El patrón del tabernáculo

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
9 min read
Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con nuestro tema de esta semana, el tema de la adoración.
En mi charla de ayer, hablé sobre los pasos para adorar. Expliqué de manera sencilla y práctica como podemos entrar en la adoración. Mi charla estuvo basada en el Salmo 95. Destaqué tres fases sucesivas de este Salmo:
- Primero, Acción de gracias y alabanza exuberante.
- Segundo, una lista de razones para alabar y dar gracias.
- Tercero, la adoración expresada en una actitud, postrándose y arrodillándose ante de Dios.
Luego resalté dos resultados básicos de la adoración revelados en este Salmo:
- Primero, escuchar la voz de Dios.
- Segundo, entrar en el reposo de Dios.
Finalmente destaqué los resultados del fracaso de los israelitas al no seguir este camino a la adoración. Hubo cuatro resultados:
- Se endurecieron sus corazones.
- No oyeron la voz de Dios.
- Provocaron a Dios a la ira.
- No entraron en el reposo asignado para ellos.
Yo creo que todas estas cosas son advertencias para nosotros, si no seguimos el camino señalado para la adoración.
En mi charla de hoy ilustraré los pasos para la adoración, usando otro pasaje bíblico diferente tomaré esta ilustración del tabernáculo de Moisés.
El tabernáculo de Moisés es uno de los fenómenos más sorprendentes de la Escritura y uno que siempre me ha impresionado. Está descrito principalmente en el libro de Éxodo, capítulos del 25 al 30, y desde el 35 al 40. Son como 12 capítulos en Éxodo que están dedicados al tabernáculo, lo que con toda seguridad indica que esto tiene mucha importancia.
Solo quisiera decir que de acuerdo con mi propia experiencia, aunque parezca asombroso, cada vez que estudio el tabernáculo, me provoca un deseo más profundo por la santidad y la comunión con Dios. Este es el resultado que en mí tuvo y estoy seguro de que este es uno de los propósitos principales por lo que esto fue registrado en la Escritura.
Por supuesto que en el tiempo breve de mi charla de hoy, no puedo entrar en los muchos detalles. Solo quiero establecer algunos principios muy simples y básicos del tabernáculo.
Tenía tres secciones principales: El Atrio, El Lugar Santo, detrás del primer velo o cortina, y el Lugar Santísimo, detrás del segundo velo o cortina.
Es fácil distinguir estas tres áreas del tabernáculo por la clase de luz que entraba. En El Atrio, la luz era natural, el sol del día, la luna y las estrellas de la noche. En El Lugar Santo, detrás del primer velo, la luz era artificial. Era provista por el candelero de siete brazos. Pero en el Lugar Santísimo, detrás del segundo velo, no había luz natural ni artificial, la única luz era suministrada por la presencia sobrenatural de Dios Todopoderoso, morando en esa pequeña área del lugar. Esa presencia de Dios que da luz es conocida en hebreo como Shekinah, la gloria visible de Dios. Tal vez lo oyó pronunciar como Shekinah, pero como sea, sea la única fuente de luz, en esa tercera área del tabernáculo, El Lugar Santísimo, detrás del segundo velo.
Estas tres secciones del tabernáculo corresponden a muchas cosas en nuestra experiencia; pero quiero relacionarlas con las tres áreas de la personalidad humana: el cuerpo, el alma y el espíritu; de los que hablé anteriormente esta semana. Recuerde que adoramos a Dios, no con el cuerpo ni con el alma, sino con el espíritu, así que el atrio, corresponde al cuerpo; el lugar Santo, corresponde al alma y; el lugar Santísimo, corresponde al Espíritu. Y es solamente a través del Espíritu, que podemos relacionarnos con Dios, en adoración. En otras palabras el área de la adoración es el lugar Santísimo, detrás del segundo velo.
Veamos ahora como una persona podía entrar en la adoración. Tomemos el patrón desde el atrio, hasta el lugar santísimo. Espero que me esté siguiendo.
Empezamos en el atrio. Se comienza en lo físico y natural. El objeto principal del atrio era un altar de bronce en el que mataban a todos los animales del sacrificio para ofrecer a Dios. Este altar simboliza para nosotros la muerte de Cristo, su sacrificio por nosotros. Habla de la sangre, de su sangre derramada para que fuéramos redimidos y reconciliados con Dios. Ese es el comienzo. No podemos pasar por alto la cruz. Tenemos que comenzar con la cruz, y solo cuando recibimos los beneficios del sacrificio de Jesús por nosotros, los beneficios de su sangre, podemos seguir progresando a la adoración.
El primer velo, yo creo, que simboliza la resurrección de Cristo. Cuando pasamos ese velo, entramos en un área que se nos fue abierta para nosotros por la resurrección de Jesús. Simboliza, en cierto sentido, nuestra identificación con Cristo en la resurrección. La Escritura dice que, morimos con él pero hemos sido levantados con Él.
En este primer lugar Santo, había tres objetos principales: la mesa de los panes, el candelero y el altar de oro del incienso. Esos objetos simbolizan a las funciones correspondientes al alma:
- El pan representa la voluntad
- El candelero representa el intelecto
- El altar del incienso representa las emociones
No intentaré dar los motivos para explicar estas caracterizaciones, pero al ver lo que sucede en el área del alma, en el lugar santo, estas tres cosas tienen que estar alineadas con los requisitos de Dios:
Primero, nuestra voluntad debe estar rendida a Dios. La voluntad es como esa mesa del pan de la proposición, puesta en la presencia de Dios cada día. Cada día debe ser fresco. Tenía que ordenarse de una manera específica y diariamente. Cada día nuestra voluntad debe rendirse a Dios. Y le damos el derecho que Él examine nuestra voluntad, ver que todas las áreas de la voluntad están alineadas a sus requisitos.
El candelero, que estaba iluminado con el aceite de oliva, simboliza el intelecto, iluminado por el Espíritu Santo. Luego el altar de oro del incienso que estaba enfrente del segundo velo simboliza las emociones. Algunas personas religiosas temen a las emociones. En realidad, eso no es muy lógico, porque las emociones son una parte esencial en el hombre.
Es posible dejar que las emociones estén fuera de control y en desorden; pero este patrón que seguimos nos da una muestra de cómo controlar nuestras emociones. Primero, la voluntad, luego el intelecto, y por último las emociones. Pero sin las emociones no podemos movernos a través del segundo velo, porque era con el incienso de ese altar de oro, que el sumo sacerdote tenía que pasar por el segundo velo.
Vemos aquí una clase de desarrollo en el alma. La voluntad debe rendirse a Dios; el intelecto debe ser iluminado y las emociones son encendidas con el fuego, con el amor ardiente y en adoración para pasar a ese segundo velo. El segundo velo, simboliza la ascensión de Cristo. Al pasar el segundo velo nos identificamos con Cristo en su ascensión, no solo resucitamos con Él, la Escritura dice, que hemos sido levantados para morar con Él en los lugares celestiales.
El primer velo simboliza la resurrección de los muertos;
el segundo velo simboliza la ascensión que nos lleva a los lugares celestiales, y nos sienta en el trono con Dios.
Dije antes que, en el lugar santísimo, no había luz, excepto la presencia visible y manifiesta de Dios. Es allí donde se lleva a cabo la adoración. No necesitamos ninguna otra fuente que ilumine cuando estamos en la presencia de Dios. Es una relación directa con Dios de persona a persona, de espíritu a Espíritu.
El Arca allí representa, como en toda la Escritura, la presencia de Dios. En el Arca había dos querubines, dos criaturas celestiales de oro arrodilladas a cada extremo del Arca con sus rostros mirándose uno al otro, y con sus alas extendidas que se tocaban las puntas en el centro del arca, sobre el propiciatorio. Siempre dije que, los querubines representan dos cosas que van juntas: la comunión cara a cara, mirándose directamente el uno al otro. Y la adoración, estaban de rodilla con sus alas extendidas sobre ellos, cubriéndose de la presencia de Dios; pero en una actitud de adoración.
Entonces, aquí tenemos la presencia sobrenatural y radiante de Dios, el Arca que es símbolo de Su presencia, y los querubines, que simbolizan la adoración y la comunión.
¿Qué había dentro del Arca? Allí había tres cosas:
- Primero el plato del maná.
- Segundo, la vara de Aarón.
- Y Tercero, las dos tablas de piedra.
Le diré brevemente, lo que creo que estas cosas simbolizan.
El plato del Maná representa la comunión, alimentándose de Dios.
La vara de Aarón que brotó representa el testimonio y la revelación sobrenatural y además la autoridad. La vara siempre es un emblema de autoridad.
Las dos tablas de piedra simbolizan, la ley eterna de la justicia de Dios, grabada en nuestra conciencia.
Allí tenemos lo que yo llamaría el producto final por entrar en el Lugar Santísimo. El producto final de la adoración, la comunión, alimentarse en Dios. Testimonios y revelación que imparten autoridad. Y la ley eterna de la justicia de Dios grabada en nuestra conciencia. Ese es el final del progreso a la adoración. Comenzamos en el atrio exterior con el altar de bronce que tipifica la muerte de Cristo. Pasamos a través del primer velo hacia el área de la resurrección. Tenemos la voluntad, el intelecto y las emociones. Y luego, cuando estos se alinean con los requerimientos de Dios, pasamos a través del segundo velo que tipifica la ascensión, hacia la presencia inmediata de Dios. Y, entramos en adoración.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora.
Continuaremos mañana este tema de la adoración. Hablaré sobre la inevitabilidad de la adoración.
Código: RP-R034-104-SPA