Me alegro de estar con usted nuevamente para seguir compartiendo sobre un tema muy importante para todos nosotros. El arma defensiva dada por Dios en nuestra guerra espiritual contra Satanás y su reino.

Ayer leímos la lista que Pablo nos da en Efesios 6, versículos del 13 al 17 sobre el arma defensiva: A continuación, enumeramos las seis piezas que Pablo menciona:

Primero, el cinturón de la verdad.

Segundo, la coraza de justicia.

Tercero, el calzado del apresto del Evangelio.

Cuarto, el escudo de la fe.

Quinto, el yelmo de la salvación.

Sexto, la espada del espíritu.

Hablé de la primera pieza, el cinturón de la verdad. Expliqué como los legionarios romanos usaban sus cinturones para ajustarse bien sus túnicas, para que sus pliegues no estorbaran el uso eficaz y ágil de sus brazos y piernas y como su vida dependía de este. De la misma manera, debemos ajustar bien todo lenguaje relajado, frases religiosas gastadas para ser absolutamente honestos en todo lo que decimos y hacemos. De otra manera no estaremos en posición para hacer buen uso del resto de nuestra armadura, por esa razón Pablo enumera antes que nada el cinturón de la verdad.

Hoy voy a hablar de la segunda pieza de nuestra armadura, la coraza de justicia. La coraza protege principalmente un órgano absolutamente vital del cuerpo humano que es el corazón. La Biblia dice que el corazón es muy importante en nuestras vidas. Siempre fui bendecido con la declaración de Salomón en Proverbios 4-23:

“Con toda diligencia guarda tu corazón, Porque de él brotan los manantiales de la vida.” (NBLA)

Fui maestro por cinco años en Kenia, África del Sur y me familiaricé con algunas de las tribus allí, y aprendí un poco de sus dialectos. Una tribu se llama “Maragoli”. Un día en la pared del dormitorio de un estudiante vi Proverbios 4:23 escrito en el idioma Maragoli. Lo traduje literalmente y siempre he recordado la traducción, decía así:

“Guarda tu corazón con todas tus fuerzas, porque de allí provienen todas las cosas en la vida.”

Siempre recuerdo eso, “Guarda tu corazón con todas tus fuerzas, porque de allí provienen todas las cosas en la vida”. Lo que guarda en su corazón determinarán el curso de su vida, para bien o para mal. Es imprescindible que protejamos nuestro corazón de todo tipo de maldad. Pablo habla de la coraza de justicia como algo que protege nuestro corazón.

Debemos preguntarnos, ¿cuál es el significado de “justicia “en este contexto? Afortunadamente Pablo regresa a este tema de la armadura, en otra epístola. Primera de Tesalonicenses 5:8 dice lo siguiente:

“Pero puesto que nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor”

Aquí Pablo describe la coraza desde otro punto de vista. Se refiere a ella como la coraza de fe y del amor. Al juntar estos dos pasajes, vemos que la coraza de justicia (Efesios 6:14), es una coraza de fe y de amor. Esto nos indica el tipo de justicia al que se refería Pablo. No se trata de la justicia que viene por obras, o por la ley religiosa, sino la que viene solo por fe.

Pablo habla de este tipo de justicia nuevamente en Filipenses 3-9.

“y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe,”

Aquí Pablo compara los dos tipos de justicia. Primero habla de una justicia propia que es por la ley. Él dice que esto no es suficiente. Como una alternativa, señala la justicia que viene de Dios por la fe. Este es el tipo de justicia que tiene en mente cuando habla de la coraza de justicia que protege nuestro corazón. Mientas la coraza que tengamos puesta sea simplemente nuestra propia justicia, Satanás podrá encontrar muchos puntos débiles y penetrará muchas veces con sus ataques y así herir nuestro corazón. Debemos vestirnos de una coraza que no sea nuestra propia justicia, sino la justicia de Cristo.

En este contexto nos ayudaría leer Segunda Corintios 5:21. Pablo dice,

“al que no conoció pecado, [Jesús], lo hizo pecado por nosotros para que fuéramos hecho justicia de Dios en El, [en Cristo].” (NBLA)

Debemos dejarnos convencer por las Escrituras y aceptar por fe que hemos sido hechos, justicia de Dios. Esta es la única coraza que podrá proteger debidamente nuestro corazón y nuestra vida. Pablo enfatiza en el hecho de que este tipo de justicia viene solo por fe. Por lo tanto es una coraza de fe y de amor. No hay ninguna otra manera de obtener este tipo de justicia.

Siempre me conmueve la oración que hizo Jesús por Pedro, la noche antes de su pasión, cuando le advirtió a Pedro que él lo traicionaría esa misma noche. En el contexto de esa advertencia Jesús le dijo, “Pedro yo he rogado por ti”. Quiero que vea la oración que Jesús hizo. Jesús no oró que Pedro no lo traicionara. En aquellas circunstancias, dadas las presiones que sugerían y las manifiestas debilidades del carácter de Pedro era inevitable que él negara a Jesús. Pero Jesús hizo otro tipo de oración, la única oración que podría realmente ayudar a Pedro. Jesús dijo en Lucas 22:31 y 32.

“31 Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. 32 Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos.” (NVI)

Note eso, “para que no falle tu fe”. Aunque Pedro iba a negar al Señor, y mostrarse muy débil y cobarde, la situación todavía tenía arreglo con tal de que su fe no faltara. Aquí vemos la coraza de fe y amor. La fe es el elemento esencial de esta coraza.

El tipo de fe que estamos analizando obra solo por el amor. Pablo dice en Gálata 5:6.

“6 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor.”

Piense en esto. La fe que obra por el amor. La coraza de fe y de amor. Pablo está diciendo, ningún tipo de ceremonia o ritual externo es suficiente. El ingrediente esencial, sin el cual no podemos triunfar en la vida cristiana, es la fe y el tipo de fe que obra por el amor. No es una fe pasiva, ni teórica, es una fe activa que obra solamente por el amor.

Me impresiona el poder irresistible del amor. Cuanto más medito en esto, tanto más me gusta el pasaje de Cantar de los cantares donde Salomón habla del amor. Leemos lo siguiente en Cantares 8, versículos 6 y 7 (NVI).

“Grábame como un sello sobre tu corazón; llévame como una marca sobre tu brazo. Fuerte es el amor, como la muerte... Como llama divina es el fuego ardiente del amor. Ni las muchas aguas pueden apagarlo, ni los ríos pueden extinguirlo.”

Piense en esa declaración que dice, fuerte es el amor como la muerte. La muerte es algo inevitable que todos tendremos que enfrentar. Ninguno de nosotros puede resistirla. Cuando viene es inevitable. No hay manera de escaparse de ella. Las Escrituras dicen, que fuerte es el amor como la muerte.

¿Ha pensado en eso alguna vez? El amor es irresistible. Siempre triunfa. No puede ser vencido de ninguna manera. El amor nos protege de todas las fuerzas negativas, como por ejemplo: del resentimiento, del rencor, de la amargura, del desánimo, de la desesperanza, las cuales pueden corromper nuestro corazón y arruinar nuestra vida. Recuerde del corazón proviene todas las cosas en la vida.

Pablo describe este tipo de amor, en Primera Corintios, capítulo 13, versículos del 4 al 8.

“4 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. 5 No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 6 El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. 7 Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.” (NVI)

Ese es el tipo de coraza que necesitamos tener, una coraza que nunca deja de ser, en la cual no existen puntos débiles por las que Satanás pueda penetrar. Lo que Pablo dice aquí concuerda con la idea de una coraza. El amor todo lo soporta, todo lo cree, todo lo espera. Cuando tenga puesta esa coraza de fe que obra por el amor, siempre estará protegido. Esa coraza guardará su corazón de todo ataque y de todo intento de Satanás para penetrar esa parte vital de su vida.

Nuestro tiempo por hoy a terminado, regresaré mañana a la misma hora, para tratar con los dos pies que siguen de nuestra armadura, el calzado y el escudo.

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