Adorar a Dios en Espíritu y en Verdad

Derek Prince
*First Published: 1979
*Last Updated: marzo de 2026
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Me alegro de estar nuevamente con usted al continuar con uno de los temas más ricos y profundos de la Escritura, el tema de la adoración.
En mi enseñanza introductoria de ayer señalé la diferencia entre la acción de gracias y la alabanza por un lado y por el otro lado, la adoración. Expliqué que la acción de gracias y la alabanza, son principalmente proclamaciones de nuestra boca, mientras que la adoración es una actitud de nuestro cuerpo.
Sin embargo esta no es toda la verdad, porque solo tiene que ver con lo externo. Hay condiciones esenciales que debemos cumplir en el interior de nuestro corazón para ser aceptables a Dios, y de acuerdo con su santidad.
En mi charla de hoy hablaré sobre la actitud interna del corazón, que por si sola puede hacer que nuestra adoración sea aceptable a Dios.
Las condiciones del corazón que por sí solas son aceptables a Dios, son mencionadas por Jesús en su conversación con la mujer samaritana que se registra, en Juan, capitulo 4. Jesús se encontró a esta mujer en un pozo y entabló conversación con ella, la mujer empezó a hablar de los reclamos conflictivos de Jerusalén y Samaria como centro de adoración. Los judíos por supuesto, adoraron en Jerusalén y los samaritanos en Samaria. Pero cuando esta mujer empezó a hablar sobre los reclamos de estos dos lugares físicos y geográficos. Jesús cambió la conversación en una dirección diferente e inesperada. Leamos en Juan, capitulo 4, versículos 20 al 24:
20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar.21 Jesús le dijo: Mujer, créeme; la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.23 Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren.24 Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad.
Quiero que prestemos atención a ciertos puntos en esa conversación entre Jesús y la mujer samaritana.
Primero, las palabras de Jesús a esa mujer fueron proféticas. El templo de Jerusalén fue destruido dentro de los 100 años después de esa conversación y fue imposible que el pueblo judío adorara en ese lugar. Sin embargo, antes de que el templo fuese destruido, Dios proveyó una opción para que su pueblo le adorara; trasladó los requisitos de un lugar físico a una condición espiritual; la condición espiritual que Jesús mencionó fue “en Espíritu y en verdad”.
El tercer punto, es que verdaderamente Dios busca esta clase de adoradores. Esto es para mí una de las declaraciones más emocionantes y sorprendentes de la Biblia, que el Dios todopoderoso busca a personas que le adoren. Jesús dijo: ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren, deben adorarle en espíritu y en verdad.
Veamos estas dos condiciones espirituales, las condiciones internas del corazón que Jesús menciona: en Espíritu y en verdad. Quisiera comenzar con el segundo requisito: En verdad.
Según entiendo esto significa sinceridad, absoluta apertura y honestidad ante Dios. Destacaré ahora otro tipo de personas que son excluidos de la presencia de Dios; la lista es dada en Apocalipsis 21, vers.8:
Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
Note la última categoría de la lista, “todos los mentirosos”. Los mentirosos no pueden tener acceso a la presencia del Dios todopoderoso. Por esa razón tenemos que adorarle “en verdad”. Hay un ejemplo muy vívido en esto en la historia de Ananías y Safira, en Hechos, capítulo 5. Recuerde que Ananías y Safira habían vendido un terreno y trajeron una ofrenda de esa venta y la pusieron a los pies de los apóstoles. Por supuesto que su ofrenda era dada al Señor, pero mintieron. Dijeron que habían traído todo el dinero cuando en realidad se habían dejado una parte; esa mentira les costó la vida a ambos; simplemente cayeron muertos uno tras el otro en la presencia de Dios. ¿No es ésa una demostración muy vívida de que las mentiras y la falsedad no tienen acceso a la presencia de Dios?
Vemos lo que el apóstol dice en Primera de Juan 1:5-6:
5 Y este es el mensaje que hemos oído de Él y que os anunciamos: Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna.6 Si decimos que tenemos comunión con Él, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad.
Así que cuando venimos a Dios, estamos en la luz. No hay lugar para la oscuridad, no hay lugar para guardarse nada ni para la falsedad. Todo tiene que estar completamente abierto. Note la frase: Tenemos comunión con él. En mi charla de ayer afirmé que la comunión y la adoración están estrechamente relacionadas. Tanto para la comunión como para la adoración, la condición es invariable, una honestidad absoluta, sinceridad y franqueza. Debemos adorar a Dios en verdad.
Ahora veamos el segundo requisito en nuestra actitud interna del corazón para la adoración “en Espíritu”.
Hemos hablado del término “en verdad”. Tratemos de ver lo que significa: En Espíritu, Para entender esto necesitamos tomar el cuadro que nos da la Biblia de toda la personalidad humana. De acuerdo con la revelación de las escrituras, la personalidad humana consiste en tres elementos relacionados: el Espíritu, el Alma y el Cuerpo.
Esto está en Primera de Tesalonicenses 5:23; en una oración del apóstol Pablo, en la que dice:
Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (NBLA)
Notará que Pablo habla de toda nuestra personalidad y la define como espíritu, alma y cuerpo. No podemos comprender realmente la adoración, si no entendemos primero las funciones y la estrecha conexión de estos tres elementos de la personalidad: espíritu, alma y cuerpo. En realidad no es el alma o el cuerpo lo que tiene que adorar a Dios, sino el espíritu.
Veamos por un momento el relato de la creación del hombre en Génesis capítulo 2, versículo 7:
Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente
Hay dos fuentes distintas de la personalidad humana, una de arriba y otra de abajo. De arriba esta el aliento, el Espíritu de Dios sopló en el hombre. Abajo está su naturaleza física, el cuerpo hecho de barro. La unión entre el espíritu y el barro produce un ser viviente; una personalidad humana que consiste en espíritu, alma y cuerpo. Sin embargo cuando el hombre se reveló contra Dios, su espíritu fue cortado de la comunión con Dios y para Él se convirtió en un ser muerto. Así que, en la terminología bíblica, el hombre estaba muerto en sus delitos y pecados. Cuando el hombre se arrepiente y en fe se vuelve a Dios a través de un nuevo nacimiento su espíritu es renovado y restaurado a la comunión con Dios. Pero tenemos que entender que es el espíritu del hombre, no el alma, ni el cuerpo el que es capaz de tener comunión con Dios; y nuevamente vemos el principio que, la adoración y la comunión están estrechamente ligadas.
Así que a través del espíritu renacido, el hombre puede relacionarse directamente con Dios, de persona a persona; de espíritu a Espíritu.
Recuerde que Jesús dijo: Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad. De la misma manera en que Dios existe, ese mismo soplo de vida que viene de Dios Espíritu está en la personalidad humana, y solo ella puede relacionarse con Dios directamente y adorarle “en espíritu”.
Escuche lo que Pablo dice en Primera de Corintios 6, versículos 16 y 17:
16 ¿O no sabéis que el que se une a una ramera es un cuerpo con ella? Porque Él dice: Los dos vendrán a ser una sola carne.17 Pero el que se une al Señor, es un espíritu con Él.
Entonces, hablamos de dos maneras diferentes en que se unen dos personas: una es física, la unión sexual entre un hombre y una mujer. Pero la otra es de una manera espiritual, la unión espiritual, el espíritu del hombre con el Espíritu de Dios. Es un cuadro sorprendente, pero está muy claro. De la manera como un hombre puede relacionarse con una mujer físicamente, en una unión sexual, así un creyente puede relacionarse con el Señor espiritualmente en la comunión de la adoración; eso es adorar a Dios “en espíritu”. La adoración es la unión con Dios en el Espíritu. Es comunión con él. Es tener comunión y unión directa con Dios.
Sin embargo, el alma del hombre no puede hacer eso. El cuerpo del hombre no es capaz de hacerlo. Solo el espíritu del hombre es capaz de tener esta relación única. Es la actividad suprema que un ser humano pueda ser capaz de lograr: adorar a Dios “en espíritu y en verdad”.
Bueno, nuestro tiempo por hoy ha terminado, pero volveré a estar con ustedes mañana a esta misma hora.
Continuaremos mañana con este tema de la adoración. Hablaré sobre los pasos para adorar, explicaré una manera simple y práctica de cómo entrar en adoración.
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