaron dominar por la depresión o la desconfianza hacia otros colaboradores cristianos. Este problema en su mente no les permitía ser misioneros y siervos de Dios eficientes, como lo hubieran podido ser. Al ser heridos en la cabeza, ya no podían usar el resto de su equipo.
En mi propia vida, tuve una tremenda lucha con la depresión por muchos años. Era como si una nube lúgubre descendiera sobre mí. Este velo sombrío me rodeaba por completo, y me separaba de las demás personas, de modo que se me hacía difícil comunicarme con los demás. Me sentía desesperado, y aunque en muchos aspectos soy un siervo de Dios dotado y competente, me daba la impresión de que nunca iba a poder lograr nada. Sentía que los demás sí podían triunfar, pero que yo no, y que iba a tener que darme por vencido. Luché contra esta depresión por varios años. Hice todo lo que pude. Oré, ayuné, busqué a Dios y leí la Biblia. Entonces, un día, Dios me dio una revelación que resolvió mi problema. Estaba leyendo Isaías 61:3, el cual dice:
a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado, (BLA)
Al leer las palabras “espíritu angustiado”, el corazón me latió más rápido. Dije dentro de mí: “¡Ése es mi problema! ¡Ése es el espíritu del cual necesito ser librado!” Leí otros pasajes bíblicos acerca de la liberación, hice una oración de fe sencilla, y Dios me libró sobrenaturalmente de aquel espíritu de angustia y depresión.
Entonces me di cuenta de que necesitaba algo especial que protegiera mi mente. Conocía la escritura en Efesios 6, y me dije: “Lo que necesito debe ser el yelmo de la salvación”. Luego dije: “¿Eso quiere decir que tengo el yelmo simplemente por ser salvo? ¿Es algo que se recibe automáticamente?”. Me di cuenta de que no podía ser así porque Pablo estaba escribiendo a creyentes cuando dijo: “Vestíos del yelmo de la salvación”. El Señor me llevó a un pasaje paralelo en 1 Tesalonicenses 5:8 que dice:
pero nosotros que somos del día, seamos sobrios habiéndonos vestidos con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. (RV1960)
Al leer la frase: “la esperanza de salvación”, el Espíritu Santo me dio una revelación de inmediato. Entendí que la esperanza es lo que guarda la mente, pero la fe es lo que guarda el corazón. Muchas veces confundimos estas dos cosas. La fe bíblica está en el corazón, como dice la Escritura: “Porque con el corazón se cree para justicia”. La fe bíblica es la coraza que protege el corazón, pero lo que protege la mente es la esperanza. la esperanza es la protección de la mente. Lo podemos ver muy claramente en Hebreos 11-1:
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera. . . .
La fe es la verdad fundamental sobre la cual se edifica la esperanza. Al tener fe legítima, tenemos esperanza legítima. Si no tenemos fe legítima, tampoco podemos tener esperanza legítima. Posiblemente nuestra esperanza no sea sino solamente ilusiones, pero al tener un verdadero fundamento de fe, podemos edificar una esperanza válida, la cual guardará nuestra mente.
Quisiera darle una definición sencilla de lo que es la esperanza de acuerdo con las Escrituras. La esperanza es una expectativa serena y constante de lo bueno, basada en laspromesas de la Palabra de Dios. En un sentido, es optimismo permanente. Esto es lo que protege la mente. La esperanza es una actitud optimista que siempre opta por ver lo mejor, y nunca cede ante la depresión, la duda y la lástima de sí mismo
Romanos 8:28 nos da suficientes motivos para tener esperanza. Dice lo siguiente:
28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito.
Si sabemos que Dios hace que todas las circunstancias de nuestra vida nos ayuden a bien, nunca hay motivo para ser pesimista. Cada situación constituye una razón para ser optimista. El optimismo es el yelmo. Mientras mantengamos puesto este yelmo, nuestra mente estará protegida de todos los ataques sutiles de Satanás, ataques de duda, desánimo, lástima de sí mismo y desconfianza, entre otros.
Cuando el Espíritu Santo me mostró que el yelmo que protege nuestra mente es la esperanza, me habló por medio de muchas Escrituras. Recopilé rápidamente varios pasajes del Nuevo Testamento que tienen que ver con la esperanza. compartiré algunos de ellos. Permítame compartir con usted algunos. Romanos 8:24 dice así:
porque en esperanza, fuimos salvos,
¿Qué significa esto? Significa que sin esperanza, no hay salvación. La esperanza es una parte indispensable de nuestra salvación. Comparemos esto con la condición de los no salvos, según Efesios 2:12: Pablo dice,
12 recuerden que en ese tiempo [antes de conocer a Cristo] ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo. (NBLA)
Las personas que no son salvas están sin Cristo, sin esperanza y sin Dios. El creyente nunca debería estar así. Al tener a Cristo, tenemos esperanza y tenemos a Dios. Pablo dice nuevamente en Colosenses 1:27:
7 A estos Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en ustedes, la esperanza de la gloria.
¿Cuál es el verdadero misterio? El verdadero misterio, el secreto del evangelio es: “Cristo en ustedes”. Si Cristo está en usted, tiene esperanza. Si no tiene esperanza, es como si Cristo no estuviera en usted. No es un alma perdida, pero lo que quiero señalar es que no está caminando en la plenitud de lo que es suyo como creyente. Tener esperanza es una parte indispensable de la vida cristiana. En Hebreos 6:17–20, hay dos cuadros muy importantes de lo que es la esperanza:
17 Por eso Dios, queriendo demostrar claramente a los herederos de la promesa que su propósito es inmutable, la confirmó con un juramento.18 Lo hizo así para que, mediante la promesa y el juramento, que son dos realidades inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un estímulo poderoso los que, buscando refugio, nos aferramos a la esperanza que está delante de nosotros.19 Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario,20 hasta donde Jesús, el precursor, entró por nosotros…
El primer cuadro es el de un altar. Bajo el Antiguo Pacto, el altar era un lugar donde una persona podía refugiarse del que buscaba vengarse de él. Al huir al altar, la persona estaba a salvo. El escritor de Hebreos dice que cuando nos sentimos presionados y oprimidos, debemos huir al altar, asirnos de los cuernos del altar y no dejar que nada nos aparte de allí. El altar representa la esperanza.
En segundo lugar, la esperanza es como un ancla que trasciende lo temporal y llega a lo eterno, a la presencia misma de Dios. En este mundo, somos como pequeños buques en el mar; todo lo que nos rodea es temporal, incierto e inestable No hay nada que nos brinde seguridad y estabilidad. Para tener esa seguridad y estabilidad, necesitamos un ancla que trascienda lo temporal, que penetre la eternidad y se sujete a la roca de los siglos. Al tener esperanza, estamos anclados. Finalmente, escuche lo que nos dice Hebreos 10-23
23 Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa. (NVI)
No pierda la esperanza; sea optimista. Solamente de esa manera podrá proteger su mente.
Nuestro tiempo por hoy a terminado. Regresaré mañana a la misma hora para tratar con la sexta pieza de nuestra armadura: la espada del Espíritu.
Código: RP-R037-104-SPA