Me alegro de estar con usted en el comienzo de una nueva semana para compartir otras “Llaves para vivir con éxito” que Dios ha puesto en mis manos a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano. Esta semana voy a continuar con el tema que empecé la semana pasada: El tema de la guerra espiritual.

Pero primero, permítanme decir "Gracias" a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la que pueden escribir. Significa mucho para mí escuchar cómo este ministerio de radio mío les ha estado ayudando y bendiciendo. Así que, por favor, tómense el tiempo para escribir, incluso si es solo una breve nota.

Ahora, regresemos a nuestro tema de la “Guerra Espiritual.” La semana pasada expliqué que, como representantes del reino de Dios aquí en la tierra, estamos en una guerra espiritual con un reino opuesto, el reino de Satanás, que está altamente organizado, compuesto por seres espirituales de maldad, personas sin cuerpo, cuyo cuartel general está en las regiones celestiales.

El campo de batalla donde se da esta guerra es en la mente del ser humano, Satanás ha construido fortalezas de prejuicio e incredulidad en las mentes de la raza humana para evitar que reciban la verdad del Evangelio. Nuestra tarea divina es derribar esas fortalezas mentales, liberando así a los hombres y a las mujeres del engaño de Satanás y traerlos bajo la sumisión y obediencia a Cristo.

Nuestra habilidad para cumplir esta tarea divina depende básicamente de dos factores, primero es ver claramente en la Escritura que Jesús derrotó totalmente a Satanás en la cruz por nosotros y que es nuestra responsabilidad demostrar y administrar la victoria que Jesús ya ganó. Segundo, que hagamos uso apropiado de las armas espirituales necesarias que Dios nos ha dado, estas armas espirituales se clasifican en dos categorías, armas de defensa y armas de ataque. Esta semana voy a tratar con la primera categoría, las armas defensivas.

Leamos nuevamente el pasaje de Efesios capítulo 6 que es en realidad la base de esta enseñanza. Voy a leer Efesios 6 del 10 al 17.

10 Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. 11 Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. 12 Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz; 16 en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. 17 Tomad también el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. (NBLA)

En ese pasaje que acabo de leer Pablo dice: “Por tanto, tomad la armadura de Dios”. Eso es lo que estamos tratando ahora: es tomar la armadura de Dios.

Es posible que usted me haya escuchado decir antes, que cuando aparece un “por tanto” en la Biblia tiene que investigar el porqué de esas dos palabras. Esa frase que: “por tanto, tomad la armadura de Dios” aparece allí debido al versículo anterior donde Pablo dice: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales”. Esta allí porque estamos en esta lucha de vida o muerte contra las fuerzas espirituales malignas de Satanás. Y la Palabra de Dios requiere que nos pongamos toda la armadura de Dios. Es notable que en el versículo anterior y el siguiente, Pablo dice, “revestíos con toda la armadura de Dios”. Fuimos claramente advertidos por la Escritura que vamos a necesitar la protección total de la armadura de Dios.

En el segundo pasaje donde Pablo dice eso nos da mayor razón para hacerlo: ”para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes”. Note la frase, en el día malo. Yo no creo que eso se refiera a la gran tribulación o algún desastre profético que sucederá, aunque creo que podría haber tales desastres, pero en este contexto el día malo, se refiere a algo que todos los cristianos vamos a tener que enfrentar. Un tiempo en que tendremos que enfrentar las fuerzas del mal, cuando nuestra fe será desafiada, donde todo tipo de oposición y problema será desatado contra nosotros.

Pablo no cuestiona de que enfrentaremos el día malo, eso no es una opción es una certeza. Siempre pienso en la parábola de Jesús, acerca de dos hombres que construyeron sus casas, el insensato que construyó su casa sobre la arena y el hombre sabio que construyó la suya sobre la roca, la casa del insensato se cayó, pero la del sabio permaneció. La diferencia entre las dos no fue la prueba a que fueron sometidas, cada casa fue sometida a la misma prueba: el viento, la lluvia y el diluvio. La diferencia está sobre que cimientos fueron construidas, nada en la Escritura indica que como cristianos vamos a escapar de estas pruebas. No escaparemos del día malo, debemos estar preparados para resistirlos y es por eso que Pablo dice, “revestíos con toda la armadura de Dios”.

Pablo toma su ilustración de un legionario romano de sus días y menciona seis piezas de equipo que un legionario romano usaba normalmente. A continuación las enumeraré:

Primero, el cinturón de la verdad.

Segundo, la coraza de la justicia.

Tercero, calzados con el apresto del evangelio de la paz.

Cuarto, el escudo de la fe.

Quinto, el yelmo de la salvación.

Sexto, la espada del Espíritu.

Al meditar sobre esto, entenderá que si se pone toda la armadura estará protegido desde su cabeza hasta sus pies excepto: la espalda, que no tenía protección. Hablaré de eso más adelante.

El resto de esta charla me dedicaré a hablar sobre la primera pieza del equipo, el cinturón de la verdad. Primero debemos entender porque un legionario romano necesitaría un cinturón como parte de su armadura. Tenemos que recordar que en aquellos días, la vestimenta de los hombres al igual que las mujeres, era generalmente algún tipo de prenda que llegaba por lo menos a las rodillas, un tipo de túnica en el caso del legionario romano. Cuando un legionario tenía que hacer alguna actividad, pelear o utilizar sus armas, si no se cuidaba esa prenda suelta, o falda estorbarían sus movimientos y evitarían que usara el resto de su equipo eficazmente. Así que, lo primero que tenía que hacer era ajustarse el cinturón fuertemente alrededor de su cintura, de tal manera que su túnica no sea una molestia para moverse. Esto era esencial, era la base, para todo lo demás y por esa razón Pablo menciona de antemano el cinturón de la verdad.

A eso se refiere, cuando la Biblia dice: “ceñidos con el cinturón de la verdad”.

Pablo nos dice que nuestro cinturón es la verdad. Yo no creo que eso significa una verdad teológica abstracta, creo que significa, la verdad en la vida diaria. Creo que significa honestidad, sinceridad y franqueza. Como personas religiosas a menudo nos cargamos de mucha falsedad e hipocresía, hacemos y decimos muchas cosas que no lo sentimos, pero las decimos porque son religiosas y suenan bien, estamos llenos de falsedad y cliché religiosos, cosas que hacemos, no para agradar a Dios porque en realidad queremos hacerlas para complacer a otros. Casi cualquier grupo religioso tiene sus frases gastadas tales como: “Jesús te ayudará hermano”. A veces esas expresiones sirven solo para salir del paso, porque no es Jesús quien tiene que ayudar a su hermano, ¡es usted quien debe ayudar! Palabras religiosas, como esas, son como una prenda suelta que estorba, impide que sea un creyente eficaz, activo, enérgico y nos limita a hacer lo que Dios requiere de nosotros. También, le impide usar el resto de la armadura. Así que, primero tenemos que ponernos el cinturón de la verdad, debemos deshacernos de la falsedad, la hipocresía, frases religiosas gastadas, decir o hacer cosas que no sentimos.

Muchas veces, la verdad duele bastante. Tenemos que empezar a mostrarles a los demás quiénes somos realmente. Quizás usted lleve mucho tiempo disimulando y aparentando ser muy religioso, y ahora ve su necesidad de ser sincero y abierto. Debe ceñirse el cinturón de la verdad y ajustárselo, para que todos aquellos trucos y engaños religiosos ya no lo envuelvan ni le sea obstáculo para hacer aquello que Dios quiere.

Entonces, ese es el primer requisito, el cinturón de la verdad.

Nuestro tiempo por hoy a terminado. Regresaré mañana a la misma hora para continuar, con nuestra armadura defensiva, hablaré de la segunda pieza, la coraza de justicia.

Como
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