Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con nuestro tema de esta semana, el tema de la adoración.

En mis dos charlas previas a esta semana he descrito la naturaleza esencial y las condiciones para adorar.

Entendemos que por definición la adoración, es una actitud en la presencia de Dios. Las varias palabras que la Escritura usa para la adoración indican actitudes diferentes pero relacionadas.

  • Primero, inclinar la cabeza o la parte superior del cuerpo; a menudo está acompañado con levantar las manos hacia arriba.
  • Segundo, arrodillarse, doblar la rodilla.
  • Tercero, postrarse.

Sin embargo, la verdadera adoración, va más allá de lo externo y requiere una actitud interna del corazón. Jesús describió esta actitud interna con las siguientes palabras: “En espíritu y en verdad”. Estas palabras indican dos cosas:

  • Primero, solamente el espíritu regenerado del hombre puede relacionase directamente con Dios en la adoración, quien es Espíritu.
  • Segundo, el hombre debe acercarse a Dios en total franqueza y con sinceridad, eso es lo que significa “en verdad”.

Hoy hablaré sobre los pasos para adorar. Explicaré de una manera simple y práctica sobre cómo podemos entrar en la adoración. Esto destacará una conexión directa y práctica entre la adoración y los temas que estudiamos durante las dos semanas anteriores: la acción de gracias y la alabanza. Veremos que la acción de gracias y la alabanza son el preludio a la adoración.

Hay una ilustración muy clara y hermosa de esto en el Salmo 95, un cuadro de los pasos para entrar en la adoración, y de los resultados que surgen de ella. Empezaré leyendo los primeros siete versículos del Salmo 95:

1 Venid, cantemos con gozo al Señor,aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.2 Vengamos ante su presencia con acción de gracias;aclamémosle con salmos.3 Porque Dios grande es el Señor,y Rey grande sobre todos los dioses,4 en cuya mano están las profundidades de la tierra;suyas son también las cumbres de los montes.5 Suyo es el mar, pues Él lo hizo,y sus manos formaron la tierra firme.6 Venid, adoremos y postrémonos;doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor.7 Porque Él es nuestro Dios,y nosotros el pueblo de su prado y las ovejas de su mano.Si oís hoy su voz.

Allí hay tres fases sucesivas que quiero hacerle notar. Primero, en los versículos 1 y 2, hay alabanza, acción de gracias exuberante y en voz alta. “Venid, cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Vengamos ante su presencia con acción de gracias; aclamémosle con salmos”. Eso es alabanza, acción de gracias exuberante y en voz alta, ese es el preludio.

Luego en los versículos del 3 al 5; el salmista nos da razones para agradecer y alabar a Dios. Recuerde lo que dije anteriormente; esencialmente agradecemos a Dios por lo que Él hace. Le alabamos por quien es Él. En estos versículos se nos da razones de estos dos tipos; en el versículo 3 dice: Porque Dios grande es el Señor. En otro Salmo dice: Grande es el Señor, y digno de ser alabado en gran manera. La alabanza está relacionada con Su grandeza.

Luego dice en el versículo 5: Suyo es el mar, pues Él lo hizo,y sus manos formaron la tierra firme. Esas son cosas que Dios hizo.

Cuando venimos a Dios de esta manera con alabanzas y acción de gracias, nuestra visión se enfoca en Dios y a la misma vez se amplía, esto es algo esencial para la adoración, porque el gran enemigo de la adoración es el egocentrismo. Mientras estemos envueltos en nosotros mismos en nuestros problemas y asuntos que suceden alrededor, no estamos en condición para adorar a Dios.

La tercera fase que se distingue en el Salmo 95 se encuentra en los versículos 6 y 7, donde la adoración se expresa con la actitud, el versículo 6 dice:

Venid, adoremos y postrémonos; doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor.

Quiero señalar dos cosas en ese versículo:Primero; a través de la adoración somos apartados como pueblo de Dios. Porque Él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su prado y las ovejas de su mano.Cuando le adoramos a Dios estamos declarando con esa acción de que, EL es nuestro Dios. Nuestro Dios tiene que ser necesaria e inevitablemente aquel a quien adoramos. Por eso es tan importante que le adoremos solo a Él y no a ningún otro, como señalaré más adelante en esta semana. Por ahora acepte solo este punto, que a través de la adoración somos apartados como pueblo de Dios.

Segundo; la adoración es la respuesta apropiada al amor de Dios y su tierno cuidado; la razón está dada en el versículo 7:

Somos el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.

Entonces cuando le adoramos somos apartados para Dios como su pueblo y es nuestra respuesta apropiada a su amor y a Su cuidado.

Ahora quiero continuar con la segunda parte del Salmo 95, que creo nos describe los resultados cuando adoramos y también cuando no lo hacemos. Leeré los versículos del 7 al 11, y luego les daré mis comentarios:

7 Si ustedes oyen hoy Su voz,8 No endurezcan su corazón como en Meriba,Como en el día de Masah en el desierto,9 Cuando sus padres me tentaron,Me pusieron a prueba, aunque habían visto Mi obra.10 Por cuarenta años me repugnó aquella generación,Y dije: «Es un pueblo que se desvía en su corazónY no conocen Mis caminos.11 Por tanto, juré en Mi ira:Ciertamente no entrarán en Mi reposo».

Primeramente es oír la voz de Dios. Pasamos esa fase de acción de gracias y alabanza exuberante a una fase de descanso interno, de tranquilidad y de quietud, donde todo está en silencio; donde aún estamos en la presencia de Dios. En esa actitud de adoración, podemos oír la voz de Dios de una manera que no podremos hacerlo mientras estemos envueltos en nosotros mismos y en las perplejidades de nuestros problemas. Una de las cosas esenciales de la adoración es enfocarnos en el Señor olvidándonos de nosotros mismos; casi como si fundiéramos nuestra identidad en el Señor.

El segundo resultado que ya mencioné es entrar en el reposo de Dios. La adoración y el escuchar la voz de Dios nos lleva a un reposo que es imposible de ninguna otra manera.

Israel como un pueblo falló al no aceptar el llamado de Dios a la adoración. Y quiero resaltar la consecuencia de su fracaso como se menciona en este Salmo; solo las enumeraré brevemente.

  • Primero, sus corazones se endurecieron y es tremendamente importante entender que si no aprendemos a adorar, nuestros corazones pueden endurecerse.
  • Segundo, no oyeron la voz de Dios.
  • Tercero, tentaron a Dios en su ira.
  • Cuarto, no entraron en su reposo.

Así que vemos lo importante que es seguir estos pasos; la alabanza y la acción de gracias, nos llevan a postrarnos y arrodillarnos, que nos da una actitud de tranquilidad, de quietud reverente ante Dios donde escuchamos su voz y por la cual entramos a nuestro reposo asignado.

Para terminar nuestra charla de hoy, quisiera tomar un ejemplo de Elías. Esto lo encontramos en Primera de Reyes, capítulo 19. Elías estaba huyendo de Jezabel. Se refugió en el desierto y luego viajó al monte de Horeb, donde Dios había hecho su pacto con los hijos de Israel. Dios le habló a Elías cuando estaba en el Monte de Hore, y él pasó por una serie de experiencias dramáticas, y tuvo una revelación fresca de Dios. Leeré Primera de Reyes 19, versículos del 11 al 13: El le dijo a Elías:

11 Entonces el Señor le dijo [a Elias] «Sal y ponte en el monte delante del Señor». En ese momento el Señor pasaba, y un grande y poderoso viento destrozaba los montes y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. 12 Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.

A eso yo le llamo el preludio de la adoración: el viento, el terremoto, el fuego. Es increíble eso, hay mucho tumulto, ruido y alegría pero no es la adoración.

Y después del fuego, el susurro de una brisa apacible.

La Biblia Amplificada dice “un sonido de suave quietud.” Eso es lo que quiero que asocies con la adoración, ese sonido de suave quietud.

13 Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con su manto...

¿Qué es eso? Eso es la adoración, así como los serafines cubrían sus rostros y sus pies con sus alas en la presencia de Dios.Elías se cubrió el rostro,

cubrió su rostro con su manto, y salió y se puso a la entrada de la cueva. Y una voz vino a él, y le preguntó: ¿Qué haces aquí, Elías?

El oyó la voz de Dios, había entrado a ese lugar de quietud y reverencia en la presencia de Dios, donde Él pudo hablarle. Note esos puntos, piense en ellos. El manto sobre el rostro es adoración. En esa actitud Elías oyó el susurro de Dios, que no pudo oír de ninguna otra manera. Al escuchar la voz de Dios, si lee el relato que sigue, el recibió dirección fresca y fortaleza. Él salió renovado y con un propósito nuevo. Había entrado en su descanso a través de la adoración.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora.

Continuaremos con este tema de la adoración. Ilustraré la manera al acercamos a Dios en adoración, tomado de un patrón muy vívido del Antiguo Testamento: el patrón del tabernáculo.ADORACIONEl patrón del tabernáculo

Como
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