La base de nuestra victoria

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted, en la conclusión de otra semana. Toda esta semana he ilustrado para ustedes dos reinos opuestos, el reino de Dios del que somos representantes aquí en la tierra y el reino de Satanás, un reino altamente organizado de seres espirituales de maldad, personas sin cuerpo, cuyo cuartel general está en las regiones celestiales.
Ayer mencioné dos puntos importantes, primero, Dios nos ha dado armas espirituales que son apropiadas para la naturaleza de la guerra que también es espiritual. Segundo, el campo de batalla donde se lleva a cabo la guerra es la mente de la humanidad. Satanás ha establecido fortalezas de prejuicio en las mentes de la humanidad para impedir que reciban la verdad del evangelio. Es nuestra responsabilidad con las armas espirituales que Dios nos ha dado, destruir estas fortalezas mentales y así traer las mentes de los hombres bajo el control de Cristo en lugar de Satanás.
Hoy voy a explicar la verdad más importante que debemos conocer para asegurarnos la victoria en nuestra guerra espiritual. Voy a leer primero en Colosenses, capítulo 2, versículos del 13 al 15. En estos versículos Pablo describe lo que Dios ha hecho por nosotros, los creyentes, con la muerte de Cristo en la cruz.
13 Antes de recibir esa circuncisión, ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados 14 y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. 15 Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.
La gran verdad esencial que debemos acoger es esta, y déjeme advertirle que Satanás está sumamente determinado que no reconozcamos esta verdad. Quiere evitar que la entendamos porque es la clave para su derrota. La verdad es esta, Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal. Lo diré nuevamente, no importa que no recuerde nada mas pero recuerde eso, Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal. Totalmente y para siempre, el hizo eso por medio de su muerte en la cruz, por su sangre derramada y por medio de su resurrección triunfante.
Para entender como fue logrado esto debemos reconocer el arma principal de Satanás contra nosotros que es el arma de la culpa. Leeré un pasaje de Apocalipsis 12-10:
10 Luego oí en el cielo un gran clamor: “Han llegado ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios; ha llegado ya la autoridad de su Cristo. Porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.” (NVI)
¿Quién es el acusador de los hermanos? Sabemos que es Satanás. He señalado en la charla anterior que Satanás tienen acceso a la presencia de Dios y su principal trabajo es acusar a los que creen en Jesús. ¿Por qué nos acusa Satanás? ¿Cuál es su objetivo? Puede decirse con una frase muy simple, para hacernos sentir culpables. Mientras Satanás pueda hacernos sentir culpables, no lo podremos derrotar. La culpa es la clave para nuestra derrota. La justicia es la clave para nuestra victoria. Allí es donde reside el asunto básico y verdadero.
Veamos ahora, como Dios por medio de la cruz ha tratado con este problema de la culpa. Dios ha tratado con el pasado y el futuro. Él ha hecho completa provisión para ambos ¿cómo trató Dios con el pasado? Es muy simple, Colosenses 2:13:
13 … Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados
Dios ahora puede perdonar todos nuestros actos pecaminosos, cada pecado que hemos cometido sin comprometer su justicia, porque su justicia fue satisfecha con la muerte de Jesús. La primero que tenemos que entender es que todos nuestros pecados pasados, no importa cuantos o que tan serios, fueron perdonados cuando ponemos nuestra fe en Jesús.
Dios ha provisto para el futuro, Colosenses 2:14:
y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz.
La deuda pendiente por los requisitos de la ley: se refiere a la ley de Moisés. Jesús en la cruz canceló la ley de Moisés como requisito para obtener justicia de Dios. Mientras eso fuera requisito, cada vez que desobedeciéramos, aun el punto más pequeño de ley de Moisés, éramos culpables delante de Dios. Pero cuando la ley fue quitada como requisito para obtener justicia, entonces se nos dio la oportunidad de vivir sin culpa por nuestra fe, que nos es contada por justicia.
Le mostraré dos pasajes relacionados con esto, Romanos 10:4(NBLA):
4 Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree.
Eso es importante, Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree, al judío o gentil, católico o protestante no hay diferencia. Cristo nos es, el fin de la ley, como parte de la palabra de Dios o como parte de la historia de Israel o en muchos otros aspectos, pero es el fin de la ley como medio para alcanzar la justicia de Dios. No se requiere que nosotros mantengamos la ley para ser justos.
Luego en segunda Corintios 5:21:
21 Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios. (NVI)
Ese es el intercambio divino. Jesús fue hecho pecado, con nuestra maldad, para que fuésemos hechos justos con su justicia. Una vez que aceptemos el hecho de que hemos sido hecho justos con la justicia de Cristo. Entonces el diablo ya no nos podrá hacer sentir culpables. Su arma principal se le fue quitada. Jesús desarmó los principados y potestades con su muerte en la cruz. Él les quitó su arma principal contra nosotros.
Ahora quiero mostrarle el resultado de la victoria de Cristo a través de nosotros. Ya hemos visto el pasaje de la victoria de Jesús en Colosenses 2:15:
15 Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.
Note lo que es un triunfo, un triunfo no es ganar una victoria, es la celebración de una victoria que ya fue ganada. Es la demostración de la victoria ganada. Por lo tanto, Jesús a través de su muerte en la cruz demostró a todo el universo, su victoria sobre todo el reino satánico. Sin embargo, Jesús no ganó esa victoria para si mismo. Él no la necesitaba, El ganó para nosotros. Es el propósito de Dios que esa victoria se cumpla y se demuestre a través de nosotros, esto es lo que Pablo dice en Segunda Corintios 2:14, uno de mis versículos favoritos,
14 Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta la fragancia de Su conocimiento en todo lugar. (NBLA)
No es extraño que Pablo diga, gracias a Dios. Usted no podrá evitar darle gracias a Dios, si en realidad ha entendido el mensaje de ese versículo. Dios siempre nos hace compartir el triunfo de Cristo sobre el reino de Satanás. Allí vemos dos adverbios, siempre y en todo lugar. Eso significa que en todo tiempo o lugar podemos compartir visiblemente el triunfo de Cristo sobre el reino satánico.
Veamos ahora en Mateo 28, versículo del 18 al 20:
18 Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo
Jesús dice que por medio de su muerte en la cruz, el quitó la autoridad de Satanás y la obtuvo para sí y Dios le dio toda autoridad en el cielo y en la tierra. Luego dice, Por tanto, vayan y hagan discípulos, ¿cuál es la implicación de esas 2 palabras: por tanto? Jesús dice, yo tengo la autoridad vayan ustedes a ejercerla, y demuestren mi victoria a todo el mundo, cumpliendo mi mandamiento.
Concluiré haciendo tres declaraciones sobre la victoria de Jesús, primera en la tentación en el desierto Jesús derrotó a Satanás a favor de sí mismo. Se enfrentó a Satanás, resistió su tentación y lo derrotó. Segunda, en la cruz, Jesús derrotó a Satanás por nosotros, no para El sino para nosotros, El, no necesitaba la victoria, Él ya la tenía pero el ganó la victoria, derrotó a nuestro enemigo, lo desarmó, lo despojó, lo exhibió públicamente por nosotros. Tercera es nuestra responsabilidad demostrar y administrar la victoria de Jesús, esa es nuestra responsabilidad.
Terminaré leyendo nuevamente ese hermoso versículo de Segunda Corintios 2:14:
14 Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta la fragancia de Su conocimiento en todo lugar.
Recuerde que siempre y en todo lugar, gracias a Jesús, la victoria fue hecha posible para nosotros.
Nuestro tiempo por hoy a terminado. Regresaré la próxima semana de lunes a viernes, a la misma hora para continuar con este mismo tema de, “la guerra espiritual”. Estaré tratando un aspecto de algo que es de vital importancia personal para cada uno de nosotros, la armadura protectora que Dios nos ha dado y como usarla.
Código: RP-R036-105-SPA